Izquierda Hispánica

Hacia la Séptima Generación de la Izquierda

Archivo de Marzo 2008

Entrevistas a Gustavo Bueno: Entrevista Segunda

Publicado por santiagoarmesilla en 31 Marzo 2008

Segunda entrevista al filósofo español Gustavo Bueno, realizada por José Andrés Fernández Leost para su tésis doctoral “La teoría política de Gustavo Bueno“, dirigida por Juan Maldonado Gago.

ENTREVISTA CON GUSTAVO BUENO (SEGUNDA)

(Centro Municipal de la Arena, Gijón; 27 de noviembre de 2002)

Pregunta. Quisiera abrir esta segunda entrevista con una cuestión de índole metodológico. Teniendo en cuenta que en sus textos políticos usted otorga al grupo el protagonismo de la vida política, relegando al individuo a un segundo plano        -subsumido en cualquier caso al grupo al que pertenece-, sería de interés conocer su postura en relación al individualismo metodológico aplicado a las ciencias sociales, y a los presupuestos de los que parte, fundamentalmente al que gira en torno a la supuesta acción racional del sujeto.

Gustavo Bueno. A esta cuestión yo respondería de la siguiente manera, en principio: eso que se llama conducta individual, pues no lo es. Es decir, se dan aplicaciones y modulaciones más o menos singulares según patrones comunes al grupo al que pertenezca. Quizá puede haber algún caso totalmente extraordinario, extravagante, de algún método individual genial concreto que dé resultado; ahora, esto es tan raro que por de pronto esa propia individualidad estaría en función de otros métodos también, es decir, que tampoco sería individual en sentido absoluto, esa es la cuestión. Cabría aquí subrayar la distinción de un individuo, con su conducta individual, y el carácter absoluto de su conducta, que nunca lo sería, nunca sería absoluta. Una trayectoria individual está siempre, para que sea inteligible, cumpliendo unos patrones que son comunes al grupo, y por consiguiente la singularidad, si es anómala, es siempre anómala con respecto al otro, en ningún caso es una cosa ininteligible; por tanto la individualidad queda muy atenuada, aunque queda al mismo tiempo reconocida, claro, pero reconocida dentro de un contexto, de un repertorio, y como sobre todo tiene que engranar con las otras conductas para que haya resultados, entonces la individualidad tiene pocas posibilidades de aparecer. Ahora, puede ser quizá útil en ciertos contextos, por ejemplo por vía psicológica, porque el individuo puede estar más estimulado a hacer lo que le gusta si está o no está cohibido o constreñido por otros, y puede ser útil, siempre que la tarea lo permita; eso se ha visto muchísimas veces, en el modo de trabajar: hay individuos que necesitan estar siempre con otros, y otros que van a su aire; y aquí cabría aplicar la distinción de los frailes del monasterio del Monte Athos –un estudio famosísimo en Grecia-: había dos clases de frailes, los frailes idiorrítimcos y los frailes nomorrítmicos; los nomorrítmicos son los que estaban sometidos a una regla continua, y los idiorrítmicos iban a su aire; es como si a un niño le dices: venga tú, trabaja a tu aire y haz los deberes a tu aire, y tú con los otros; realmente están haciendo lo mismo.

P. Pero si su perspectiva no es afín la del individualismo metodológico, tampoco puede hablarse de holismo metodológico.

G. B. No, no, es pluralismo, pluralismo porque los grupos individuales son múltiples también, y además independientes unos de otros. La idea central es que la conducta presente ya está dentro de un grupo, de una constelación de conductas, que hay muchas constelaciones, no una sola, y que la trayectoria individual dentro de esa constelación puede ser muy rentable, pero está determinada por la constelación. Por ejemplo, en un caso de investigación social, de encuestas, a lo mejor un individuo que va por su cuenta tiene mucho más rendimiento porque se mete por unos sitios y por otros que si va en grupo no se puede meter, y tiene muchas más facilidades, pero lo que está haciendo es prácticamente lo mismo.

P. Una de las razones que me llevan a preguntarle sobre estas cuestiones es porque
esta metodología individualista ha sido recogida por los autores que conforman lo que se ha denominado “marxismo analítico”. Teniendo usted tantas líneas comunes tanto con el marxismo como con la filosofía analítica (G. Ryle, W. O. Quine), ¿qué le parecen los trabajos producidos bajo esta corriente teórica?

G. B. Yo he leído artículos muy importantes de estos “analíticos”, y realmente a mí no me han producido…, son puramente metodológicos, no tienen fundamento histórico, no penetran en el material propio de un análisis marxista, sobre todo histórico, y económico; entonces son cuestiones de estas generales que muy bien, pero que no llegan a ningún lado, y vamos, no tienen ninguna idea de la dialéctica, de lo que es eso; y de analíticos…, no sé que quieren decir con ello, eso es un misterio, analíticos, pero ¿de qué?, yo esperaba encontrarme con un montón de fórmulas y tal, pero nada. Yo creo que es un contagio del prestigio que tenía la analítica en Inglaterra, y entonces vamos a decir que somos analíticos.

P. De acuerdo, pero un punto central dentro de este marxismo analítico es el que pretende, dialogando con Rawls, desarrollar una teoría moral del marxismo.

G. B. Precisamente anteayer estuvimos hablando de Rawls (sin saber que se había muerto, podríamos haber aprovechado para hacerle un homenaje), y yo estuve, -a cuenta de mi libro que se va a publicar sobre la izquierda- analizando un procedimiento de racionalización. Pero, ¿qué es el racionalismo?, que se entiende por razón, ¿la razón sin esperanza?, ¿pero eso qué es?, una de las tareas es esta (que no se puede poner en el libro porque sino no te lo publican; precisamente ahora en el libro de la democracia me ha dicho la editorial que por favor, por los clavos de Cristo, que quite las fórmulas que tengo allí porque entonces no se van a vender los ejemplares, que yo las puse para aclarar los conceptos que son conceptos muy abstractos, y les he dicho que las pongan en nota, y sino por la parte de atrás, para que la gente no se asuste, pero no sé cómo va a quedar el texto, seguramente van a quitarlo todo): qué es la razón. Yo creo que hay muchas clases de razón, entonces me atengo a un prototipo de razón que a mí me parece que fue central en todo el siglo XVIII, en el principio de la ciencia moderna, de la mecánica, de la química sobre todo, de la biología, que es partir de un campo empírico, fenoménico, y en lugar de descomponerlo anatómicamente, como en la tradición médica por ejemplo -la anatomía del organismo humano; “dividirlo por la juntillas naturales” que decía Platón-, en lugar de esto, resolverlo en átomos, átomos no en sentido físico, sino átomos en el sentido de partes formales últimas, que por ejemplo en los organismos son las células, en los minerales son los elementos químicos, en la mecánica son los puntos masa, en el electromagnetismo son los dipólogos; entonces este tipo de razonamiento es el que ha constituido la organización de los campos de la ciencia moderna, sobre todo Lavoiser –aunque lo guillotinó el terror, pero esto es un incidente menor, menor para la química-. Si aplicamos este método de razón a la sociedad resulta una holización, es decir, una fase analítica que consiste en eliminar todas las organizaciones del campo anatómicas, como si no existieran, y redefinir el campo en términos de sus partes formales, átomas, y luego reconstruir el conjunto a partir de estas partes formales; entonces: ¿qué ocurre en el campo político?, pues que la redefinición diríamos analítica –analítica, qué quiere decir: destructiva; análisis, de destrucciones el terror, liquidar el Antiguo Régimen, eliminar todas las instituciones morfológicas, todas las instituciones de todo orden; y ¿cuál es la parte formal a la que se llega?: los individuos, no las células, ni los elementos químicos -aunque ellos tengan capacidad política después muy grande a efectos sanitarios-; pero son los individuos.

P. Que son los átomos, lo que no se puede dividir.

G. B. Individuo es átomo, claro, es Boecio, individuo es una palabra que Boecio toma para
traducir átomo, lo que pasa es que átomo te perjudica ahora el concepto de átomo de Demócrito y de los físicos; pero bueno, átomos gnoseológicos. El problema es que al reducir a átomos queda absolutamente toda la humanidad unificada: los Derechos del Hombre, pero con esto no se hace política. ¿Cuál es la categoría política que había que inventar para poder hacer política?: surge la idea de nación, invento de 1789, y a partir de esto empiezan todas las contradicciones. ¿Qué hace Rawls?: una cosa parecida, nos lleva al estado originario y demás, pero luego ¿cómo hace nación a los EEUU?: por procedimiento expeditivo, coge la constitución de los EEUU y mete allí a los individuos; lo que hace Rawls es poner, como si fuera el último producto de la razón, la vida de los EEUU, el Estado del bienestar. Es un truco, a mi juicio es una cosa completamente de bazofia, de chapuza completamente, y lo más curioso es que esto haya servido durante los años ochenta de modelo del PSOE.

P. De la socialdemocracia.

G. B. Sí, es un efecto parecido a cuando también el PSOE en la democracia en España puso de moda a Popper.

P. Bien, pero en lo que yo deseaba que abundase es en la cuestión de la vertiente moral tratada por los marxistas analíticos, vertiente moral que gira en torno a las teorías de la justicia enganchando con Rawls.

G. B. Bueno, esto es una tendencia muy generalizada de la izquierda marxista, porque en el
fondo es lo mismo de Habermas, es el paralelo. Yo creo que esto es debido…, creo que viene muy de atrás, y en España ha tenido eso mucho impacto, seguramente por la tradición krausista y demás, y el incremento que hubo en los estudios de ética en España durante la época de González; hay ética por todos los lados. Uno de los planteamientos en mi estudio de la izquierda es que la izquierda hay que definirla políticamente y no éticamente. Hay que encontrar criterios políticos duros, fuertes, para poder seguir la evolución de la izquierda según esos criterios, y no por razones éticas, que es otro cosa diferente, claro. Por ejemplo, el problema de la solidaridad. La solidaridad tiene un aspecto ético y otro aspecto político. Desde el punto de vista ético es la solidaridad como una especie de versión de la fraternidad o de la filantropía; entonces la solidaridad es sobre todo una virtud individual, principalmente. Mientras que políticamente la solidaridad sería la relación de dos grupos o tres o cuatro contra terceros, sino no tiene sentido político, es decir nosotros somos solidarios contra terceros; en el fondo son los bloques históricos de Gramsci, los patronos son solidarios contra los obreros, y los obreros contra los patronos. Esto es un ejemplo típico de diferencia entre ética y política. Entonces, predicar la solidaridad ¿qué quiere decir?; es tratar de organizar la sociedad por medio de conductas psicológicas, como terapia.

P. Sin embargo podemos vincular más estrechamente la política con la ética desde el momento en que el Estado, como Estado de bienestar, actúa conforme a una ética distributiva.

G. B. Pero el Estado de bienestar, que está vinculado a la idea de calidad de vida, a Galbraith, es un concepto completamente ideológico. Para los médicos mejorar la calidad de vida, es uno de los temas estrella, de vanguardia. Pero la calidad de vida, al margen de cómo la miden ellos, con procedimientos muy finos, de tipo estadístico, y con un montón de criterios, tiene luego unas consecuencias tremendas prácticas a nivel de políticas sanitarias. Por ejemplo un problema que se plantea, un problema ético, puro, en el campo médico es el de operar a un individuo que está enfermo, operarle para que se cure; ahora, un problema que ya no es médico es el problema de una lista de espera a ver a quién escoges, el médico tendría que operar a todos, pero como no puedes operar a todos, es decir, tienes que hacer un orden, ¿a quién escoges de la lista de espera? Entonces empieza la calidad de vida. ¿Y cuáles son las cualidades de calidad de vida de un viejo decrépito o de un joven? Pues operas al joven y el viejo que se muera. Tienen que decidir a quién aplicar los medios y los recursos.

P. En el fondo parece que todas estas cuestiones éticas -volviendo de nuevo a Rawls- giran en torno a una u otra teoría de justicia determinada, subyacente a toda filosofía política, ¿cómo lo valora usted?

G. B. Primero el concepto de justicia es totalmente vago en Rawls. Y luego la idea de justicia ha cambiado totalmente desde Platón hasta el marxismo, etcétera, y aquello de Goethe de “prefiero la injusticia al desorden”, excuso decir. Y en general toda la cuestión de los Derechos Humanos es una cosa que queda patas arriba completamente…, la prueba es que los derechos humanos no los suscribió ni la Unión Soviética, ni los países satélites, ni China, porque los derechos humanos de la ONU en el fondo eran un ataque a la Unión Soviética. Y la Declaración de los Derechos Humanos es una declaración ética, no jurídica. Serán derechos desde el punto de vista formal cuando los reciban los Estados y les apliquen la categoría de infracción cuando no se cumplan, entonces se convierten en derechos jurídicos pero por razones ya a posteriori. Y la famosa discusión de si los Derechos Humanos tenían categoría jurídica o no, puesto que en la teoría de Kelsen la juridicidad procede del Estado, y los Derechos Humanos serían un tratado de derecho internacional. Entonces resulta que los Derechos Humanos, te empiezas a leer los treinta primeros artículos y son todos éticos, que por otra parte quedan totalmente quebrantados cuando lees la Declaración universal de los Derechos de los Animales de la ONU, con el mismo rango, como aquello es una parodia (y luego con el proyecto Gran Simio donde a los animales se les promociona para que puedan incluso tomar contactos laborales y cosas de ese tipo, una cosa completamente a mi juicio de locura). Quiero decir que cuando se recurre en última instancia a los Derechos Humanos en cualquier conflicto político interno, es un modo de recurrir con terminología jurídica a la ética, y la ética si la impones por vía jurídica, cosa que puede ser porque no por ello deja de ser ética, entonces la perspectiva es distinta de cuando se dice: la ética se ha de enseñar por el bachillerato, porque esto es religión. El entendimiento de la ética que se hizo aquí en la época de los años ochenta (yo tuve una bronca monumental con Aranguren cuando se iba a implantar en la facultades), la ética era entendida, y sigue siendo entendida cuando se dice: “Hay que tener ética”, la ética es entendida como cosa de conciencia. En el fondo es la distinción de Kant entre autonomía y heteronomía. La ética es lo autónomo y el derecho no es lo autónomo. Entonces yo hago las cosas por mi cuenta, yo pago a hacienda en conciencia; bien, esto no lo decían ni los escolásticos, así como suena; si lees a Soto que dice que es una ley penal el no pagar tributos, es una ley puramente penal (aunque había de todos los gustos). Si se entiende la ética como conjunto de normas que brotan de mi conciencia moral, de mi imperativo categórico, entonces la ética hay que inyectarla en la política mediante la formación de los ciudadanos, mediante prédicas morales, educación moral, o control social. Mientras que si se entiende la ética no por el origen supuesto de las normas, la conciencia, sino por el objeto de las normas (en el sistema que nosotros utilizamos las normas éticas van orientadas a la salud de los cuerpos, al mantenimiento de los cuerpos), entonces las normas éticas por vía jurídica quiere decir que supone un incremento de la policía, sencillamente, poner multas a todo el mundo que se porte mal, meterle en la cárcel; heteronomía completamente, todo lo contrario, con todo lo que eso significa, y cambio de la legislación penal, completamente también.

