Comentarios sobre el pensamiento de “Che” Guevara

 

1. INTRODUCCIÓN

 

La lucha armada revolucionaria ha ocupado el centro de la escena política mundial durante casi tres décadas. Desde el estallido de la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días hemos podido observar cómo diversos pueblos han recurrido a la guerra de guerrillas, o a otras formas de lucha armada de tipo popular, para alcanzar la liberación. Los episodios más sobresalientes, en cuanto a los caminos a seguir por las mismas, han sido guiados por los conceptos marxistas. De hecho, durante más de un siglo, el papel de dicha teoría para un cambio revolucionario ha sido arduo tema de discusión. Es obvio que el problema es complejo y, sobre todo, teniendo en cuenta los rasgos particulares de tiempo, lugar y circunstancias que determinan las diferencias, profundas o no, entre uno u otro movimiento armado y que además originan en el contexto situaciones revolucionarias concretas difíciles de afrontar a nivel teórico y metodológico.

 

Ahora bien, situándonos en el período histórico caracterizado por la búsqueda del cambio de una sociedad capitalista hacia una socialista, encontramos, como era de esperar, que las formas de lucha revolucionaria se han gestado gracias a las ideas y métodos de organización procedentes del movimiento comunista. La última proyección de ese marxismo  -última en sentido cronológico y en el de ser la posición extrema de la ideología- es la “Nueva Izquierda”. Entre los ideólogos de esta corriente, expuesta desde la década de los 50, cuatro son los reconocidos generalmente como principales: Jean-Paul Sartre, Frantz Fanon, Herbert Marcuse y Ronald D. Laing. A ellos se añade el Che Guevara, a medias ideólogo y a medias hombre de acción, y que logró atisbar un camino de transición de la teoría a la acción y del “amor a la humanidad” a la violencia implacable, elementos que, unidos, dan como resultado el humanismo revolucionario, y que no es sino el núcleo central del pensamiento del “Che”.

 

Más de uno y más de una se preguntará a qué viene, a estas alturas del momento histórico y político en el mundo, hacer un pequeño trabajo sobre la vida, obra y ejecutoria de Ernesto Guevara de la Serna, más conocido como “Che” Guevara.

 

Si se hacen esta pregunta están, de un sólo golpe, dejando atrás uno de los capítulos personales e ideológicos más importantes de este siglo y tal vez de la Historia; no en balde el pensamiento de Guevara y su teoría del “foquismo”, además de su obra, inspiraron al menos a dos generaciones de jóvenes que pensaban, y algunos pensamos todavía, que es necesario cambiar este mundo en el que simplemente sobrevivimos, siendo ésta última la única posibilidad real que se nos ofrece, la de sobrevivir .

 

Mi idea, al abordar este comentario, no es la de resaltar una figura de moda para el consumo, pretendo, por el contrario, contrarrestar, en la medida de mis cortas posibilidades, la reciente corriente consumista que identifica al “Che” como un producto más, pretendo, desde la modestia de mi desconocimiento, intentar hacer justicia a uno de los personajes que más han influido en el pensamiento inmediatamente anterior a éste tan “moderno” que nos envuelve y lo impregna todo y que no es más que la enésima edición, revisada y pretendidamente vestida de limpio, de algo tan antiguo como la explotación, la injusticia, la desigualdad y el maquillaje de la falta de libertad real, por mucho que pretendan vendérnoslo como algo novedoso.

 

2. BREVE SEMBLANZA BIOGRÁFICA

 

Ernesto Guevara de la Serna nació en Rosario, Argentina, el 14 de junio de 1928, en el seno de una familia de clase media. En 1953 finalizó sus estudios de medicina en la Universidad de Buenos Aires. Durante sus viajes por diversos países latinoamericanos se convenció de que la revolución violenta era el único medio para erradicar la miseria y conseguir la unión política de las naciones hermanas del continente. En 1953 viajó a Guatemala donde Jacobo Arbenz emprendía un amplio programa de reformas sociales, pero el golpe de estado del año siguiente obligó a Guevara a trasladarse a México. Allí conoció a los hermanos Fidel y Raúl Castro, que junto con otros exiliados cubanos estaban preparando un asalto revolucionario contra el gobierno de Fulgencio Batista.