P. Pasando a la teoría de la democracia, en la definición que usted propone en el
“Primer ensayo…”, se cuida de no confundir el gobierno para todos con el gobierno por todos, negando que el todo social se pueda auto-organizar.

G. B. Sí, eso es imposible.

P. Sin embargo no sería acaso posible recogiendo la hipótesis de la pars totalis, o clase universal, de Hegel y Marx que usted mismo cita en otra parte del libro.

G. B. Esto viene luego matizado por el libro de “España frente a Europa” donde se aplica la misma idea de la imposibilidad del autogobierno, de la autodeterminación del pueblo, en el sentido de que para que tenga eficacia la aplicación de una norma hace falta que la parte que la va a aplicar tenga fuerza para aplicarla, en el sentido de que las normas jurídicas no tienen por sí mismas fuerza; es una crítica al poder judicial: una norma si la sentencia no se cumple simplemente no es una norma, hace falta un poder ejecutivo para aplicarla. Es la famosa cuestión del Tribunal Internacional y la discusión de los años 20 a cuenta del presidente Wilson. Un Tribunal Internacional de Justicia se quiso implantar después de la I Guerra Mundial -la cosa de Wilson, que era kantiano y estaba inspirado en la Paz Perpetua de Kant- un Tribunal Internacional que dirima todos los conflictos entre los Estados y aplique una sentencia; claro, este Tribunal tiene que tener fuerza de aplicación de una sentencia. Por eso EEUU dice que “nanai de la china”, verdad; cómo le van a aplicar a EEUU por la fuerza, un conjunto de ONU democrática (concepto absurdo porque es aplicar la democracia a doscientos países, unos que tienen  veinticinco mil habitantes y otros doscientos millones, qué democracia es esa, una democracia puramente procedimental, eso sin contar el derecho de veto, pero aun suponiendo que fueran democráticas las votaciones de la ONU, es ridículo si el voto no está ponderado, en cuyo caso no hay democracia porque las unidades siguen siendo los individuos para la democracia, no son las acciones, ni los grupos de unión). Entonces hace falta que haya una fuerza capaz de aplicar las sentencias, esa fuerza tiene que ser otro Estado, o la confederación de varios contra uno, la guerra otra vez. El que puede aplicar la norma con vistas al todo es precisamente una parte. Es el imperio, que ahora lo sigue siendo más que nunca. Ahora por cierto me han mandado un artículo de Peñalver donde trata el tema de la reivindicación del concepto de imperio en política, y va citando muchos datos, fuentes, de EEUU, del propio Toni Negri y demás, y me cita a mí como uno de los precursores de esa reivindicación, sobre todo del volver a recuperar la categoría de imperio como categoría política, cosa que estaba, yo recuerdo…, hasta ahora era imposible, nada más decía la palabra imperio y decían que era un facha, no podías ni pronunciar la palabra. ¡Pero bueno, cómo se puede hablar de historia política sin hablar de imperio, del imperio romano, el imperio de Alejandro, y el imperio británico! Y ahora llamar imperio a EEUU, esto es despectivo y es crítico, pero ahora ya lo reconocen ellos; es más, y esto está muy estudiado, la identificación que tienen los norteamericanos con el imperio romano, es algo impresionante, hay elites militares que se saben perfectamente la historia de Roma, están calculando en qué fase se encuentran en relación al imperio romano, cuáles van a ser los bárbaros, que van a ser los chinos, y por supuesto las películas que hacen, Gladiator dónde está Marco Aurelio que puede ser, yo que sé, Nixon o Kennedy.

P. La comparación es un poco grotesca…

G. B. Sí, pero si estudias la distribución del imperio romano en el siglo II d.C. y ves dónde tenían todas las bases, las colonias, los centros, y ves ahora a EEUU, es exactamente lo mismo cambiando el Atlántico por el Mediterráneo, y tropas para movilizar en cualquier momento. Es un sistema de colonización muy parecido, porque lo han imitado, es el sistema que llevaron los españoles y los portugueses a América del Sur. En el caso de la democracia, la tesis que mantengo globalmente es que la democracia es una palabra ideológica.

P. En la primera entrevista usted hablaba de eufemismo, pasando a criticar el enfoque que se da al problema del País Vasco entre demócratas y antidemócratas.

G. B. Porque la democracia no se puede extender, la democracia se circunscribe dentro de una sociedad política, y dos democracias entre sí no forman una democracia, pueden estar en guerra. Yo hago una crítica a fondo de la democracia de Pericles que es el prototipo que todos los americanos tienen. La democracia de Pericles ni es democracia ni es nada, era una cosa puramente ideológica, democracia con el cuarenta por ciento de esclavos y de metecos, y entonces dice Adrados: es incomprensible cómo cayó la democracia de Pericles, sería por la incoherencia con los esclavos, haría falta más democracia. ¡Pero si los esclavos eran los que hacían posible la democracia! Ortega por ejemplo, o Hannah Arendt que tiene una idea hiperidealista de la democracia griega, pero Ortega dice una cosa muy bonita, dice: ¿cómo se hace la democracia griega?: cuando una serie de hombres libres se vuelven de espaldas al campo, se ponen en coro y se ponen a hablar, esto es el ágora. Y entonces aplausos frenéticos en la conferencia. Pero eso es pura filfa todo, porque, primero, ¿de qué hablaban aquellos hombres?, pues primero hablaban, después de haber estado en el gimnasio entrenándose, de las armas para mantener a los esclavos allí sujetos, porque no estaban ahí hablando por hablar, estaban hablando de negocios, a ver cómo vendían el aceite y lo que fuera, y a ver cómo organizaban los ejércitos. La democracia griega es un caso, lo presentaría como caso de solidaridad de los metecos aristócratas, después de lo de Clístenes, contra los esclavos, y cuando empiezan la guerras Médicas, de todos contra los persas, y en cuanto la cosa empieza a fallar se acaba la democracia griega, pero enseguida vamos, no dura ni treinta años. Ahora ocurre una cosa parecida. Yo creo que lo que llamamos democracias ahora son oligarquías disfrazadas. Además hay un problema esencial para los sociólogos: cómo se generan los líderes. Cómo se reclutan los líderes de los partidos, de una democracia, ¿de dónde sale un líder?, es decir, por qué razón aparece Zapatero, ex nihilo verdad; pues no, Zapatero aparece después de una serie de filtros, que ha tenido que pasarlos, y entonces es el partido, pero el partido está ya organizado como un poder fáctico, y entonces esos líderes quienes los controla es el partido, porque no puede ser de otra manera. Esto sin contar con la dependencia completa a su vez de los partidos de los poderes financieros, sobre todo ahora; bueno y la transformación, el problema que hubo en Alemania con la constitución de Bonn de si el Estado podía financiar partidos políticos o no, excuso decir, a los alemanes no les cabía en la cabeza, y entonces hacen unas distinciones que recuerdan a las de Soto o del padre Vitoria: los partidos políticos en cuanto expresión de la fuerza del pueblo pueden recibir subvención; y los partidos en cuanto expresión de la voluntad popular no pueden recibir subvención, entonces van evaluando que tipo de subvención. Es una cosa…, pura escolástica.

P. Por último querría entrar brevemente en la discusión sobre el significado y alcance del concepto de eutaxia, relacionándolo con las distinciones que dibuja usted entre verdadera política/falsa política, y política verdadera/política falsa. Si bien sólo hay verdadera política cuando el interés de la parte dominante se orienta hacia el bien común (sea luego esta recta o errónea -verdadera o falsa-), ¿cabe hablar de eutaxia en el caso en el que la parte dominante se oriente al bien particular si es que el resultado de su acción es, aun indirectamente, recto, o eutáxico en su caso?

G. B. La eutaxia está calculada para eliminar todo componente moral a la política, la eutaxia es Maquiavelo en el fondo; si el estado de cosas se mantiene (el estado de cosas puede ser no solamente el del partido dominante sino un equilibrio de partidos), entonces si el equilibrio se mantiene, hay eutaxia, hay política, no solamente es el poder del partido dominante sino el equilibrio de partidos. Ahora, para que ese equilibrio se mantenga hace falta una inteligencia especial en todos los partidos para ver cuándo tienen que cesar las hostilidades para que no se hunda el conjunto; es en el fondo lo que están haciendo ahora los del PSOE y el PP, ahora se han puesto de acuerdo con la bandera, han dejado de tirarse los trastos por ahí porque han visto que lo de la bandera es muy peliagudo, están allí los catalanes y los vascos, y eso no es simplemente un trapo, eso es un símbolo. Porque si dices, “no, es que a mí la bandera no me  interesa”, ya sé por dónde vas, inmediatamente se clasifica el individuo. Lo han visto, porque ¿quienes han reaccionado? La mitad de la gente se acuerda de cuando estuvo en la mili y ni se interesa, dice: “¡Qué grande es la bandera!”. Pero el que se siente afectado es porque es separatista, y no tiene vuelta de hoja, porque quiere poner allí la ikurriña. Esto lo han visto inmediatamente en la práctica y han dicho: vamos a dejarnos de tonterías. Ahora, uno de los ejemplos que yo veo de hasta que punto la izquierda a perdido los objetivos políticos tradicionales es que ahora concretamente en España los programas son prácticamente indiscernibles. Me acuerdo que hace años me hizo una entrevista Julia Otero y me preguntó de repente: “¿Qué es ser de izquierdas?”. Y le dije: “No ser de derechas”, y eso le gustó mucho pero no entendió lo que quería decir, y lo que yo quería decir es que cuando has perdido los objetivos políticos el modo de ser de izquierdas es decir lo contrario de lo que dice la derecha, y viceversa, es decir, si el trasvase del Tajo la derecha dice que tiene que hacerse por aquí, pues la izquierda lo contrario. Una de las pruebas que a mí me parecen definitivas de ver hasta que punto hoy en día en España la izquierda ha perdido completamente el objetivo político es que tiene que empezar a desenterrar a los muertos; ¡pero déjalos estar ya de una vez, hombre!. Pero el que dice que no es un facha, pero se podría pensar en otra cosa que no desenterrar a unos huesos; es estar viviendo de la historia y de la nostalgia pura. Yo no sé cómo no se dan cuenta que eso es reconocerse acabados. Eso sí que es ética, recordar a los muertos. Únicamente tiene sentido para los de la vieja guardia, para sugerir que la derecha es heredera del franquismo.

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Entrevistas a Gustavo Bueno: Entrevista Primera

Publicado por santiagoarmesilla en 30 Marzo 2008

A continuación presentamos en exclusiva una serie de cuatro entrevistas inéditas al filósofo materialista español Gustavo Bueno, realizadas por José Andrés Fernández Leost, en su Tésis Doctoral “La teoría política de Gustavo Bueno“, dirigida por Juan Maldonado Gago.

Esta es la primera entrevista (ofreceremos las tres siguientes en los días próximos). Las frases resaltadas en rojo lo han sido por Izquierda Hispánica:

ENTREVISTA CON GUSTAVO BUENO (PRIMERA)

(Palacio de Revillagigedo, y Hotel Don Manuel, Gijón; 12 de julio de 2002)

Pregunta. Como primer asunto de aproximación le preguntaría si cabe hablar de alguna línea de pensamiento afín al materialismo filosófico en su vertiente politológica, o de la que sea deudor.

Gustavo Bueno. Pues seguramente que muchas, yo creo que muchísimas. Yo soy desde hace 50 años lector constante (la influencia es total) de los clásicos: Aristóteles, mucho Cicerón, por supuesto, bueno, todos los clásicos, y luego por supuesto los modernos, y los clásicos españoles. Suárez, Bodin, Hegel, y luego el marxismo; ahora, lo que se podría responder es que yo entonces reconozco influencias de todos los lados, Tocqueville,…

P. Bien, pero por ejemplo en el libro de Kymlicka “Filosofía política contemporánea: Una introducción” (Ariel, Barcelona, 1995), el autor distingue entre utilitarismo, liberalismo igualitario, libertarismo, socialismo o marxismo, comunitarismo…

G. B. Entonces lo que es una pregunta necesaria es: a qué se parece más, dónde te encuadrarías.

P. Eso es.

G. B. Pues realmente, así de primer golpe mi perspectiva -sobre todo en esto que estoy escribiendo sobre la democracia, porque ahora mismo no lo sé, porque vas siguiendo una línea y luego no sabes donde…, lo que salga es lo que salga como es natural, es decir, que una cosa es hacer una teoría y luego ver a qué se parece, sin negar todas las inseguridades que tiene, es decir, tú estas tratando de ir a la cosa misma y luego la cosa misma pues ya la han visto otros-, entonces, así retrospectivamente y un poco tratando de responder a esta pregunta que nunca me había planteado realmente, por de pronto lo más parecido yo diría que es Aristóteles, más que Platón todavía, y ¿por qué?, por el punto de vista casi zoológico, punto de vista etológico, etología humana naturalmente. Yo más bien me inclino a ver, a tratar sobre todo los temas políticos con una distanciación muy próxima a la que el etólogo mantiene; por ejemplo, el otro día me lo objetaban en los encuentros, que yo en Telebasura y democracia doy unos criterios para ver lo que se podría censurar o no en televisión en donde parece que estoy empleando una pura ironía, un puro sarcasmo (Se refiere a las reflexiones sobre el racismo, la televisión y la sociedad democrática en “Telebasura y democracia”, Ediciones B, Barcelona, 2002, p. 189.), y no es sarcasmo en absoluto, es que a mí me parece imposible remontarme a los Derechos Humanos o a la dignidad de la persona para decir esto, yo estoy analizando, tratando de analizar, qué es lo que pasa y qué es lo que dentro del círculo de la televisión, y de sus compromisos -naturalmente- políticos y económicos, determina las necesidades del propio medio, a raíz de los sectores de la audiencia (por tanto todo lo que vaya en contra de la audiencia…), y este es el criterio interno, lo lógico, después haces lo que te de la gana, entonces es el criterio externo, cada uno lo aplica, que es lo que hacen un poco las Cortes y estas comisiones: esto no me gusta y esto me gusta, esto es de mal gusto, ¿y eso qué es?, mal gusto, y esto lo dicen en las Cortes: es que esto es de mal gusto, no me fastidie usted de mal gusto, porque si vas por el criterio del mal gusto…, yo lo he dicho en muchas discusiones, yo quitaría Madame Butterfly de la ópera, ¿pero cómo voy a imponer mi gusto sobre la ópera?, porque a mí me gustan mucho las sinfónicas, y lo de Mozart, -tapándome los oídos de lo que dicen, trato de no entender lo que dicen, que es un poco lo que pasa con las misas católicas, si las dices en latín son muy bonitas, si las traduces nos ha fastidiado, claro, porque son tal cantidad de necedades-.