 

En noviembre de 1956, el grupo revolucionario dirigido por Fidel Castro desembarcó en la provincia cubana de Oriente. En el primer encuentro con las tropas de Batista murieron casi todos los insurgentes. Castro, el Che (apodo dado a Guevara por su origen argentino) y los otros supervivientes se refugiaron en la Sierra Maestra, desde donde iniciaron la revolución que culminó en enero de 1959 con la entrada triunfal en La Habana.

 

Guevara ocupó puestos de gran relevancia en el gobierno de Fidel Castro, entre ellos el de director del Departamento de Industrias del Instituto Nacional de Reforma Agraria, Presidente del Banco Nacional y Ministro de Industria. Representó a Cuba en conferencias y foros internacionales y se destacó, además, por sus constantes ataques al imperialismo de los Estados Unidos. Considerado por su obra teórica como un marxista heterodoxo, el Che Guevara encarnó los ideales de la juventud izquierdista de la década de 1960.

 

Entre 1965 y 1966 desapareció de la vida pública y paró algún tiempo en el Congo, donde colaboró en la organización de un grupo revolucionario. En otoño de 1966, el Che comenzó a organizar la guerrilla revolucionaria en la región boliviana de Santa Cruz. El 8 de octubre del año siguiente su grupo fue aniquilado por el ejército boliviano y asesorado por la CIA. Ernesto Guevara fue herido y apresado; siendo ejecutado pocos días después. Así murió el hombre que quiso crear al hombre nuevo con su ejemplo, con su vida, con sus obras; un hombre que defendió sus ideas con las armas y sus teorías con la acción.

 

3. ESENCIA DE LA FILOSOFÍA DEL “CHE”

 

Sería absurdo adentrarnos en las propuestas teóricas expuestas por Ernesto Guevara sin antes pasearnos por los criterios, fundamentalmente marxistas (sin obviar los leninistas), que influyeron radicalmente en la formación de su pensamiento, y que, de hecho, constituyen su punto de partida; de ahí que el Che sea considerado, tanto por sus conocedores como por él mismo, como marxista y sus escritos así lo confirman.      

 

Pero además de esta característica existe un detalle fundamental que es el que le da un matiz particular al pensamiento de Ernesto Guevara: esto es el hecho de que el descubrimiento del marxismo no fue para el Che una simple y llana operación intelectual y bibliográfica, sino también el resultado de una experiencia vivida personalmente, como fue el descubrimiento de la miseria y la opresión a la que se encontraban (y se encuentran) sometidos los pueblos latinoamericanos y con la que entró en contacto en sus viajes por el continente.

 

De aquí se deriva, a su vez, una de las cualidades esenciales de su versión marxista: el carácter antidogmático. Es decir, concebía este aporte teórico como algo que podía y debía desarrollarse en función de la transformación de la realidad per se aclarando que “si nuevos hechos determinan nuevos conceptos, no se quitará nunca su parte de verdad a aquellos otros que hayan pasado.” Guevara se queja en varias ocasiones de la “ortodoxia” que ha frenado el desarrollo de la filosofía marxista; haciendo referencia a las premisas sistemáticamente impuestas por la burocracia staliniana; que se basaban en una formulación y la puesta en práctica de interpretaciones y falsificaciones cada vez más heterodoxas tanto del marxismo original como del marxismo-leninismo; que cuajaron en un sistema de verdades eternas, inamovibles e inmutables de absoluto dogmatismo, ¿acaso hay algo más contrapuesto al marxismo? Una vez expuestas a grosso modo las líneas básicas en las que se inscribe el pensamiento político de Guevara, es preciso ponerlo en relación con aquellos otros elementos teóricos que dan como resultado la propuesta del Che con respecto a su “nuevo hombre”, y que para él era el sentido último de toda acción teórica y práctica del dirigente revolucionario y, por ende, de él mismo; éste es el contexto humanista que podemos hallar en cada una de sus frases. En este sentido podemos observar cómo interpreta de una manera muy peculiar la filosofía marxista; extrayendo de su profundo interior el toque humanista que, según su entender, forma indudablemente parte de la inspiración inicial de dicha teoría, y para cuya defensa se basa en un pasaje de un discurso pronunciado por Fidel Castro en 1961 y en el que decía: “¿Quién ha dicho que el marxismo es la renuncia de los sentimientos humanos?. Si precisamente fue el amor al hombre, a la humanidad, el deseo de combatir la desdicha del proletariado, el deseo de combatir la miseria, la injusticia, el calvario y toda la explotación sufrida por el proletariado, lo que hace que, de la mente de Carlos Marx, surja el marxismo cuando precisamente podía surgir una posibilidad real y más que una posibilidad real, la necesidad histórica de la Revolución social de la cual fue intérprete Carlos Marx. Pero, ¿qué lo hizo ser ese intérprete sino el caudal de sentimientos humanos de hombres como él, como Engels, como Lenin?.”