P. En el “Primer ensayo sobre las categorías en las “ciencias políticas””, usted distingue entre tres clases de saberes políticos: los saberes políticos en cuanto experiencia política, los saberes políticos como ciencias políticas (disciplinas positivas o empíricas por un lado, y disciplinas doctrinales por otro), y los saberes políticos que girarían en torno a la filosofía política, ¿podría comentar cuál sería el estatuto científico que guardan estos tipos de saberes y más particularmente el referido a las ciencias políticas?

G. B. Lo primero que empecé fue a hacer un planteamiento gnoseológico de la cuestión, entonces yo puse como ejemplo aproximado de lo que se podría llamar ciencia política a la antropología política, puesto que los estudios de política que hacen los antropólogos, o una serie de ellos, más o menos utilizan los mismos métodos que los antropólogos, dentro de las limitaciones de esas ciencias “beta”; en principio, cuando se trata de reconstruir estructuras políticas de sociedades antiguas, o modernas si pueden -tipo los estudios de Pritchard o demás para reconstruir los temas políticos de los Nuer-, igual que te reconstruyen las formas de indumento o de parentesco, te reconstruyen la política, entonces tienen sus teorías que están precisadas a nivel científico, estas doctrinas de Service y demás donde te van exponiendo la evolución, y son muy importantes porque en el fondo lo que hacen -y ya es bastante- es tratar de ordenar el material del que se dispone; para la evolución de las formas políticas es obligado. Es lo mismo que hacen Platón o Aristóteles cuando te empiezan a exponer las diferentes constituciones que hay a su alrededor y que conocen, pero ya con los métodos modernos de la antropología, pues han ido fechando, particularmente vinculándolas -y esta es la influencia del marxismo- vinculando las condiciones materiales en donde han aparecido estas; quiero decir que esto a mi juicio en política tiene un tratamiento científico como puedan tenerlo la teoría de la familia o cualquier teoría de antropología, o la antropología de la religión sencillamente, los estudios de los antropólogos sobre la religión. Luego hay un nivel doctrinal…

P. Antes de pasar al nivel doctrinal, las ciencias políticas incorporan, como usted trata, enfoques formales de teoría de juegos y de aritmética electoral.

G. B. Sí, pero aquí está toda la cuestión de la teoría del cierre en las ciencias humanas, esa es la dificultad, como son ciencias “beta” en todo momento, que es lo que procuro subrayar, como es imposible poder reconstruir la historia de Roma sin tener la experiencia actual de lo que es un senado o un parlamento porque aquí no se entiende, y entonces de algún modo las categorías políticas se toman de la experiencia del presente, y cualquier persona que no sea un débil mental tiene una mínima experiencia de libertad política, de ahí los anacronismos continuos, obligados. Yo dedico una parte importante a subrayar la sabiduría política, que no es ciencia, la sabiduría del político, del hombre práctico, la prudencia política, del que hereda una tradición política por el partido o por él mismo, por su experiencia, y entonces sabe cómo funciona, lo que pueda tener Aznar o Felipe González, conoce las reglas de juego, las piezas del juego donde están, que son finitas, tiene que moverse, tiene que conocer a 40 presidentes, diríamos, tiene que tener una noticia de cuáles son los volúmenes de comercio de unos y otros, cuáles son los amigos y los enemigos, y empiezan a funcionar por ahí; entonces ese tipo de sabiduría (además como está en contacto con cómo se fabrican las leyes, cómo se reprime), eso da una sabiduría especial al político que tiene un carácter que no es científico, es totalmente indeducible, es la misma sabiduría que pueda tener un médico que ha tenido ya experiencia de muchos pacientes, para enjuiciar, para valorar, etc., eso que se llama prudencia política, y al mismo tiempo de esta sabiduría han bebido continuamente también los filósofos, o han sido ellos mismos políticos o secretarios, es el caso de Maquiavelo o demás, o consejeros. Luego está la fase de doctrina política. Esta fase es más peliaguda de analizar porque en parte tiene una filosofía como tiene todo, pero ya introduce ciertas categorías…, yo creo que el creador de la doctrina política es Platón, y Aristóteles, realmente allí está todo, las líneas maestras de la doctrina política son Platón y Aristóteles, porque Montesquieu es un aristotélico de cabo a rabo, luego Hegel es otro aristotélico -con las salvedades oportunas- y luego sigues adelante y la gran revolución es el marxismo, hay una gran revolución con el marxismo, con todas las limitaciones que tiene, pero partiendo de Hegel también, porque todas las categorías de Marx están tocando las de Hegel.

P. Porque usted es muy crítico con Rousseau.

G. B. Sí, Rousseau yo creo que es uno de los tipos más necios que ha habido, le he estado leyendo otra vez, por enésima vez por esto de la democracia -yo estoy escribiendo un “Panfleto contra la democracia”, para El Mundo- y con Rousseau me acordé de aquello de Cicerón: “no hay necedad que no haya sido dicha por un filósofo”, como se aplica aquí esto, es una cosa tan estúpida, tan retórica, sobre todo teniendo a Montesquieu al lado, es una cosa verdaderamente increíble, es que es un panfleto. Si la ciencia política considera…, yo he estado en el Escorial, me acuerdo que un año hubo una cosa sobre política que estuve yo discutiendo con Vázquez Montalbán, con Juan Ramón Capella, con Buey, y allí se veía claramente, con aquellos politólogos, constaté -lo mismo que veía por Tierno, absolutamente igual, que también era catedrático de derecho político- que esta gente parte del siglo XVIII, Maquiavelo ya queda muy lejos, y luego de Dicearco, de Polibio y todo eso, no se interesan nada.

P. Una última pregunta, retomando a Rousseau y el pacto social, ha habido una reactualización de estas teorías con Rawls y los neocontractualistas.

G. B. Rawls es la ninfa egeria del PSOE, de Guerra, y demás.

P. Pero ¿no habría que distinguir las teorías sobre el origen del Estado de las teorías de  su justificación racional?

G. B. Es que esa distinción, que tiene que ver con génesis y estructura, es la que a mí me parece que hay que impugnar, porque es una cuestión puramente idealista y propia de abogados. Filosóficamente no puedes llegar a justificar una cosa dándole un origen hipotético y luego decir: bueno esto es lo mismo pero no lo pongáis; es imposible. La dialéctica consiste en que la génesis y la estructura tienen que ir unidas, eso en ciencias sociales y en biológicas; quiero decir que en física puedes separar génesis y estructura, si coges una ecuación de estado, entonces es lo mismo que el cuerpo este allí con una energía o fuerza determinada, es igual que haya ido en esta trayectoria que en aquella, esto es lo mismo, allí puedes separar génesis de estructura. Pero en biología no puedes empezar a explicar un organismo a partir de los 40 años, a los 40 años ni Dios padre lo crea, es imposible, tienes que regresar hasta el cigoto y así sucesivamente, en biología tienes que explicar la estructura por la génesis, no tienes más remedio y en ciencias sociales pasa lo mismo. Por eso, es un poco la base de mi libro sobre la democracia (que tengo que rescribir), decir que en el año 1978 España se dio a sí misma una Constitución es totalmente absurdo, y  la discusión que se mantuvo de si la Constitución es la que fundaba a España entonces España es la Constitución, pero ¿de dónde sale, así de repente, que España se da su propia Constitución?, es el barón de Munchaussen, que se tira de los cabellos, y eso es la justificación, pero eso no, la Constitución del 78 viene de atrás, históricamente. Es una serie de justificaciones que además tiene…, en España particularmente yo creo que el uso de la palabra democracia esta clarísimo como eufemismo para hablar de otras cosas, y como ahora no se puede hablar de otras cosas, sobre todo después de la II Guerra Mundial, primero porque izquierdas y derechas ya no existen, es la democracia, porque estamos en la democracia, esto es lo que dicen Aznar y Zapatero, es la democracia, ¿por qué?, porque vamos a no meternos en líos, verdad, y por supuesto en el País Vasco es la democracia, porque los vascos son antidemócratas y que entonces no se puede asesinar porque es antidemocrático: mentira. Si eres aristócrata tampoco puedes asesinar, es que es una cosa tan ridícula, a mi me indigna, y la democracia tiene que acabar con la ETA; ¡cómo!, la democracia y la aristocracia. ¿Qué tiene que ver aquí la democracia con el asunto?.

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Jorge Drexler contra el concepto “Latino”

Publicado por santiagoarmesilla en 29 Marzo 2008

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Petroleo mexicano

Publicado por joseramonesquinas en 28 Marzo 2008

Ayer recibimos una aportación de Dr. Jorge A. Montemayor que merece pasar a nuestra portada como tema. Implacable razonamiento del autor mexicano que esperemos se siga pasando por esta bitácora. Es de rigor afirmar también que el Carlos al que ser refiere el Dr. Jorge no es el habitual de esta página web pues al parecer hubo una confusión al respecto. 

PEMEX

Saludos a todos nuestros lectores mexicanos y nuestra solidaridad en su lucha.

Dr. Jorge A. Montemayor Aldrete Dice:
27 Marzo 2008 en 9:29 pm

Dr. Jorge A. Montemayor-Aldrete escribe:Ojalá el Carlitos anterior lea lo que sigue, y pueda aportar algo de valor más allá de su ignorancia y desprecio hacia un asunto fundamenta; y se de cuenta de que el asunto es de supervivencia de la Nación y no de gobiernos que le parecen patito.

1 El Banco Mundial considera que la inversión en infraestructura (PEMEX entre otros) que requiere México y la sobreestima como del orden de $200 mil millones al año durante la próxima década. Y afirma que este gasto va mucho más allá de la capacidad financiera del sector público. Se les olvida que ellos mismos consideran urgente que México reforme integralmente su sistema tributario. Pues los ingresos tributarios de México, sin incluir los del petróleo, equivalen a menos del 11 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), cerca de la mitad del de Rusia; cuando el promedio de los impuestos, sin incluir petróleo, en los países miembros de la OCDE es de 36% del PIB según Ángel Gurría Srio.Gral de la OCDE (2006). Así, Corrigiendo la evasión fiscal; eliminando: exenciones y regímenes de privilegio al gran capital; eliminando el castigo impositivo contra PEMEX; y aumentando los impuestos a la iniciativa privada según el promedio de la OCDE el gobierno federal podría obtener recursos adicionales equivalentes al 17% del PIB en cuatro años, con un efecto inmediato de cerca del 8% del PIB. Todo ello se lograría sin modificar el IVA.

2 Con estos recursos fiscales adicionales, PEMEX tendría 129,375millones de pesos anuales (ciento veintinueve mil trescientos setenta y cinco millones) para inversión y desarrollo. Junto con lo anterior, se podría instrumentar un Proyecto Nacional para el Desarrollo e Investigación en lo relativo a la extracción de petróleo de aguas profundas y el desarrollo de Fuentes Alternativas de Energía en Alta Potencia; el cual requeriría, anualmente, de un aporte por parte de la Federación de 3,160 millones de pesos (Exxonmobil que produce el doble de petróleo por año que PEMEX dedica a las mismas actividades de investigación y desarrollo 500 millones de dólares). El objetivo de dicho proyecto, el cual estaría a cargo del Instituto Mexicano del Petróleo, la UNAM, POLI, UAM en conjunto con PEMEX; sería aportar a la Nación a corto plazo las mejoras tecnológicas y científicas necesarias para la explotación del petróleo de aguas profundas y los sustitutos efectivos de los Hidrocarburos que están en proceso de lento agotamiento. La supervisión del avance de dicho proyecto estaría a cargo de la UNAM, POLI, UAM; de representantes ciudadanos y del Congreso de la Unión. En particular se debían recontratar técnicos e ingenieros así como especialistas diversos que fueron despedidos u obligados a retirarse de PEMEX y del Instituto Mexicano del Petróleo.

3 La construcción y puesta en marcha de tres refinerías permitiría después, de tres años, el ahorro anual en divisas de 12,000 millones de dólares por concepto de importación de gasolinas.

4 En documentos oficiales de PEMEX, consta que están ubicadas regiones del golfo de México en aguas someras donde existen miles de millones de barriles de crudo. Además se sabe que existen muchos pozos antiguos abandonados a los cuales en épocas remotas sólo se les sacó el 10 % del petróleo asociado y los cuales con tecnología moderna mexicana utilizada por PEMEX en otros yacimientos, pueden ser fuente segura de petróleo abundante y barato.

5 Todo lo anterior permitiría garantizar el suministro y producción de productos petrolíferos para los próximos 10 o 12 años a la vez que se irían desarrollando las técnicas que aseguren el futuro energético del país; en particular respecto a las plataformas para perforación y explotación de aguas profundas donde la continuación de la labor del Instituto Mexicano del Petróleo y el apoyo en investigación por parte de las universidades nacionales será imprescindible.

6 Respecto a la exploración y explotación del petróleo de aguas profundas es inaceptable que tan sólo por la instalación de las plataformas las empresas transnacionales vayan a cobrar 300 mil millones de dólares según datos de la Secretaria de Energía Georgina Kessel; y mucho menos que las compañías extranjeras pretendan el 50% de del petróleo que encuentren. Sobre todo es inaceptable no sólo desde el punto de vista Constitucional, sino por el hecho de que la Empresa Noruega “Ocean Rig” que desarrollo la tecnología de punta para pozos de aguas profundas renta sus plataformas del tipo “Eirik Raude” ( Eric el Rojo) por 350,000 dólares diarios y la perforación de un pozo con tres mil metros de tirante de agua tarda aproximadamente 55 días y cuesta de 12.3 a 19.25 millones de dólares en promedio; y por supuesto su producción petrolífera asciende en general a miles de millones de dólares por año. Algunos de sus clientes son: Cuba con un pozo, Troll Oil con un pozo en el mar del Norte, BG Internacional con un pozo en West of Shetland, Tres pozos para Statoil (two) and un pozo para Norsk Hydro Production en el mar de Barents al norte de Noruega, en Angola y la costa este de Canadá, etc. El tiempo efectivo de perforación de cada plataforma flotante es de 259 días al año. Entre los clientes grandes de la Empresa Noruega “Ocean Rig” destacan: Exxonmobil, Chevron, y Shell. Inclusive la compañía “Ocean Rig” ha informado que espera firmar contratos para rentar sus equipos de perforación hasta por cinco años a precios por día muy atractivos.

7 Debemos recordar que los hidrocarburos son un recurso no renovable estratégico perteneciente a la Nación, del que depende la continuación de la vida civilizada de la población mexicana, la cual desde ya está amenazada por una posible catástrofe poblacional que implicaría la muerte temprana de 95 millones de mexicanos en fechas próximas; y por tanto debemos cuidar que su ritmo de explotación no ponga en peligro de extinción a las siguientes generaciones por un manejo atropellado de un recurso que no son jitomates o lechugas como para sentirse presionados a venderlos porque se vayan a echar a perder. Se debe utilizar el petróleo como una palanca de desarrollo que permita aprovechar la renta petrolera en beneficio máximo de la población mexicana y no de empresas privadas extranjeras o nacionales.

8 Además ¿por qué vamos a regalar el Patrimonio Nacional, a una bola de aventureros que buscan apoderarse de él? Extraer un barril de petróleo en México cuesta 6 dólares y se vende en 80 dólares; ¡ni el narcotráfico es un negocio mejor!

¿A santo de que carajos le vamos a regalar esa riqueza Nacional protegida por la Constitución de la que depende el futuro de millones de mexicanos a una bola de vivales extranjeros y a los Pri-Panistas del Gobierno Federal que quieren ser socios de dichas empresas?

Un saludo cariñoso para los patriotas …y para los derechistas trabajadores que viven honestamente y saben leer y pensar por encima del adoctrinamiento de los medios de embrutecimiento masivo de conciencias…

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Fitna: La película

Publicado por santiagoarmesilla en 28 Marzo 2008

Izquierda Hispánica ofrece en exclusiva (en inglés) e íntegra la película holandesa Fitna, una muestra del salvajismo del Islam.

El servidor de hospedaje web Network Solutions ha censurado la web oficial de la película Fitna:

http://www.fitnathemovie.com/

Liveleak.com retira Fitna de sus servidores, y reconoce

que lo hace por miedo, en “un día triste para la

libertad de expresión”

El servidor británico Liveleak.com ha descolgado la película Fitna, creando una situación que sin duda es la que estaba buscando el político populista Geert Wilders, desde que con gran pompa y aparato propagandístico anunció el lanzamiento de esta película que la televisión holandesa rechazó primero, que fue descolgada después de la página americana contratada por el holandés, y que ahora es descolgada, después de haber sido vista por millones de internautas. El patético comunicado del servidor rconoce las tremendas contradicciones que se están creando en Europa, ante el miedo generalizado al Islam. Reproducimos el comunicado que pueden ver en inglés, al pulsar para ver la película.
Internacional, ECTV
29/03/2008 10:08h
Este es el comunicado de Liveleak: A causa de las amenazas a nuestro equipo y a nuestra plantilla, de naturaleza muy seria, y habiendo recibido informes de ciertos medios británicos, Liveleak no ha tenido otro remedio que retirar Fitna de nuestros servidores. Este es un día triste para la libertad de expresión en Internet, pero situamos en primer lugar la seguridad y el bienestar de nuestro equipo, por encima de cualquier otra consideración. Queremos agradecer a los miles de personas de todas las condiciones y religiones, que nos han dado su apoyo. Ellos hacen posible que Livekeak se un vehículo para muchas opiniones, y no sólo el soporte de una. Posiblemente queda aún la esperanza de que esta situación pueda producir un debate que pueda beneficiar y educarnos a todos nosotros, en cómo podemos aceptarnos entre las diferetes culturas. Entendemos que tenemos que creer en la capacidad de escuchar y ser escuchados, pero al final el precio puede ser demasiado alto”.La polémica producción de Wilders desató ayer las condenas de la comunidad internacional, tanto de países islámicos como Indonesia, Pakistán e Irán como de las instituciones europeas y de las Naciones Unidas, que consideran que el film incita al odio y la violencia. La película es una composición de imágenes ya conocidas, entre las que figuran algunas de los atentados islamistas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, del 11 de marzo de 2004 en Madrid y del 7 de julio de 2005 en Londres, que se intercalan con fragmentos del Corán que incitan a la lucha contra los no creyentes.

¿ Qué hacer, desde el materialismo filosófico ?

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El neofascismo contra Izquierda Hispánica, y un artículo

Publicado por santiagoarmesilla en 28 Marzo 2008

En foros neofascistas como los de la Tercera Vía se pueden leer cosas como estas contra Izquierda Hispánica:

El creador de ese blog no es Gustavo Bueno, sino un personaje infantil obsesionado con clasificar el mundo en izquierdas y derechas, en recrear el imperio hispánico en clave comunista y ser un meapilas católico “ateo” (¿catolicismo cultural?), como lo lees.

Ya nos dedicó todo un artículo:
http://izquierdahispanica.wordpress.com/2008/02/04/los-neofascistas-de-la-tercera-via-contra-izquierda-hispanica/

Como vez, una mediocridad amante de las tergiversaciones.
Yo lo calificaría como imbecil definido, la séptima generación del inmovilismo neuronal.

Incapaz de razonar (pese a que se hace llamar racionalista), de articular una crítica intelectualmente sostenible, lo único que hace es insultar a medio de internet que crea importante para que sus visitas suban, copiar y pegar artículos, enlazar palabras con otros portales y crear concursos de diseños para su cruzada para cambiar la bandera de España (anunciado como un jaquemate al régimen, ¡ja!)

Los creadores de Izquierda Hispánica somos seguidores de Gustavo Bueno. No lo negamos. Pero estos necios ni han leído en profundidad ni han comprendido ni comprenderán jamás (a no ser que se caigan de la burra en la que están montados) el materialismo filosófico. El pensamiento de Bueno es materialista, el de la Tercera Vía idealista. El de Bueno es racionalista radical, el de la Tercera Vía es irracionalista. Bueno es antieuropeo, la Tercera Vía -como la socialdemocracia o el neofeudalismo europeo- cree en la Europa sublime. Bueno es marxista (con lo que conlleva serlo: ateo, materialista, racionalista, dialéctico), mientras que la Tercera Vía tiene a Marx como lo tienen los nacionalbolcheviques, esto es, para ir de revolucionarios. Bueno es de izquierdas, y una izquierda crítica que no teme el combate ideológico con otras izquierdas (a veces, se pelea más con los propios que con los ajenos, porque a esos ya les conocemos todos sus fallos). La Tercera Vía es una forma de extrema derecha neofascista que un buen día empezó a leer a autores marxistas y pretendió mezclarlos con autores ultras (mezclar a Lenin o Marx con Driu La Rochelle o Ramiro Ledesma, mezclar a Gramsci con Jean Thiriart, mezclar a Bueno con Alexandr Duguin… Esto sólo lo haría posible un producto postmoderno -es decir, antimarxista- como lo es la Tercera Vía, una corriente de pensamiento que no sería concebible sin el desarrollo de las sociedades de mercado pletórico de bienes y servicios, en los que las ideologías son también mercancías, como la suya, que satisfacen a determinados consumidores). Además, pretender a estas altura arrogarse para sí el fascismo la patente de la nación española es de traca. España, como nación política, nació gracias a los liberal-revolucionarios del siglo XIX (Cortes de Cádiz, Revolución de 1808-1814), es decir, la izquierda liberal de aquel siglo. Luego, con Franco, la ultraderecha quiso apropiarse de España, y hasta hoy casi lo han conseguido, consiguiendo que la “izquierda” reniegue de la patria, cosa anormal en cualquier otro país. Y la Tercera Vía neofascista pretende seguir haciendo lo mismo. Son patéticos, son unos abortos ideológicos.

La Tercera Vía son sólo una panda de sicofantes, basura ideológica, como toda forma de fascismo.

Esto, escrito por un tal Daga no deja de ser una ristra de calficicaciones ad hominem. Pero en el fondo no dice nada, no refuta nada. ¿ Que estoy empeñado en clasificar todavía el mundo en izquierdas y derecha ? No, el mundo no, pero sí las ideologías. Y sí, todavía es posible porque todavía existen izquierdas y derecha, a pesar de la difuminación de los perfiles de unos y otros y a pesar del auge de las izquierdas indefinidas.

Ah, y no pretendemos cambiar la bandera de España, so memo (la bandera de España es un símbolo, pero no tiene por qué ser siempre el mismo). Pretendemos que haya un símbolo que identifique a un movimiento ideológico. En “Concurso Símbolo” pueden verse los finalistas.

Como casi todo blog en internet, seguramente tuvo algo interesante. Pero el nivel personal del creador hace que su proyecto sea incapaz de prosperar. Yo no lo comparto, no creo que el imperio español sino en la nación europea. Lo políticamente correcto y homologado me apesta si es erróneo (mirad su cartel equiparando el islam con el fascismo, como los Neocon). “Izquierda Hispánica” es una izquierda derechizada, nada más.


Izquierda derechizada es la socialdemocracia. Izquierda Hispánica trata de definir una nueva izquierda, materialista, marxista, racionalista y universalista, como tiene que ser la izquierda. El señor que escribe esto, un tal Spasibo !, muestra los típicos tics neofachos:

“Mi patria es la nación europea”. Lo mismito que Hitler, señores. Pues que sepa que Europa no existe, que es sólo un concepto geográfico y que el proyecto de unión de Europa es un proyecto nazi.

No es “mi proyecto“. La bitácora trata de estudiar la posibilidad enunciada por Ismael Carvallo en sus “Tésis de Gijón” que afirman que la séptima izquierda será iberoamericana. Pero claro, estos neofascistas de la Tercera Vía echan pestes de Iberoamérica porque, como buenos neonazis, no dejan de ser unos racistas enfermos enemigos del mestizaje.

Además, se equivocan. Aquí no se pretende rescatar el fenecido Imperio Español, ni el Portugués, ni el Mexicano (que lo hubo, aunque efímero). Aquí se trata de que Iberoamérica, por diferentes circunstancias (una de ellas, fue que en el pasado unió los territorios la Monarquía Hispánica, junto con Portugal, dejando un poso que es imposible de abnegar; pura dialéctica de Estados), constituye una esfera cultural homogénea que podría constituirse en el futuro como un Estado-Imperio, y que ese Estado-Imperio podría ser socialista. Esa es nuestra postura.

Para finalizar, un regalo para estos neofascistas. Un artículo que estudia su origen “intelectual”: la Nueva Derecha francesa. Artículo de José Andrés Fernández Leost:

Nueva Derecha,
¿extrema derecha o derecha extravagante?

José Andrés Fernández Leost

La naturaleza política de la Nueva Derecha depende del deslindamiento que se realice entre las características de la derecha, el fascismo y el nazismo

«Volver a lo antiguo será ya un progreso»
(Goethe)

La vieja nueva derecha europeaLa vieja nueva derecha europea

I. Introducción

Desconocida para la mayoría del público español, ignorada por los medios de comunicación, poco investigada y tachada de radical o fascista, la Nueva Derecha de origen francés y vocación europea merece un pequeño estudio que trate de esclarecer sus postulados y sopesar sus propuestas a la luz de un enfoque racional desprejuiciado. Desde la convicción de que resulta intolerable menospreciar cualquier corriente de pensamiento sin proceder previamente a su examen, en el presente texto indagaremos en los presupuestos de la denominada Nueva Derecha a partir del análisis de las ideas contenidas en el «Manifeste pour une renaissance européenne» (Grece 1999){1} firmado por sus dos principales ideólogos, Alain de Benoist y Charles Champetier. Por su concisión y claridad expositiva, y por la amplitud de temas que aborda, tal nos parece la mejor manera de introducir al lector en el movimiento político-cultural que nos ocupa{2}.

Nuestra reexposición utilizará como material de apoyo diversos estudios sobre la Nueva Derecha a fin de precisar con la mayor concisión posible su naturaleza, y calibrar hasta qué punto tal movimiento entra dentro del horizonte de la ideología fascista. Dichos textos nos servirán no sólo para completar nuestras observaciones, sino también como muestra de la dificultades con que se topa la perspectiva pretendidamente neutral de la politología a la hora de perfilar el espíritu de la Nueva Derecha dentro de coordenadas científico-sociales. Nuestras consideraciones por su parte –y he aquí nuestra metodología– no aparecerán instaladas en una plataforma epistemológica superior, sino que se proferirán desde una parcialidad admitida de partida, que se nos aparece, si no más objetiva, al menos más honesta: la parcialidad propia de un materialismo pluralista que, por lo que respecta a la teoría política, deja de lado anhelos cientificistas para, acto seguido –y desde un tratamiento dialéctico–, analizar, catalogar y reabsorber todos los ángulos posibles y emitir su juicio –a su vez por supuesto sometido a inminente crítica y eventual revisión. Por último, a fin de sopesar la coherencia de la Nueva Derecha, penetraremos en la línea argumentativa del libro Nazismo y comunismo de Alain de Benoist (1998), por entre cuya temática se extraerán algunas evidencias relevantes de su carácter político.

Presentada a sí misma como una escuela de pensamiento más que como una ideología política, la Nueva Derecha gusta de situarse en una óptica metapolítica. Ello significa, y tal es su primera característica, que a su parecer las ideas juegan un papel axial en el devenir de la historia, mayor sin duda que el propio de la economía. Quiere colocarse así de entrada en una perspectiva opuesta a la marxista (y también a la liberal) que, regida por un economicismo rudimentario, localizaría en el modo de producción la infraestructura determinante del sistema socio-político en el que se desarrolla nuestra vida. En su lugar, la metapolítica de la Nueva Derecha otorga al factor cultural (creencial, simbólico, representacional, incluso lingüístico) la clave que condiciona la voluntad y acción humanas, retomando así la idea gramsciana de la hegemonía cultural. No negaremos la necesidad, reivindicada por la Nueva Derecha, de formular visiones globales y sistemáticas sobre el mundo entorno que reactiven la noción de sentido, frente a la predominancia pseudo-retórica del pensamiento fragmentario de la postmodernidad. Más aún habida cuenta de que detrás de la parafernalia del fin de los grandes relatos, se entreven proyectos programados a más de cincuenta años vista, planificados por multinacionales o «erosionados» Estados nación, tales como China o Estados Unidos. Ciertamente, lo discutible radica en aquella polarización que vierte bien sobre la dimensión económica, o bien sobre la cultural, la capacidad demiúrgica de configurar nuestra suerte. Antes bien, resultaría más válido subrayar la mutua interconexión de ambos factores, toda vez –eso sí– se entienda que el concepto de producción, y con él el de trabajo, reagrupa múltiples elementos extraeconómicos.