 

Ese humanismo que observamos a partir del párrafo anterior, que en el marxismo se encuentra de forma tácita, puede rastrearse en la génesis, en el desarrollo y en los objetivos del pensamiento y la acción de Ernesto Guevara, añadiendo un elemento nuevo al carácter puramente económico, pero sin obviarlo, dado que realizó estudios y propuestas en dicho ámbito; no obstante, trasciende al plano social y busca en él; todo esto movido por el hecho de considerar al hombre como eje central y factor esencial de la revolución. Por ello, el humanismo del Che es, ante todo, un humanismo revolucionario, ya que no se conforma con el sólo hecho de interpretar la naturaleza sino que pretende transformarla. 

 

Por supuesto, aunado a este panorama nos encontramos con otro concepto que no puede dejar de ser señalado, como es el materialismo histórico. Con respecto a este tema, la visión de Guevara rompe, si se puede decir así, con la concepción marxista acerca de los factores primordiales que entran en el juego dialéctico; no aceptando en modo alguno la historia como mecánicamente determinada por la acumulación de fuerzas económicas sino más bien; como el proceso en donde las relaciones de producción vienen dadas por el hecho objetivo de que son los hombres los que se mueven en la atmósfera histórica.  Se puede decir entonces, de manera general, que se encuentra en Guevara una conciencia aguda de la necesidad de un desarrollo del marxismo-leninismo, sobre todo en lo que respecta a los nuevos problemas planteados por las sociedades en transición, para los cuales los escritos de los mismos no constituyen más que una introducción, necesaria, pero insuficiente.    

                      

Ahora bien, esas contradicciones internas existentes en una sociedad son las que crean, indudablemente, las condiciones objetivas necesarias para que se geste una situación revolucionaria. Pero Guevara acota que estas características no son las únicas ni suficientes para llevar a la práctica una revolución, se demanda de la acción consciente de la vanguardia (entendida como el grupo guerrillero) y, por consiguiente, de las masas populares. Sin éstas no puede realizarse la revolución. Todo esto se desprende de la célebre frase marxista que dice que “no es la conciencia de los hombres lo que determina su existencia, por el contrario es su existencia social lo que determina su conciencia”, de aquí se infiere que si los hombres han hecho la historia desde siempre, no comenzaron a hacerla conscientemente sino por la revolución socialista, es decir, que al contrario de las grandes transformaciones sociales del pasado como la Revolución Francesa en donde los hombres no eran capaces de dirigir y construir de manera consciente su propia historia, “el comunismo es una meta de la humanidad que se alza conscientemente”.

 

Encontramos a partir de esto que el Che da su propio sentido, y por ende significado al comunismo: “Marx pensaba en la liberación del hombre y veía el comunismo como la solución de las contradicciones que produjeron su enajenación, pero como un acto consciente. El hombre es el actor consciente de la historia. Sin esta conciencia como parte de este proceso; no puede haber comunismo.” Si bien Marx trató de expresar la idea del comunismo incluyendo a la consciencia como elemento dentro de su explicación; no llegó a ser lo suficientemente preciso, por lo que se puede llegar a considerar que Guevara realiza una de las contribuciones más ricas y significativas al desarrollo del humanismo marxista. Es preciso aclarar, por último, que aunque se ha realizado un breve esbozo de los principales aportes de dichas teorías a la metodología del pensamiento de Guevara, no todo se limita a lo anteriormente señalado, por lo cual no debe parecer extraño toparse con citas de Marx o Lenin a lo largo de este trabajo.

 

4. SU CONCEPCIÓN DEL HOMBRE NUEVO

 

La Revolución no es únicamente una transformación de las estructuras sociales, de las instituciones del régimen; es además una profunda y radical transformación de los hombres, de su conciencia, costumbres, valores y hábitos, de sus relaciones sociales.

 

Una Revolución sólo es auténtica cuando es capaz de crear un “Hombre Nuevo” y éste, para Guevara, será el hombre del siglo XXI, un completo revolucionario que debe trabajar todas las horas de su vida; debe sentir la revolución por la cual esas horas de trabajo no serán ningún sacrificio, ya que estará utilizando todo su tiempo en una lucha por el bienestar social; si esta actividad es lo que verdaderamente complace al individuo inmediatamente deja de tener el calificativo de “sacrificio”. Esto debe ser una cualidad fundamental en el revolucionario, sentir la revolución como tal, para trabajar con esmero. Pero no todo es tan simple, como en todo existe también su lado oscuro, la parte más dura de ser un revolucionario es que se deben definir de manera precisa los sentimientos, ya que todo revolucionario debe estar impulsado por grandes cantidades de amor aunado a un gran espíritu apasionado; para así realizar un caudal de acciones y hechos concretos orientados hacia un solo objetivo, lograr mejoras en el ambiente social.

 

Estas dos condiciones o cualidades para ser revolucionario deben estar respaldadas por un factor fundamental que tiene que estar presente en la actitud de dicho individuo, y viene siendo la vigencia de una mente fría y calculadora que ayudará, sin duda alguna, a tomar decisiones dolorosas que no permitan ni siquiera la contracción de un músculo. En cuanto a sus relaciones para con la familia; se hace un poco difícil mantener un entorno familiar real, a menos que estos sientan el mismo amor y la misma pasión por la Revolución para así poder entenderse, de lo contrario sería casi imposible sustentarlo. En otro orden de cosas se habla, por supuesto, de ser marxista; ya que es la esencia del socialismo, aclarando que se debe ser el mejor en todos los aspectos, aunque cabe la posibilidad de que se cometan errores. Asimismo, apunta cómo se deben seguir las líneas marxistas aplicándolas con ciertas variaciones que dependerán del contexto y la situación existente en un determinado momento.

 

Sostiene Guevara que la guerrilla se desarrolla inicialmente en dos planos, en el primero se encuentra a la masa (pueblo) en estado de quietud, es estática (por lo que posteriormente habría que movilizarla) y, en el segundo, se observa a la Guerrilla; fundamentalmente motor impulsor de la movilización y a su vez generador de conciencia revolucionaria y de entusiasmo combativo.

 

Pero en ambos existe una semejanza: el factor clave es el individuo y, gracias a sus actitudes, se crearán las condiciones subjetivas necesarias para la victoria.  Esta es más o menos una radiografía del contexto cubano en el momento de la revolución y en el que, finalmente, Guevara traslada su pensamiento a la realidad. Fue la época heroica en la que todos los integrantes del grupo revolucionario fueron recompensados con la satisfacción personal. 

 

Por otro lado, es importante resaltar unos factores que son de gran relevancia para el Che, y destacar, al mismo tiempo el papel que tienen dentro de la sociedad; estos son la juventud y el partido.  La primera tiene una particular importancia en todo el proceso, por ser una especie de arcilla maleable con la que se puede construir al Hombre Nuevo, sin ninguno de los problemas anteriores, ya que se pueden reparar o eliminar las fallos heredados de generaciones anteriores. También se especifica cómo debe ser un joven comunista, resaltando de forma general que el joven debe sentirse orgulloso de ser comunista, no debe sentirse clandestino, sino antes bien, proclamar su ideología en todo momento. Junto a esto, debe tener una gran sensibilidad ante todos los problemas, las injusticias; tener un espíritu inconforme, plantearse todo lo que no se entienda, debe estar abierto a recibir nuevas experiencias, para conformar la gran experiencia de la humanidad. 