Advertido su método, la Nueva Derecha tiene al menos la valentía de apostar por un pensamiento transversal, pluridisciplinar, que incorpora múltiples campos del saber (positivos, pero no sólo), en aras de delinear unas orientaciones prácticas sobre la vida pública. En lo que sigue veremos hasta qué punto están justificadas racionalmente. Para ello pasaremos en lo que sigue a enunciar los tres ejes desde los que según nuestra lectura se articula su pensamiento.

II. Los tres ejes ideológicos de la Nueva Derecha

Continuar leyendo aquí:

http://www.nodulo.org/ec/2008/n073p11.htm

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“Imperio” de Toni Negri y Michael Hardt: un Mal libro

Publicado por santiagoarmesilla en 27 Marzo 2008

Presentamos aquí una doble crítica a este mal libro elevado a la categoría de “libro esencial de la <<izquierda>>” por la mercadotecnia alternativa del metafísico eslogan “Otro mundo es posible” -¿ Cuál ? Lo de siempre en la izquierda indefinida; de todas maneras, mundos posibles hay unos cuantos-.
La primera crítica es de Slavoj Zizek, y la segunda de Pelayo Pérez García:

¿Han reescrito Michael Hardt y Antonio Negri

el Manifiesto Comunista para el Siglo XXI?

Capitalismo no es sólo una época histórica entre otras. En cierto modo, el alguna vez de moda y ahora medio olvidado Francis Fukuyama tenía razón: el capital global es “el fin de la historia.” Un cierto exceso que era mantenido bajo control en la historia anterior, percibido como una perversión localizable, como un exceso, una desviación, es en el capitalismo elevado al principio mismo de la vida social, en el movimiento especulativo del dinero que engendra más dinero, de un sistema que sólo puede sobrevivir revolucionando constantemente su propia condición, es decir, en que la cosa sólo puede sobrevivir como su propio exceso, excediendo constantemente sus propios constreñimientos “normales.” Y, quizás es sólo hoy, en el capitalismo global en su forma “posindustrial”, digitalizada que, para ponerlo en las términos hegelianos, realmente el capitalismo existente está alcanzando el nivel de su noción: quizás, uno debe seguir de nuevo el viejo lema antievolucionista de Marx (a propósito, tomado literalmente de Hegel) de que la anatomía de hombre proporciona la clave de la anatomía del mono – esto es que, para desplegar la estructura nocional inherente de una formación social, uno debe empezar con su más desarrollada forma.

 

Marx localizó el elemental antagonismo capitalista en la oposición entre el valor-de-uso y el valor-de-cambio: en el capitalismo, se comprenden totalmente los potenciales de esta oposición, el dominio del valor-de-cambio adquiere autonomía, se transfiere en el espectro de la auto-propulsión del capital especulativo que sólo necesita las capacidades productivas y las necesidades de las personas reales como su encarnación temporal dispensable. Marx derivó la misma noción de crisis económica en este hueco: una crisis ocurre cuando la realidad se alcanza con lo ilusorio, el espejismo auto-generador del dinero que engendra más dinero – esta locura especulativa no puede seguir indefinidamente; tiene que explotar siempre en crisis cada vez más fuertes. La última raíz de la crisis es para él, el hueco entre el valor-de-uso y el valor-de-cambio: la lógica del valor-de-cambio sigue su propio camino, su propio baile enfadado, independiente de las necesidades reales de las personas reales. Puede parecer que este análisis es más real hoy, cuando la tensión entre el universo real y lo real está alcanzando proporciones casi palpablemente insufribles: por un lado, nosotros estamos locos, especulaciones solipsistas sobre los futuros, fusiones, y así sucesivamente, que siguen su propia lógica inherente; por otro lado, la realidad está alcanzándome la forma de catástrofes ecológicas, pobreza, enfermedades en el Tercer Mundo, el derrumbamiento de vida social, la enfermedad de las vacas locas.

Esta es la razón por la que los cyber-capitalistas pueden aparecer hoy como los capitalistas paradigmáticos; esta es la razón por la qué Bill Gates puede soñar el ciberespacio como aquello que mantiene el marco de lo que él llama “capitalismo sin fricciones.” Lo qué nosotros tenemos aquí es un corto circuito ideológico entre las dos versiones del hueco entre la realidad y la virtualidad: el hueco entre la producción real y el dominio virtual, espectral del Capital, y el hueco entre la realidad de la experiencia y la realidad virtual del ciberespacio. Parece efectivamente que el hueco entre el yo de la pantalla fascinante y la carne miserable que soy “yo” fuera de-pantalla se traduce en la experiencia inmediata como el hueco entre lo Real de la circulación especulativa del capital y la realidad pardusca de masas empobrecidas. Sin embargo, ¿esta es (este recurso a “realidad” que quiere más pronto o después alcanzar el juego virtual) realmente la única manera operacional de una crítica del capitalismo? ¿Y si el problema del capitalismo no es este solipsistico baile enloquecido sino precisamente lo contrario: que continúa repudiando su hueco con la “realidad”, qué se presenta como sirviendo a las necesidades reales de las personas reales? La originalidad de Marx es que el jugó con ambas tarjetas simultáneamente: el origen de las crisis capitalistas es el hueco entre el valor-de-uso y el valor-de-cambio, y el capitalismo reprime el libre despliegue de la productividad.

Lo qué todo esto significa es que la tarea más urgente del análisis económico de hoy es, de nuevo, repetir la crítica de Marx de la economía política, sin caer en la tentación de la ideología de las sociedades “posindustriales.” Es mi hipótesis que la clave del cambio concierne al estado de la propiedad privada: el último elemento de poder y mando no es ningún más amplio último eslabón en la cadena de las inversiones, las empresas o los individuos que “realmente poseen” los medios de producción. En el capitalista ideal de hoy funciona de una manera totalmente diferente: invirtiendo el dinero prestado, no “poseyendo realmente” nada – incluso es deudor, pero, no obstante, controlando las cosas. Una corporación es poseída por otra corporación, que está pidiendo dinero prestado a los bancos, los cuales pueden últimamente manipular el dinero depositado de las personas ordinarias como nosotros. Con Bill Gates, la “propiedad privada de los medios de producción” se vuelve sin sentido, por lo menos en el significado estándar de la palabra. La paradoja de esta virtualización del capitalismo es finalmente igual a aquello que pasa con el electrón en la física de las partículas elementales. La masa de cada elemento en nuestra realidad está compuesta de su masa en reposo más el sobrante proporcionado por la aceleración de su movimiento; sin embargo, la masa de un electrón en reposo es cero, su masa consiste sólo en el sobrante generado por la aceleración de su movimiento, como si nosotros estuviéramos tratando con una nada que sólo adquiere alguna substancia engañosa hilándose mágicamente con un exceso de sí mismo. ¿No funciona el capitalismo virtual de hoy de una manera homóloga: su “valor neto” es cero, él opera directamente sólo con el sobrante que pide prestado del futuro?

Esto, exactamente, es lo que Michael Hardt y Antonio Negri están intentando hacer en su Imperio (2000), un libro que se pone como meta escribir el Manifiesto Comunista para el siglo XXI. Hardt y Negri describen la globalización como una “deterritorialización” ambigua: la victoria del capitalismos global empuja cada poro de nuestras vidas sociales a la más íntima de las esferas, e instala en un presente siempre dinámico, qué ya no está basado en jerárquicas patriarcales u otras estructuras de dominación. En cambio, causa identidades híbridas. Por otro lado, esta corrosión fundamental de todas las conexiones sociales importantes libera al genio de la botella: libera las fuerzas potencialmente centrífugas que el sistema capitalista no es capaz de controlar. Es exactamente porque triunfo el capitalismo global que el sistema capitalista es más vulnerable que nunca. La vieja formula de Marx aún es válida: el capitalismo cava su propia tumba. Hardt y Negri describen este proceso como la transición del Estado-nación Imperio global, una entidad transnacional comparable a la Roma antigua en que las masas híbridas de identidades esparcidas se desarrollaron. Hardt y Negri merecen un elogio por iluminarnos sobre la naturaleza contradictoria del “turbocapitalismo” de hoy e intentar identificar el potencial revolucionario de su dinámica. Este esfuerzo heroico se pone en sí mismo contra la visión estándar de aquéllos en la izquierda que se esfuerzan por limitar los poderes destructivos de la globalización y rescatar (lo que de la izquierda se puede rescatar) el Estado de bienestar. Esta visión izquierdista estándar se imbuye de una desconfianza profundamente conservadora de la dinámica de la globalización y la digitalización, lo cuál es contrario a la confianza marxista en el poder del progreso.

No obstante, uno inmediatamente intuye los límites del análisis de Hardt y Negri. En su análisis social-económico, la falta de visión concreta es disimulada por la jerga deleuziana de multitud, deterritorialización, etc. No es ninguna sorpresa que las tres “propuestas prácticas” con las que el libro finaliza aparezcan de modo anticlimaticos. Los autores proponen enfocar nuestra lucha política en tres derechos globales: los derechos a la ciudadanía global, un ingreso mínimo, y la re-apropriación de los nuevos medios de producción (es decir el acceso a y el control sobre educación, información y comunicación). Es una paradoja que Hardt y Negri, los poetas de la movilidad, la variedad, la hibridación, y así sucesivamente, formulen tres demandas en la terminología de los derechos humanos universales. El problema con estas demandas es que ellos fluctúan entre el vacío formal y la radicalización imposible. Permítasenos tomar el derecho a la ciudadanía global: teóricamente, este derecho debe aprobarse, por supuesto. Sin embargo, si esta demanda significa ser tomada seriamente como una declaración formal típica de las Naciones Unidas, entonces significaría la abolición de las fronteras estatales; bajo las condiciones del presente, semejante paso activaría una invasión de la mano de obra barata de la India, China y Africa en los Estados Unidos y Europa Occidental, qué produciría una revuelta populista contra inmigrante – un resultado de tales proporciones violentas que harían parecer a figuras como Haider en modelos de tolerancia multicultural. Lo mismo es válido con respecto a las otras dos demandas: por ejemplo, el derecho universal (mundial) a un ingreso mínimo-por supuesto, ¿por qué no? Pero, ¿cómo debe uno crear las condiciones socio-económicas e ideológicas para que estalle semejante transformación?

Esta crítica no sólo apunta a detalles empíricos secundarios. El problema principal con Imperio es que el libro se queda corto en su análisis fundamental de cómo (si en todo) el presente proceso global, socio-económico creará el espacio necesario para tales medidas radicales: ellos no repiten, en las condiciones de hoy, la línea argumentativa de Marx de que la perspectiva de la revolución proletaria surgira fuera de los antagonismos inherentes al modo de producción capitalista. En este aspecto, Imperio sigue siendo un libro del pre-marxista. Sin embargo, quizás la solución es que no es suficiente retornar a Marx, y repetir los análisis de Marx, sino que nosotros debemos y necesitamos retornar a Lenin.

La primera reacción pública a la idea de reactualizar a Lenin es, por supuesto, un estallido de risa sarcástica: ¡Marx esta bien, incluso en Wall Street hay personas que hoy lo aman – el Marx poeta de los artículos que proporcionaron descripciones perfectas de la dinámica capitalista, el Marx de los Estudios Culturales que retrataron la alienación y la reificación de nuestras vidas diarias -, pero Lenin, no, usted no puede ser serio! ¿El movimiento de la clase obrera, el Partido Revolucionario, y los zombie-conceptos similares? ¿No representa precisamente Lenin el fracaso de poner en la práctica al marxismo, porque creo una gran catástrofe que dejó su marca en toda la política mundial del siglo XX, por el experimento del Socialismo Real que culminó en una dictadura económicamente ineficaz? Así que, en la política académica contemporánea, la idea de tratar con Lenin va acompañada de dos requisitos: sí, por que no, vivimos en una democracia liberal, hay libertad de pensamiento… sin embargo, uno debe tratar a Lenin “de una manera objetiva, crítica y científica”, no en una actitud de idolatría nostálgica, y, además, desde la perspectiva firmemente arraigada en el orden político democrático, dentro del horizonte de los derechos humanos – en eso reside la dolorosa lección aprendida a través de la experiencia de los totalitarismos del siglo XX.

¿Qué decimos nosotros ante esto? De nuevo, el problema reside en los requisitos implícitos que pueden discernirse fácilmente por el “análisis concreto de la situación concreta”, como el propio Lenin lo habría formulado. La “fidelidad al consenso democrático” significa la aceptación del presente consenso liberal-parlamentario, que evita cualquier cuestionamiento serio del orden liberal-democrático, de cómo éste es cómplice de los fenómenos que oficialmente condena, y, claro, evita cualquier esfuerzo serio por imaginar una sociedad cuyo orden socio-político sea diferente. Para abreviar, significa: diga y escriba cualquier cosa que usted quiera – con la condición de que lo que usted haga no cuestione eficazmente o perturbe el consenso político predominante. Así que todo se permite, incluso se piden temas críticos: las perspectivas de una catástrofe ecológica global, las violaciones a los derechos humanos, el sexismo, la homofobia, el antifeminismo, la violencia creciente no sólo en lejanísimos países, sino también en nuestras megalópolis, la separación entre el Primer y el Tercer Mundo, entre ricos y pobres, el impacto de la digitalización que estalla en nuestras vidas diarias… hoy no hay nada más fácil que obtener fondos internacionales, corporativos o de Estados, para una investigación multidisciplinaria de cómo luchar contra las nuevas formas de la violencia étnica, religiosa o sexista. El problema es que todo esto ocurre contra el fondo de un Denkverbot fundamental, una prohibición-para-pensar. La hegemonía liberal-democrática de hoy se sostiene por un tipo de Denkverbot no escrito similar al Berufsverbot infame en la Alemania de los últimos 60s – en el momento en que uno muestra una mínima señal de comprometer un proyecto político que apunte a desafiar el orden existente en serio, la respuesta es inmediatamente: “es bondadoso, ¡pero esto necesariamente acabará en un nuevo Gulag!”

Y es exactamente esta misma cosa lo que la demanda por la “objetividad científica” significa: en el momento en que uno cuestiona seriamente el acuerdo general liberal existente, uno es acusado de abandonar la objetividad científica por posiciones ideológicas anticuadas. En cuanto a nosotros aquí, ninguno de nosotros está envuelto en ninguna actividad inconstitucional. Probablemente todos saben del sarcasmo de De Quincey sobre el “simple asesinato”: cuántas personas empezaron con un simple asesinato que a ese punto, no parecía para ellos en nada especial, y ¡terminaron comportándose mal en la mesa! A lo largo de las mismas líneas, no nos gustaría ciertamente seguir en los pasos de aquéllos que empezaron con un par de palizas inocentes a la policía y cócteles Molotov que, en ese momento, aparecía para ellos como algo que no tenía nada especial, y terminaron como ministros alemanes en el extranjero. Hay, sin embargo, un punto en el que nosotros no podemos conceder nada: hoy, la actual libertad real de pensamiento tendría que significar la libertad de cuestionar el predominante consenso liberal-democrático “pos-ideológico” – o no significa nada.

Aunque la mayoría de nosotros probablemente no está de acuerdo con Jürgen Habermas, nosotros vivimos en una era que podría designarse con uno de sus términos neue Undurchsichtlichkeit, la nueva opacidad. Más que nunca, nuestra experiencia diaria está mistificada: la modernización genera nuevos obscurantismos, la reducción de la libertad se presenta ante nosotros como la llegada a nuevas libertades. En estas circunstancias, uno debe tener especial cuidado para no confundir la ideología gobernante con la ideología que PARECE dominar. Más que nunca, uno debe tener presente el recordatorio de Walter Benjamín de que no basta con preguntarse cómo es que una cierta teoría (del arte) se declara a sí misma como legitima teniendo en cuenta las luchas sociales – uno también debe preguntarse cómo funciona eficazmente EN estas mismas luchas. En el sexo, la actitud hegemónica eficaz no es la represión patriarcal, sino la promiscuidad libre; en el arte, las provocaciones en el estilo de las conocidas exhibiciones “Sensation” SON la norma, el ejemplo del arte totalmente integrado en el establishment.

Por consiguiente, uno esta tentado a invertir la tesis XI de Marx. Hoy la primera tarea es precisamente no sucumbir a la tentación de actuar, de intervenir directamente y cambiar las cosas (qué nos conduciría entonces inevitablemente al final de un callejón sin salida, a una debilitadora imposibilidad: “¿qué puede uno hacer contra el capital global? “). Más bien, la tarea es cuestionar las coordenadas ideológicas hegemónicas, o, como Brecht lo puso en su Me Te, “Pensar es algo que precede a la acción y sigue a la experiencia.” Si hoy uno sigue directamente el llamado para actuar, este acto no se realizará en un espacio vacío – será un acto dentro de las coordenadas de la hegemonía ideológica: aquellos que “realmente quieren hacer algo para ayudar a la gente” se involucran en (indudablemente honorables) hazañas como el de los Medecins sans frontiere (Médicos sin frontera), Greenpeace, feministas y campañas anti-racistas, todas las cuales no son sólo toleradas, sino incluso apoyadas por los medios, aun cuando ellos entran aparentemente en el territorio económico (diciendo, denunciando y boicoteando a compañías que no respetan las condiciones ecológicas o qué usan mano de obra infantil). Ellos son tolerados y apoyados con tal de que se mantengan dentro de un cierto límite. Permítanme tomar dos temas predominantes de la academia radical americana de hoy: los estudios poscoloniales y los estudios queer (gay). El problema del poscolonialismo es indudablemente crucial; sin embargo, los “estudios poscoloniales” tienden a traducirlo todo a la problemática multiculturalista de las minorías colonizadas y su “derecho para narrar” su experiencia de víctimas, de los mecanismos de poder que reprimen la “diferencia”, para que, al final del día, nosotros aprendemos que la raíz de la explotación poscolonial es nuestra intolerancia hacia el Otro, y, además, que esta intolerancia está arraigada en nuestra intolerancia hacia el “extraño en nosotros”, en nuestra incapacidad para confrontar lo que nosotros reprimimos en y de nosotros. La lucha político-económica se transforma así imperceptiblemente en un drama pseudo-psicoanalítico del sujeto que es incapaz de confrontar sus traumas internos. La verdadera corrupción de la academia americana no es principalmente financiera, no sólo es que ellos puedan comprar a muchos intelectuales críticos europeos (incluido yo – hasta cierto punto), sino conceptual: imperceptiblemente se traducen nociones de la teoría crítica “europea” al benigno universo chic de los Estudios Culturales. Con respecto a estos radicales chic, el primer gesto hacia los ideólogos y practicantes de la “tercera vía”, esto debe ser una alabanza: por lo menos ellos juegan su juego de un modo recto, y es honrado en su aceptación de las coordenadas capitalistas globales, en contraste con los Izquierdistas académicos pseudo-radicales que adoptan hacia los ideólogos vulgares la actitud de desdén absoluto, mientras su propia radicalidad finalmente equivale a un gesto vacío que no obliga a ninguno de ellos a algo determinado.

“Lenin” no es para nosotros el nombre nostálgico para la vieja certeza dogmática; totalmente lo contrario, para ponerlo en términos de Kierkegaard, EL Lenin que nosotros queremos recuperar es el Lenin-in-becoming, el Lenin cuya experiencia fundamental era arrojar una nueva constelación dentro de la catástrofe, en la que las viejas coordenadas demostraban ser inútiles, y que así fue obligado a reinventar al marxismo – recordemos sus mordaces y oportunos comentarios a propósito de algún nuevo problema: “Sobre esto, Marx y Engels no dijeron una palabra.” La idea no es retornar a Lenin, sino repetirlo en el sentido Kierkegaardiano: para recobrar el mismo impulso en la constelación de hoy. El retorno a Lenin no apunta nostálgicamente al renacimiento de los “viejos buenos tiempos revolucionarios”, ni al ajuste oportunista-pragmático del viejo programa a las “nuevas condiciones”, sino a repetir, en las presentes condiciones mundiales, el gesto Leninista de reinventar el proyecto revolucionario en las condiciones del imperialismo y el colonialismo, más precisamente: después del colapso político-ideológico de la larga era del progresismo en la catástrofe de 1914. Eric Hobsbawn definió el concepto de siglo XX como el tiempo entre 1914, el fin de la larga expansión pacífica del capitalismo, y 1990, la emergencia de la nueva forma de capitalismo global después del derrumbamiento del Socialismo Realmente Existente. Qué hizo Lenin con respecto a 1914, que nosotros debamos hacer con respecto a 1990. “Lenin” representa la libertad forzada para suspender la vieja y agotada existencia de las coordenadas (pos)ideológicas, el debilitante Denkverbot en que nosotros vivimos – simplemente significa que estamos autorizados para pensar de nuevo.

La posición de Lenin contra el economismo así como contra la política pura es crucial hoy, a propósito de la actitud hendida hacia la economía en (lo que queda de) los círculos radicales: de un lado, los antes mencionados “políticos” puros que abandonan la economía como sitio de lucha e intervención; por otro lado, los economistas, fascinados con el funcionando de la economía global de hoy, qué evitan cualquier posibilidad de una intervención política apropiado. Hoy, más que nunca, nosotros debemos retornar a Lenin: sí, la economía es un dominio importante, la batalla se decidirá allí, uno tiene que romper el hechizo del capitalismo global – pero la intervención debe ser propiamente política, no económica.

La batalla a ser luchada es así doble: primero, sí, anticapitalismo. Sin embargo, anticapitalismo sin problematizar la forma política capitalista (la democracia parlamentaria liberal) no es suficiente, no importa cuán “radical” sea. Quizás el señuelo hoy es la creencia de que uno puede minar al capitalismo sin problematizar efectivamente el legado liberal-democrático que – como algunos Izquierdistas afirman – aunque haya sido engendrado por el capitalismo, la autonomía adquirida puede servir para criticar al capitalismo. Este señuelo es estrictamente correlativo a su aparente contrario, la pseudo-deleuziana representación poética fascinante/fascinado de amor-odio del Capital como un monstruo/vampiro rizomatico que desterritorializa y traga a todos, indomable, dinámico, aumentando la vida del muerto, cada crisis lo hace más fuerte, Dionisos-Fénix renaciendo… Es en esta poética referencia (anti)capitalista de Marx que Marx es el realmente muerto: despojado de su aguijón político.

En todo esto, entonces, ¿dónde esta Lenin? Según la doxa predominante, en los años posteriores a la Revolución de octubre, la disminuida fe de Lenin en las capacidades creativas de las masas lo llevaron a enfatizar al papel de la ciencia y los científicos, con la confianza en la autoridad del experto: él aclamo “el principio de ese feliz tiempo cuando la política retrocederá al trasfondo… y los ingenieros y agrónomos tendrán la mayor parte de la palabra.” ¿Tecnocracia pos-política? Las ideas de Lenin sobre cómo el camino que el socialismo tiene que recorrer pasa a través del terreno del capitalismo de monopolio pueden parecer gravemente ingenuas hoy:

<<El capitalismo ha creado un aparato de contabilidad en la forma de los bancos, sindicatos, servicio postal, sociedades de consumidores, y uniones de empleados de oficina. Sin los grandes bancos el socialismo sería imposible… nuestra tarea consiste meramente aquí en amputar lo que mutila capitalistamente este excelente aparato, hacerlo aun más grande, aun más democrático, aun más abarcador… Será un registro nacional, una contabilidad nacional de la producción y distribución de los bienes, esto será, por así decirlo, algo así como la naturaleza del esqueleto de la sociedad socialista>> (Lenin 1960-70, 26: 106)

¿No es ésta la expresión más radical de la noción de Marx del intelecto general que regula toda la vida social de una manera transparente, del mundo pos-político en el qué la “administración de las personas” será suplantada por la “administración de las cosas”? Es, por supuesto, fácil jugar contra esta cita la carta de la “crítica la razón instrumental” y el “mundo administrado (verwaltete Welt)”: el potencial “totalitario” esta inscrito en esta misma forma de control social total. Es fácil comentar sarcásticamente cómo, en la época estalinista, el aparato de administración social se volvió efectivamente “aun más grande”. No obstante, ¿esta visión pos-política no es acaso el opuesto extremo de la noción maoísta de la eternidad de la lucha de la clases (“todo es político”)?

Sin embargo, ¿es todo tan inequívoco? ¿Y si uno reemplaza el ejemplo (obviamente anticuado) del banco central con la World Wide Web, el candidato perfecto actual para el papel del Intelecto General? Dorothy Sayers planteaba que la Poética de Aristóteles es efectivamente la teoría de la novelas de detectives avant la lettre – pero como el pobre de Aristóteles no conoció la novela de detectives, tenía que referirse a los únicos ejemplos a su disposición, las tragedias… Siguiendo las mismas líneas, Lenin estaba desarrollando efectivamente la teoría del papel de la World Wide Web, pero, como la WWW era desconocida para él, tenía que referirse a los infortunados bancos centrales. Por consiguiente, ¿podría decir uno que “sin la World Wide Web el socialismo sería imposible… nuestra tarea aquí es sencillamente amputar lo que mutila capitalistamente este excelente aparato, hacerlo aun más grande, aun más democrático, aun más abarcador”? En estas condiciones, uno se siente tentado a resucitar la vieja, abusiva y medio-olvidada, dialéctica marxiana de las fuerzas productivas y las relaciones de producción: ya es un lugar común afirmar que, irónicamente, fue esta misma dialéctica la que enterró al Socialismo Realmente Existente: El socialismo no pudo sostener el pasaje de la economía industrial a la economía pos-industrial. Sin embargo, ¿el capitalismo realmente proporciona el marco “natural” de las relaciones de producción para el universo digital? ¿No hay también un potencial explosivo para el mismo capitalismo en la World Wide Web? ¿No es precisamente la lección del monopolio de Microsoft una lección leninista: en lugar de combatir su monopolio a través del aparato estatal (recordemos la división de la corporación de Microsoft ordenada por la Corte), no sería más “lógico” simplemente socializarlo, haciéndolo accesible libremente?

El antagonismo importante de la llamada nueva industria (digital) es así: ¿cómo mantener la forma de propiedad (privada), que es la única forma en la que puede mantenerse la lógica de la ganancia (veamos también el problema de Napster, la circulación libre de música). ¿Y las complicaciones legales en la biogenética no apuntan hacia la misma dirección? El elemento clave de los nuevos acuerdos internacionales de comercio es la “protección de la propiedad intelectual”: siempre que, en una fusión, una gran compañía del Primer Mundo toma a una compañía del Tercer Mundo, la primera cosa que ellos hacen es cerrar el departamento de investigación. (En Eslovenia-Henkel-Zlatorog, nuestra compañía tenía que firmar un acuerdo formal ¡para no hacer ninguna investigación!). Las Paradoja qué involucran a la noción de propiedad con las paradojas dialécticas son extraordinarias: en la India, las comunidades locales descubren de repente que las prácticas médicas y materiales que ellos han estado usando durante siglos son poseídos ahora por compañías norteamericanas, de manera que ahora deben comprárselas a ellos; con los compañías biogenéticas que patentizan genes, todos nosotros estamos descubriendo que partes de nosotros, nuestros componentes genéticos, ya son propiedad registrada, poseída por otros.

Hoy, ya no podemos discernir las señales de un tipo de malestar general – recordemos la serie de eventos normalmente agrupados bajo el nombre de “Seattle.” Los 10 años de luna de miel del capitalismo global triunfante han terminado, la largamente-retrasada “comezón del séptimo año” ya está aquí – atestigüemos las reacciones de pánico de los grandes medios de comunicación, – desde la revista Time a CNN – de repente, todos empezaron a advertir sobre la existencia de marxistas que manipulan a la muchedumbre de manifestantes “honestos.” El problema ahora es el estrictamente leninista – cómo actualizar las imputaciones de los medios de comunicación: cómo inventar la estructura organizacional que conferirá a esta inquietud la forma de una demanda política universal. De no ser así, el momento, la oportunidad se perderá, y lo que permanecerá será una perturbación marginal, quizás organizada como un nuevo Greenpeace, con cierta eficacia, pero también con metas estrictamente limitadas, con estrategias de marketing, etc. En otros términos, la lección “leninista” clave hoy es: política sin la forma organizacional de partido es política sin política, de modo que la respuesta para aquéllos que simplemente quieren los (atinadamente llamados) “Nuevos Movimientos sociales” es la misma respuesta de los jacobinos a los compromisarios girondinos: “Ustedes quiere la revolución sin revolución!” El obstáculo de hoy es que parece haber sólo dos caminos abiertos para el compromiso socio-político: o jugar el juego del sistema, comprometerse en una “larga marcha a través de las instituciones”, o actuar en los nuevos movimientos sociales, desde el feminismo a través de la ecología al anti-racismo. Y, de nuevo, el límite de estos movimientos es que ellos no son políticos en el sentido del Universal Singular: ellos son “un movimientos contra un sólo problema”, que carecen de la dimensión de la universalidad, es decir, no se relacionan con la totalidad social.