 

El otro factor importante son todos los partidos, las organizaciones de vanguardia, en cuyo seno se integrarán los mejores trabajadores, propuestos por sus compañeros. En este sentido se habla del Hombre Nuevo como hombre político (llamado por Guevara “cuadro”) destinado a cumplir una misión fundamental que, definida por el propio Guevara, se plantea de la siguiente forma: “Es lo que pudiéramos llamar un tornillo dinámico de ese motor; tornillo en cuanto a pieza funcional que asegura su correcto funcionamiento, dinámico en cuanto a que no es un simple transmisor hacia arriba o hacia abajo de lemas o demandas, sino un creador que ayudará al desarrollo de las masas y a la información de los dirigentes”.

 

Por último, se debe tener en cuenta que la transformación radical de la sociedad exige una profunda variación de las estructuras mentales de los individuos, por eso se plantea la educación directa (y critica la autoeducación por considerarla incompleta) que ofrece una explicación verdadera y convincente, debido a que no se vale de estrategias para lograr llegar a la conciencia de los individuos. Esta forma de educación toca realmente a las masas y, de esta manera, se va expandiendo hasta que se convierte en un hábito; así pues, a medida que las masas la van adquiriendo van presionando a aquellos que no han logrado adquirirla, siendo ésta una forma indirecta de educar a la masa.

 

Cuando Ernesto “Che” Guevara comenzó a viajar por América, como estudiante y como médico, fue cuando entró en estrecho contacto con la miseria, con el hombre y con las enfermedades, sintiendo unas ganas inmensas de ayudar a esa gente con su esfuerzo personal.

 

De esa manera empezó a hacer notas para caracterizar al médico revolucionario, siendo éstos los primeros visos de su verdadero plan revolucionario. Tras vivir esa experiencia el Che pensó y reflexionó acerca de la situación, hasta llegar a plantearse una importante pregunta: ¿Cómo hacer un trabajo de bienestar social? ¿Cómo hacer para relacionar el esfuerzo individual con las necesidades sociales? La respuesta a esta pregunta fue: crear un nuevo tipo humano. La creación de este Hombre Nuevo es necesaria para la construcción del comunismo, y con esta creación se evita que la generación que está dislocada por sus conflictos tenga algún tipo de influencia sobre la nueva generación. 

 

La base fundamental del Hombre Nuevo es la educación; ya que es con ella con la que se puede lograr el cambio de conciencia, ideológicamente hablando. De esta manera, va actuando en jóvenes de todas las edades y se irá formando esa nueva generación que se espera ansiosamente y que irá creciendo con ese amor ferviente característico de un buen revolucionario, en otras palabras: no nacerá con el pecado original, así pues se irá encontrando la fórmula para perpetuar en la vida cotidiana esa actitud heroica.

 

La creación del Hombre Nuevo no fue entendida y es un factor importante dentro de los grupos de vanguardia, ya que representa las ideas del siglo XXI, aunque para la época fue una aspiración subjetiva y no sintetizada.

 

Esas ideas que representará el nuevo individuo, van a ir orientadas a la realización de los importantes cambios tan ansiosamente buscados: la transformación de estructuras sociales, de las instituciones políticas y del régimen existente, esto nos explica la importancia del Hombre Nuevo y la necesidad de su existencia, en una sociedad que quiere vivir en una libertad plena, en igualdad para todos, y así poder llegar al socialismo deseado, gracias al Hombre Nuevo.

 

El único modo de obtener como resultado una revolución socialista es, según Guevara, la lucha armada; y la misma debe de estar encabezada por la guerrilla. Retomando las huellas leninistas que hacen hincapié en el papel de la iniciativa histórica de la vanguardia y de las masas populares en el curso de la revolución, y aclarando que el salto de una sociedad a otra no se realiza de manera mecánica, Guevara desarrolla una idea que parte de la premisa de que las condiciones pueden ser aceleradas por ciertos catalizadores. Rompe, por tanto, con todo el expectativismo “neokautskiano” de ciertos partidos de la izquierda tradicional que se negaban a actuar alegando la “inmadurez de las condiciones”, el Che reacciona ante esta incapacidad momentánea formulando un principio que formará parte de esta teoría de la praxis revolucionaria. Esta idea es el foquismo; mediante el cual la vanguardia presiona la marcha de los acontecimientos, lógicamente, dentro de lo que es objetivamente posible.