Aquí, el reproche de Lenin a los liberales es crucial: ellos sólo explotan el descontento de las clases trabajadoras para fortalecer su posición vis-à-vis frente a los conservadores, en lugar de identificarse con ese descontento hasta el final. ¿No es este el caso con los liberales de izquierda de hoy? Les gusta evocar el racismo, la ecología, los agravios a los obreros, etc., para anotar puntos sobre los conservadores sin poner en peligro el sistema. Recordemos cómo, en Seattle, el propio Bill Clinton se refirió diestramente a los manifestantes que estaban afuera, en las calles, recordándoles a los líderes reunidos dentro del palacio sitiado que ellos debían escuchar el mensaje de los manifestantes (el mensaje que, por supuesto, Clinton interpretó, fue privado de su aguijón subversivo atribuido a los extremistas peligrosos que introducen el caos y la violencia en la mayoría de los manifestantes pacíficos). Pasa lo mismo con los todos los Nuevos Movimientos Sociales, hasta con los Zapatistas en Chiapas: la política del sistema esta siempre lista para “escuchar sus demandas”, privándolas de su aguijón político apropiado. El sistema es por la definición ecuménico, abierto, tolerante, preparado para “escuchar” a todos – aun cuando uno insista en sus propias demandas, ellos la privan de su aguijón político universal por la misma forma de la negociación. La verdadera Tercera Vía que nosotros tenemos que buscar es esta tercera vía entre la política parlamentaria institucionalizada y los nuevos movimientos sociales.

Repetir a Lenin es así aceptar que “Lenín está muerto”- que su solución particular falló, incluso falló monstruosamente, pero que había una chispa utópica que merece ser salvada. Repetir a Lenin significa que uno tiene que distinguir entre lo que Lenin hizo efectivamente y el campo de posibilidades que él abrió, la tensión entre lo que Lenin hizo efectivamente y otra dimensión, lo que estaba “en Lenin más que en el propio Lenin”. Repetir a Lenin no es repetir lo que Lenin hizo sino lo que él no hizo, sus oportunidades erradas.

Referencias

-Hardt, Michael, y Antonio Negri. Empire. 2000. Cambridge,Mass.: Harvard University Press. (Hardt, Michael, y Antonio Negri. Imperio, Buenos Aires, 2002, ed. Paidós)

-Lenin, V.I. 1960-70. Collected Works. 45 vols. Moscow: Foreign Languages Publishing House.

Título Original: Have Michael Hardt and Antonio Negri Rewritten the Communist Manifesto For the Twenty-First Century?

Extraído de: Rethinking Marxism, Volume 13, Number 3/4 2001

http://www.egs.edu/faculty/zizek/zizek-have-michael-hardt-antonio-negri-communist-manifesto.html

http://www.lacan.com/zizek-empire.htm

 

Traducción al idioma español: http://es.geocities.com/zizekencastellano/arthardtnegri.htm

 

Negri-Hardt contra Gengis-Khan

Pelayo Pérez García

Se muestra la frágil retórica política, de filosofía política falsa y no materialista,
sobre la que se sustenta el
<<Imperio>> de Antonio Negri y Miguel Hardt

Miguel Hardt, norteamericanoEl imperio de Miguel Hardt y Antonio NegriAntonio Negri, italiano

«Propiamente se diría que “borran” los fenómenos del conjunto referencial, porque la reducción que han logrado es una reducción débil, sin retorno: es el caso de las Ideas –átomos– de Demócrito aplicadas al análisis de la Química. Otras veces, las Ideas logran incorporar importantes masas de fenómenos del conjunto de referencia, como si quisieran desbordarlo para resolverse en una realidad intencionalmente transcendente (…): hablaríamos entonces de formalismos genéricos, de reducciones débiles, como pudieran ser, por ejemplo, el reduccionismo economicista o etologista en teoría política (lo que no excluye que a través de estas reducciones puedan alcanzarse determinaciones de relaciones significativas entre los fenómenos). Todo reduccionismo débil (es decir, sin retorno) podrá considerarse como un formalismo. Otras veces las formas separadas se alejan tanto de los fenómenos a los que se refieren y de un modo tan oblicuo que constituyen auténticos “puntos de fuga”, formalismos metafísicos…»

(Prólogo de Gustavo Bueno, páginas 12-23, a Los dioses olvidados, de Alfonso F. Tresguerres.)

Las líneas anteriores no han sido elegidas al azar, pero sí con una intención doble. La primera es directa y, en nuestra opinión, calificaría rápidamente el libro de Miguel Hardt y Antonio Negri, Imperio (versión española en Paidós, Buenos Aires 2000), cuya traducción fue publicada entre nosotros con grande aparato crítico de resonancias publicitarias apenas disimuladas, cuando no respondiendo a un movimiento ideológico que acoge en su seno el trabajo de sus autores, un trabajo que nos parece neutralizador y cómplice, antisocialista diríamos, cuando no mistificante. Y ello sin que dejemos de reconocer el esfuerzo y la profusión de datos, de informaciones, incluso de argumentaciones más o menos logradas que le dan, entre otras razones, ese aspecto, tan alabado por cierto, de encontramos ante un ensayo político «mayor», incluso ya considerado como la «superación» de Marx. Para eximirnos de todo comentario, aunque sea irónico, remitimos al anterior libro de Negri a este que nos ocupa, y suponemos «preparatorio» de tan excelsa como titánica empresa, acerca de Marx (Más allá de Marx, 1998; versión española en Akal, Madrid 2001). Las líneas del prólogo de Bueno al libro de Tresguerres, elegidas por nosotros y tomadas como referente diagnóstico, resumen nuestra impresión tras haber recorrido un texto donde el «formalismo» y la genericidad se extienden sin rubor durante más de 400 páginas. Negri ya había dado muestras de escribir sin que el lector supiera muy bien qué era lo que quería decir. Ello podrá comprobarse en un ensayo «clásico» y clave para entender este pretencioso Imperio, nos referimos a su inextricable estudio sobre Espinosa, La anomalía salvaje (Antrophos, Barcelona 1993). Si hacemos mención expresa de este ensayo es porque ahí Negri no sólo pretende interpretar a Espinosa, cuyos conceptos utilizará de nuevo en este ensayo actual, atravesando a su manera tanto la Ética como sus tratados políticos (sea el «breve tratado», sea «el tratado teológico-político»), sino porque es mediante este autor que nuestros autores pretenden entroncar con su modelo mayor ontológico-político, el «esquizoanálisis capitalista» de Deleuze-Guattari.

Ahora bien, nosotros consideramos que la pareja Hardt y Negri no es una pareja cualquiera y que el formalismo genérico que han utilizado tiene que ver con la «fantasía» de su emparejamiento. Pues es este un emparejamiento que pretende seguir los pasos de aquellos que se muestran como sus modelos, ya que el alter ego dual de nuestros autores no es otro que el de Gilles Deleuze y Felix Guattari. Michael Hardt y Negri ya han colaborado anteriormente, con lo cual es de esperar estén ya preparando otro éxito editorial y «político». El núcleo que une a los cuatro sería Espinosa, aunque las diferencias sean abismales. Hardt, hay que resaltarlo para que resulte válida nuestra presunción, es un profesor de literatura en la Universidad Duke de EE. UU. y está especializado en la obra deleuziana, con lo cual todo se explica… a la americana. Dejando las ironías a un lado, intentemos mostrar nosotros el «núcleo» de la cuestión, que no es otro que aquel al cual da título el libro que comentamos: Imperio.

Ahora bien, la primera sorpresa que recibimos según vamos leyendo es la ausencia de todo análisis respecto a «la palabra, al concepto, a la categoría o a la idea misma de Imperio». Lo que sea «un imperio» se da no sólo por conocido sino por innecesario de cualquier análisis –económico, político, social, &c.– al respecto. La referencia explícita, y única, al modelo romano no suaviza la impresión de perplejidad recibida, dadas las características y pretensiones del libro en cuestión, sino que se agrava, puesto que el Imperio romano es tomado como referente, sí, pero se nos da como un mero sintagma digamos «histórico-filológico», sin adentramos realmente en su génesis, en sus causas, en su dinámica, en las relaciones y operaciones que lo llevan a ser tal. El «modo de producción» y otros categoremas socioeconómicos entretejen mal que bien esta ausencia de categorización que, sin embargo, se da por buena. Es decir, es una ausencia lo que se toma como referente fuerte, histórico, «material» de la hipótesis que el libro desarrolla. La hipótesis tiene que ver con la actualidad «global», con el desbordamiento, tras la caída del muro de Berlín y del contramodelo soviético, del sistema de producción capitalista, cuyo centro maquínico-imperial es ahora EE. UU. Es una versión sofisticada del librito ya famoso de James Petras y Henry Veltmeyer, otro emparejamiento más (El Imperialismo en el siglo XXI, la globalización desenmascarada, Editorial Popular, 2002) lo que tenemos aquí, y en este sentido ofrece más materiales, más literatura política y más conexiones es cierto, pero también más agujetas y muy pocos frutos.

Las referencias a las máquinas o la territorializacióndesterritorialización, que tanto juego permiten a lo largo del texto, nos remiten a Gilles Deleuze y a Felix Guattari, así pues a sus análisis sobre «capitalismo y esquizofrenia» iniciados en los años 70 con su célebre Antiedipo (1972, reeditado en español por Paidós, 2000), que destacó el concepto «rizomático» frente al dominante hasta entonces, el «arborescente», como imagen del conector, del cerebro, de la materia general y su modo de clasificación, de lo múltiple en fin entretejiéndose maquínicamente. «Máquinas deseantes» y «máquinas de guerra» nos llevaron en Mil Mesetas (Pre-textos, 1988) por configuraciones y planos, a través de los análisis conductuales, operatorios, desde la garrapata estudiada por von Uexküll hasta el trabajo y la plusvalía en Marx o la familia nuclear en Freud. Pero lo que en los autores franceses respondía a una filosofía materialista «sin sujeto», y donde la subjetividad aparecía como trasunto monadológico (veáse El Pliegue o Empirismo y subjetividad de G. Deleuze) determinado por el juego maquínico de esta rizomática universal, en Negri y el comentarista americano de Deleuze se pierde toda conjugación ontológica, todo el esfuerzo por atrapar y salvar los fenómenos, se esté o no de acuerdo con la trama deleuziana, para recaer ahora en la espuma desconectada de aquel potente océano pensante.

En los autores franceses podemos comprobar, con mejor o peor suerte, que sí se cumple lo que Gustavo Bueno esclarece en el prólogo citado respecto al materialismo y al formalismo, pues estos autores conectan, descienden, retornan desde los desmenuzamientos fenoménicos hasta sus configuraciones actuales, sea a través del campo psicoanalítico, sea por el de la etología, la física o la política y «la cultura». Frente al estructuralismo y al «corte epistemológico» vigente entonces en Francia y al cual, vía Althusser (Para leer el Capital, y Pour Marx se publican a partir de 1965), Negri se adhería, Deleuze mostró un potente pensamiento que se enfrentaba incluso al de su amigo, el epistemológico y muy postmoderno, Michel Foucault (Las Palabras y las Cosas, 1966). De aquellas lizas se desmarcó, o fue desmarcado, como se sabe, Antonio Negri, pero también una época que llegaba a su fin.

La renovación de la «filosofía política» se inicia en ese mismo período (y en los EE. UU., con la aparición del peculiar roussonianismo metafísico de John Rawls y su Teoría de la Justicia publicada en 1970 –versión española en Tecnos, 1999–, cuyo mérito fue propiciar reacciones y remociones que aún nos afectan), como reacción al fin de la modernidad y de esa «muerte del hombre» anunciada, que ya había tenido en el nazismo vencido una Realpolitik espeluznante. Y cuyo influjo a través del «humanismo» esencialista y peculiar de Heidegger, se dejó sentir, tras el impasse del existencialismo, en el pensamiento europeo que fagocita Francia y desemboca en el «corte epistemológico» y sus reacciones, insistimos, como las de Deleuze y, entre nosotros, con la crítica y «superación» del mismo por el materialismo filosófico de Gustavo Bueno. Materialismo filosófico que sí se enfrenta y desanuda el núcleo reductor de la «biopolítica» que, desde Nietzsche enlaza a través de Heidegger y Foucault, con resonancias en Deleuze como se sabe, con nuestros autores y su peculiar versión de la «voluntad de poder». La «bio-política» (y «bio-poder») se muestra como un concepto mal construido, por cuanto se mezclan en él categorías que no pertenecen a los mismos campos: el biológico y el político. Y ello por efecto del reduccionismo que venimos denunciando en este comentario, reduccionismo que en este caso afecta también a las categorías etológicas… El biologicismo es un producto del monismo materialista, y un producto inevitable, en última instancia un fisicalismo que reduce los géneros de materialidad –M2 y M3– a M1 y que, como en el caso que nos ocupa, no podrá sino producir consecuencias muy alejadas de las «pretensiones materialistas, marxistas, de sus autores», salvo que consideremos al marxismo como preso de esa misma cadena. Pero, en todo caso, lo que en Marx pudiera contemplarse como un momento necesario de la propia dialéctica del pensamiento materialista, en nuestros autores la vuelta al formalismo idealista es toda una constatación página tras página.

Porque la cuestión que nos permite el libro de Negri y Hardt es destacar el núcleo dinámico de esta dialéctica histórica, al menos de la historia del pensamiento filosófico, que entronca, aún en su diversidad, a los autores franceses y al materialismo de Bueno, en donde la cuestión del «sujeto» sí cobra una transcendencia determinante en la figura del Ego. El «sujeto de la historia» (en nuestro caso, el Imperio), las clases económicas, sociales y políticas están revoloteando fantasmáticamente a través de las páginas de este libro imposible que intenta, mediante el «novum» de su idea peculiar de Imperio, sortear la verdadera novedad de nuestra situación actual: la de encontramos en un más allá del sistema capitalista clásico. Pero, si esto es así, ¿dónde nos encontramos? No en pleno Imperio, sino en medio del imperialismo de la globalización.