 

Con esto no pretende decir que, al tocar el tema de las supuestas condiciones para llevar adelante una revolución, se pueda considerar que la misma nazca del mero impulso dado por el foco guerrillero, ya que hay que tener en cuenta que existe un mínimo de necesidades que deben estar resueltas y que hagan factible el asentamiento del primer foco. Es aquí donde el Che señala que donde se instaure un gobierno por medio de algún mecanismo de consulta popular, fraudulento o legítimo, y se mantenga aunque sea un panorama que dibuje rasgos de legalidad constitucional, es imposible que se produzca un brote guerrillero por el hecho de no haberse agotado las diversas vías de lucha cívica.

 

Además, basta con que la población del lugar -donde se lleva a cabo la guerra de guerrillas- no la apoye para que los poderes instituidos detengan o exterminen a la guerrilla, como consecuencia de esto el Guevara impone, como condición sine qua non para el triunfo de la insurrección, la solidaridad y cooperación de la fuerza popular. A partir de lo expuesto anteriormente surge la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que permite a la guerrilla lograr que la población deposite en ella su confianza?, pues bien, Guevara propone prácticamente una especie de manual en el que desarrolla las características que debe poseer un ejército guerrillero y que serán la clave para la obtención del apoyo de la masa, a saber, la estrategia guerrillera, entendida como el análisis de los objetivos a lograr tomando en consideración la situación militar de su enemigo y las formas racionales de conseguir dichos objetivos; la táctica guerrillera, haciendo referencia al modo práctico de llevar a cabo los objetivos estratégicos, el desenvolvimiento del ejército guerrillero tanto en terrenos favorables como desfavorables y urbanos; en pocas palabras la organización y combate del frente guerrillero (por supuesto, a todo esto se le suma el deseo de la gran masa campesina, del proletariado de ser dueño de la tierra y de los medios de producción, en fin, de todo lo que constituye su vida). Queda bien establecido, por otra parte, que la guerra de guerrillas es una fase de la guerra que debe ser llevada hasta sus últimas consecuencias (lucha existencial), que no posee pero se posibilidades de triunfo, es decir, es más bien una de las etapas primarias de la guerra que, a medida que avanza, crece y se desarrolla hasta que el ejército guerrillero adquiere, tanto en aspectos cuantitativos como cualitativos, las características de un Ejército Regular. Este último será el que dará los “golpes definitivos al enemigo y logre la victoria. Entonces, el triunfo será siempre el producto de un ejército regular, aunque en sus orígenes sean el de un ejército guerrillero”.

 

Ante el cuidadoso análisis realizado por Guevara para poder llegar al triunfo del proletariado, se observa cómo enfoca al individuo, como elemento primordial de su propuesta, desde dos perspectivas: la primera como ser único y, la segunda como miembro de la comunidad, ambos, por supuesto, actores en la construcción del socialismo y sustancias de su “hombre nuevo”. La primera perspectiva es un componente sobresaliente, por ser el ejecutor de la acción armada dentro del “arte de la insurrección” (como diría Federico Engels), pero que a pesar de su destacado papel no posee carácter único dentro de este proceso.

 

Independientemente de esto, las pautas estipuladas por el Che para dar forma a un revolucionario son variadas, pero antes de entrar a destacar cada una de ellas sería adecuado responder a una serie de preguntas básicas: ¿de dónde surge el guerrillero?, ¿qué es un guerrillero?, y ¿por qué lucha?. Pues bien, para empezar, Guevara no detalla el proceso ni surgimiento del guerrillero de manera individualizada, sencillamente explica que “hay un grupo más o menos armado, más o menos homogéneo que se dedica casi exclusivamente a esconderse en los lugares más agrestes, más intrincados. Como producto de algún golpe afortunado crece su fama y algunos campesinos y jóvenes idealistas de otras clases van a engrosarla”. Aunque a partir de este fragmento es imposible responder la pregunta de la cual se parte (lo que tampoco se puede lograr a través de sus escritos), realizando una detallada lectura de las obras de Guevara se puede deducir que lo importante para él no es el hecho de saber de dónde venga ese guerrillero; sino a dónde quiere ir, y siempre que su ideal concuerde con la ambición revolucionaria de ver al hombre liberado de su enajenación puede unirse a las filas de la guerrilla. Aboga entonces por la idea, aún a riesgo de parecer ridículo, de que “el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor”, incluso llega a decir que “es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esa cualidad”. Es éste el punto en el que Guevara rompe con todo objetivismo científico, pero como escribió Engels una vez: “Cuando se es “hombre de ciencia”, no se tiene ideal: se elaboran resultados científicos, y cuando se es hombre de partido se combate para ponerlos en práctica. Pero cuando se tiene un ideal, no se puede ser hombre de ciencia, pues se ha adoptado una decisión de antemano”.

 

Ahora bien, adentrándonos en las dos últimas preguntas expuestas encontramos que, para empezar, Guevara define al guerrillero como un reformador social; pero ante todo como un revolucionario agrario. El guerrillero, además, es un soldado disciplinado, ágil tanto física como mentalmente, para poder cumplir cabalmente la misión encomendada. En cuanto al primer aspecto señalado, dicha disciplina debe ser interior; la misma nace del convencimiento profundo del individuo y se afianza por el autocontrol del revolucionario, ya que en la guerrilla no hay cabida para un servicio de inteligencia que se dedique a controlar al individuo frente a la tentación, de esa necesidad de obedecer al superior (se refiere al dirigente de la vanguardia), no solo para el mantenimiento de la efectividad del grupo armado, del cual forma parte, sino también para defender la suya propia. A esto se le puede sumar la relación de interdependencia existente entre uno y otro guerrillero, es decir, cualquier descuido de un soldado en un Ejército Regular es controlado por el compañero más cercano; porque cada guerrillero “es unidad y es un grupo, un error es fatal.” De tal manera, rige en la guerrilla una disciplina informal que tiende, la mayoría de las veces, a dar pié a interpretaciones en las que se atribuye al ejército de liberación un andamiaje carente de dicha disciplina, modo equivocado de ver el modus operandi de la guerrilla frente a la rígida conciencia del deber que tipifica al guerrillero.

 

En cuanto al aspecto moral; encontramos una firme posición del guerrillero en diversos aspectos. Entre otros, él mismo debe arriesgar su vida cuantas veces sea necesario para el logro del ideal que se ha propuesto cumplir y no debe, de ninguna manera, dejar a un compañero herido en el campo de batalla porque ello significaría la muerte segura. Además de las cualidades morales apuntadas, Guevara expone que debe poseer una serie de características físicas pero, en lo fundamental, el guerrillero es la imagen de “la propia vida de la guerrilla”, y es en su seno donde se adquiere la experiencia (del manejo del arma, cómo dormir, qué comer, qué llevar dentro de la mochila, etc), aunque no deja a un lado la importancia de la práctica instructiva.

 

Por supuesto, Guevara realiza un minucioso detalle de todos los aspectos que se deben tomar en consideración para llevar adelante una guerra de guerrillas; pero lo expuesto anteriormente constituyen a grosso modo los más importantes.

 

5. EL CARÁCTER INTERNACIONALISTA DEL PENSAMIENTO DE ERNESTO GUEVARA

 

“El revolucionario, motor ideológico de la revolución dentro de su partido, se consume en esa actividad ininterrumpida que no tiene más fin que la muerte, a menos que la construcción se logre a escala mundial. Si su afán de revolucionario se embota cuando las tareas más apremiantes se ven realizadas a escala local y se olvida el internacionalismo proletario, la revolución que dirige deja de ser una fuerza impulsora y se sume en una cómoda modorra, aprovechada por nuestro enemigo irreconciliable: el imperialismo, que gana terreno. El internacionalismo proletario es un deber, pero también es una necesidad revolucionaria. Así educamos a nuestro pueblo.”

 

No se puede comprender esta significación profunda del internacionalismo del Che sino a la luz del humanismo revolucionario, punto que se ha tratado de desglosar a lo largo de este trabajo y que constituye lo más importante dentro de la filosofía del “Che”. De este modo, el internacionalismo es la expresión más auténtica y concreta de ese humanismo.    

                      

¿Cuáles son los valores éticos que Guevara invoca explícitamente y que inspira su lucha revolucionaria y su ideal del hombre nuevo? El valor supremo de todo humanismo real no puede ser otra cosa, lógicamente, que la misma humanidad. En las obras del Che se observa cómo hay una tendencia marcada a ir más allá del individuo y de la Nación, como tales, para dar paso a una visión internacional en la búsqueda de la libertad del proletariado. De ahí que exponga que el verdadero internacionalista es capaz de sentirse angustiado cuando se asesina a un hombre en cualquier rincón del mundo, y del mismo modo, sentirse entusiasmado cuando en algún rincón del mundo se alza una nueva bandera de la libertad. Evidentemente, el internacionalismo no debe ser solo sentido, sino también y sobre todo practicado, por la solidaridad real y actuante entre los pueblos en su lucha hacia la liberación. La libertad, por tanto, no es un acto único; sino un proceso: hay que construir la libertad. 

 

6. CONCLUSIÓN

 

El Che nos dejó una concepción de la Revolución socialista y de liberación, y de la transición del capitalismo al comunismo en las condiciones de la segunda mitad del siglo XX; pero con una visión futurista orientada a dar paso a la vida de un hombre que sería el resultado de todos los cambios que en el seno de los procesos anteriormente señalados se gestaran. Con la capacidad de combinar la interpretación marxista-leninista -la cual utilizó como fundamento pero sin aferrarse a ella ciegamente- con la ética revolucionaria, la investigación con la conducta, los juicios con los valores y el criterio teórico con la conducción y educación de las masas, Guevara se abre ante el devenir de la realidad y da paso a una nueva visión para la concepción del mundo.

 

Tras esta breve revisión del pensamiento del “Che”, parece concluirse que, para él, el comunismo, antes que un sistema de reparto social más igualitario; implica en lo esencial un nuevo tipo de sociedad y de hombre. Para llegar a este objetivo, se deben cumplir dos premisas fundamentales a saber, la praxis y el desarrollo de la conciencia. Dicha conciencia no se desarrolla socialmente de manera total, por lo que se produce la necesidad de que la vanguardia guíe, dé ejemplo a la mayoría revolucionaria que la sigue y que la ayuda a educarse, así como la vanguardia la educa a ella. Esto introduce un nuevo aporte en el proceso de formación y preparación de aquellos que llevarán la revolución hasta su fin.

 

Todo esto culmina con la unión de dos conceptos que serán aquellos por los cuales Guevara dará la vida: revolución y humanismo. En el contraste entre ambos encontramos un debate entre objetivismo y subjetivismo, es decir, por un lado se leen los más minuciosos, perfectos y hasta frívolos procedimientos para llegar a la victoria del proletariado; y por el otro escuchamos términos como amor ante el prójimo y compasión ante el enemigo. Éste podría significar una contradicción en el pensamiento de Ernesto Guevara, (desgraciado de aquel que no tenga contradicciones), pero aunque así fuese, se ha podido comprobar que es una manera efectiva de llevar a cabo la revolución, y el pueblo cubano así lo puede ratificar. ■ 

 

REFERENCIAS  BIBLIOGRÁFICAS

 

§     DEL RÍO, Eduardo (1978): ABChe. Editorial Grijalbo, S.A. México.

§     GAMBINI, Hugo (1968): El Che Guevara. Editorial Paidos. 3era. Edición. Buenos Aires.

§     VUSKOVIA, P. y ELGUETA, B. (1987): Che Guevara en el presente de la América Latina. Ediciones Casa de las Américas. Cuba.

§     LOWY, Michel (1974): El pensamiento del Che Guevara. Siglo XXI Editores. Argentina.

§     GUEVARA, Ernesto (1977): El socialismo y el hombre nuevo. Siglo XXI Editores. México.

§     GUEVARA, Ernesto(1970): Obras 1957-1967. Vol.2. Ediciones Casa de las Américas. Cuba.

§     GUEVARA, Ernesto (1985): Escritos y discursos. Num. 3. Editorial de Ciencias Sociales. Cuba.

§     JALÉE, Pierre (1977): El Proyecto socialista (aproximación marxista). Anagrama. Barcelona.
§     
ELLEINSTEIN, Jean (1977): El fenómeno estaliniano. Laia. Barcelona.

Extraído de: http://laberinto.uma.es/index.php?option=com_content&task=view&id=26&Itemid=9

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