Así pues, estamos donde comenzamos, ante una Idea que dirige todo un tratado supuestamente «dialéctico», político y filosófico, que se pretende crítico y determinante para entender no sólo el presente sino el futuro de la humanidad, puesto que la idea de Imperio abarca ahora al Mundo entero, dado su dominio global como no podía ser menos.

Habíamos dicho que no se nos daba ni siquiera una definición, por vulgar que fuera, de lo que sea «un Imperio» y, además, se nos imponía el modelo romano como paradigma de todo imperialismo. Hace unos días, un programa de TV divulgativo nos dijo mucho más al ofrecemos unas imágenes sobre la Mongolia actual e ilustrarla con los datos biográficos y sucintamente históricos de su prócer máximo: Gengis Khan. Las referencias al «inmenso imperio», a su extensión y duración, así como a su extinción, fueron un acicate para escribir esta nota. Pues en esas imágenes y sus ligeros y breves comentarios obtuvimos mucho más de lo que nuestros autores nos dan tras quinientas páginas exhaustivas. Claro que esto lo decimos porque teníamos en mente, funcionando como contramodelo, el libro de Bueno, España frente a Europa, donde como se sabe no sólo «imperio», sino también «nación», «reino» o Estado, entre otras categorías políticas y económicas, se entretejen para captar incluso los fenómenos «intencionales» del propio Bueno en este caso particular, España-Europa en el presente, sino también, y sobre todo, los fenómenos históricos, sociales, tecnológicos, económicos y políticos, entre otros, que su maquinaria no puede dejar de triturar y reconstruir, mostrando ejercer lo que predica críticamente frente al formalismo: no una reducción, un regressus débil y sin retorno, sino un regressus que se somete constantemente al progressus, abriendo y recorriendo así múltiples vías, nuevos trayectos, conexiones y desconexiones que no se pueden de ninguna manera destacar, «ver» en la primera operación reductora. Así, en nuestro ejemplo televisivo, podemos comprobar que en el siglo XIII, rodeados por el «Imperio chino», las tribus y hordas que ocupaban el inmenso territorio estepario de Mongolia, compuestas por cristianos nestorianos, turcos y otros, en constantes luchas entre sí, encuentran en la figura de Temudjin a un líder guerrero que unificará a las discordantes partes, convirtiéndose tras estas operaciones en Gengis Khan. La cuestión, para no alargamos, es la siguiente ¿Qué puede hacer esa «máquina de guerra» en la estepa mongola, sostenida por ganaderos nómadas que, sometidos a la dinámica de enfrentamientos y su consolidación como «totalidad» guerrera, siendo así que no hay una «nación ni un estado» tras de ella, sino expansionarse o regresar al estado anterior, el que precisamente habían «superado» mediante la guerra que gana Gengis Khan? ¿Qué puede hacer Temudjin en tanto ha dejado de ser tal y es ahora el gran Khan? O dicho directa e ingenuamente, que acaso es la mejor manera de enfocar el problema: ¿por qué Temudjin no se limitó a desarrollar Mongolia y sacar provecho de la paz conseguida? Es una pregunta no sólo ingenua sino «anacrónica», desvinculada de la realidad histórica y económica, pero que nos exigiría responderla apelando a esa «máquina de guerra» que se ensambla a través de la misma unidad de miles hombres y caballos en un territorio de tribus amenazadas. Máquina de guerra, pues, que habría que deconstruir para en su reconstrucción recorrer los fenómenos anteriores que, como tal máquina, oculta. Y lo que oculta son sus propias «partes», los cursos anteriores de su génesis, los entrelazamientos y las rupturas que en ese tejido maquínico se ha ido urdiendo: territorios, régimen económico y social, nomadismo, &c. Así pues, lo que se nos oculta es la estructura misma de la máquina. Es decir, Timudjin no puede hacer sino convertir esa maquinaria de guerra «en una máquina imperialista»: así pues invadir China, el imperio amenazante del sur. Imperio que se segrega de todas estas operaciones y relaciones implicadas y unificadas bajo el concepto de «máquina de guerra». Así pues, al hilo de nuestro comentario del libro de Negri-Hardt, lo que se nos oculta es precisamente la estructura misma de lo que sea el Imperio. Ahora bien, al igual que no reduciríamos el análisis del imperio mongol a la figura de Timudjin-Gengis Khan, apelando a las características extraordinarias, psicológicas, del «líder» que demostró ser, a su ambición o a su deseo, por ejemplo, tampoco lo haríamos apelando a la categoría espinosista del conatus, puesto que nos parece aplanada, recubierta por «la voluntad del bio-poder», por el deseo… y no por que la neguemos, sino porque su importancia requiere una inserción justificada, un «explicación» de la misma categoría espinosista que se nos ofrece desligada de su obra –de su ontología–, y utilizada por el sólo argumento de autoridad destacado por nuestros autores, como motor maquínico, por cuanto más bien veríamos a la «máquina del deseo» –es decir, la conjunción operatoria de los hombres– convirtiéndose en una «máquina de guerra» –la conjunción operatoria de los hombres-guerreros– que, desde las categorías económicas y etológicas –el modo de producción y el comportamiento de las hordas que habitaban un territorio sin «gobierno», sin ciudades ni agricultura, nómada y ganadero, &c.–, nos permitirían trazar el círculo recurrente de los mongoles que, cercados por China, y por la propia dinámica de enfrentamientos, conduce a una solución «superior», a una unidad maquínica impresionante, que en esa época contiene, por ejemplo, 200.000 guerreros a caballo, frente a Francia, que apenas sobrepasaba los 1.000, de donde que una tal «totalidad operatoria», una tal totalidad de seres vivos –guerreros y animales– produce al personaje emperador Gengis Khan, por cuanto esa maquinaria conlleva su implosión imperial… salvo regresión, por su desmantelamiento –¿y cómo podría suceder sin caer en la fantasía hipostasiante de la categoría «maquina»?– a la desmembración anterior, es decir, a la «guerra civil entre hordas», que era lo que se había superado. En este movimiento de superación-conservación, el «tiempo» agotará la onda expansiva y con ella al imperio mongol tras doscientos años del dominio territorial más extenso de la Tierra. Una de las consecuencias fue la consolidación y unidad de China. Otra la ascensión posterior del turco-mongol Tamerlán. Lo notorio para el caso, es la «desnudez territorial» de este imperio, y la no creación de estructuras políticas. Pero justo por ello, el caso mongol nos permite ver la gestación de la maquinaria imperialista, su misma com-posición, partes extra partes, del sistema maquínico de guerra configurado por las relaciones hombres-caballos-estepa-tribus… y su desaparición por agotamiento. Este sí es un «novum», pero producido por estas relaciones unificadoras, materiales, que el proceso tribal mongol llevó a cabo en esa época.

De semejante modo, Alejandro Magno inicia su andadura al unificar las ciudades-estado helénicas frente a la amenaza secular de los persas y los enfrentamientos internos debilitantes. Alejandro llegará a ser el Magno al insertarse, al estar intercalado en el despliegue militar y político que, antecediéndole, lo circunscribía, convirtiéndose en una especie de «cibernetés» de ese movimiento de «retroalimentación» en que se convirtió el sistema político helénico. Así, ahora, podríamos acceder a la comprensión de lo que sea «el Imperio» y el Imperio romano en particular, influenciado como se sabe por Grecia y movido por similares marcos y piezas que, en este caso, cristaliza como modelo de Imperio clásico no ya por su duración, sino por las tramas que en estos se entretejen y que nos dejarían ver las diferencias entre unos y otros, diferencias que entonces será necesario insertemos en un sistema clasificatorio tan potente y discriminador como el que efectivamente Bueno despliega en su España frente a Europa.

Este libro, en definitiva, representa la negación ontológica de lo que dice analizar y exponer: el Imperio. Y lo hace precisamente por su formalismo, por ejemplificar al respecto perfectamente esa «ampliación del radio esférico», por medio del «progressus» pero que, deducidas sus formas de la supuesta relación de su entendimiento con el objeto, en este caso político, el sujeto acaba por obturar el núcleo mismo que habría que destacar, para lo cual, como sabemos, la epistemología se muestra insuficiente. Recordemos las páginas al respecto de Gustavo Bueno, en su ensayo sobre las categorías económico-políticas (G. Bueno, Ensayo sobre las categorías de la economía política, La Gaya Ciencia, Barcelona 1972). Como este es un comentario al libro de Hardt y Negri, que sin duda requiere mostrar cuanto decimos en detalle y adentrarse en la multiplicidad de fenómenos positivos destacados por los autores, dejaremos nuestra primera inmersión, bajo la conclusión a la cual hemos llegado y que hemos intentado exponer sucintamente en esta aproximación que gira enrededor del hueco postulado desde el mismo título hasta el final del texto: el libro en cuestión carece de núcleo, de centro operatorio ontognoseológico, la propia Idea de Imperio. O lo que es lo mismo, los autores ni tienen ni ejercitan la Idea de Imperio, pero sí desarrollan cientos de ideas más o menos generales, heredadas, felices e incluso acertadas bajo tal rótulo. Pero dadas sus pretensiones, y la filosofía que despliegan, este hueco se hace notorio desde el inicio del libro y, no siendo una cuestión menor, sino «la» cuestión nodular, el libro resulta tragado, negado, vaciado, abocado al sumidero que ese centro vacío los propios autores acaban por convertir en torbellino. De ahí el esfuerzo, el cansancio y la experiencia infructuosa para el lector.

Nos hemos ceñido al núcleo inexistente que la Idea del Imperio debiera, a nuestro juicio, haber desarrollado previamente a todo el desarrollo de tal categoría política, cuando además se escribe un libro de semejantes alardes y pretensiones. Y como creemos que este alabado ensayo es un ejemplo muy pertinente del «formalismo» al cual hace mención la cita de Bueno con la cual iniciamos este comentario, intentamos dentro de los límites marcados por un artículo de estas características, resaltar más bien el esplendor solar y cegador que supone el desarrollo de la Idea del Imperio desde tales perspectivas. Agujero luminoso que convierte todo el esfuerzo y todo el recorrido en un ejercicio de retórica política, de filosofía política falsa y, pese a las declaraciones de los autores, no materialista, de donde que todos los fenómenos e hipótesis, es decir, toda la «teoría» expuesta se derrumbe por carencia de ese núcleo organizador tanto del tejido como del cuerpo donde cristalizaría su despliegue. Nosotros no argüimos que no sea el Imperio romano ejemplo adecuado, no nos limitamos a contraponer otros «mejores», como el Mongol (el cual acaso ni siquiera alcanza la categoría de «imperio» verdadero), ni la ausencia de toda referencia al imperio español, puerta de entrada en la modernidad acaso en y por su misma dialéctica con otros reinos y naciones, modernidad resultante de sus relaciones dialécticas con ellos, a la manera en la que uno de los resultados de la maquinaria de guerra imperial mongola fue la unificación Ming china y cuya huella, entre otras, podemos comprobar en la Gran Muralla, frontera real, positiva, no sólo frente a los guerreros posibles sino frente al ganado real, intrusivo y depredador de sus campos, por ejemplo. Nosotros argumentamos que sin la reconstrucción de la Idea de Imperio, a partir de su esencia nuclear, anterior incluso al fenómeno Mongol, no podemos avanzar e ir recogiendo las propuestas de Negri y Hardt, pues éstas están realmente desconectadas de los fenómenos materiales, como los que la «razón económica» ordena desde su misma configuración primitiva, anterior a todo concepto de reino o nación, por ejemplo, pero diferenciada ya de los comportamientos animales de alimentación y supervivencia, en tanto en cuanto esa racionalidad se encuentra determinada por relaciones antropológicas, técnicas y «políticas» implicadas en la propia categoría económica, que su rastro filológico destaca: el orden doméstico.

Con este último apunte cerraremos estas páginas que, sin duda, exigirían un recorrido pormenorizado por los capítulos y contenidos del libro en cuestión, así como un despiezamiento de sus construcciones, de sus argumentos, sea para compartir algunas de sus tesis, sea para negarlas. Pero no era esa nuestra pretensión ahora y aquí, sino destacar el carácter vacío e ideológico de su abrumadora «procesión» de formas. En este sentido, remitimos al final del ensayo de Gustavo Bueno sobre las categorías económico políticas, donde a partir de una rectificación del concepto de «reforma del entendimiento» del propio Espinosa, sin embargo enfoca con esa reforma del entendimiento una vuelta de tuerca frente a las «formas» que en el progressus ese entendimiento encontraría, a la manera como el individuo plotiniano contempla la procesión de unas formas que, sin embargo, no puede justificar verdaderamente, es decir, no puede re-construir porque las ha reducido (y por ello deducido) previamente a sí mismo, al espíritu, al Uno de donde todo sale (veáse en especial, Gustavo Bueno, Ensayo sobre las categorías de la economía política, págs. 177-178, La Gaya Ciencia, Barcelona 1972). Ahí sintetiza Bueno, mucho mejor de lo que lo hayamos podido interpretar-resumir, la «razón dialéctica», múltiple y materialista que a lo largo de las casi doscientas páginas anteriores se enfrenta, precisamente, y por eso lo destacamos, al estructuralismo vigente, al «corte epistemológico» que tanto Althusser como Foucault, en otro sentido, habían puesto unos años antes en boga y de los cuales Antonio Negri se nutrió, pareciendo que quisiera desprenderse, junto con el deleuziano Hardt, de aquellas rémoras filosófico-políticas, pero el enfrentamiento que en los años setenta también iniciaran Deleuze y Guattari, con todas las críticas que merezcan, lo que no se merecían eran epígonos como estos.

No hemos contrapuesto éste libro al texto de Bueno citado, España frente a Europa, de una manera directa, sino oblicua y que tiene en el desarrollo de la Idea de Imperio en Bueno su modelo operatorio y gnoseológico, y no lo hemos hecho para no entrar en una polémica que no existe en principio, pero que sí se está dando en la medida en que ideas como «globalización» e «imperio», entre otras, forman ya parte del nuevo mundo en gestación. Pero el texto de Negri y Hardt no es polémico con el texto de Bueno, aunque sólo sea por la aparición de ambos casi al mismo tiempo y en líneas diferentes que, como lectores, nosotros debemos oponer, enfrentar y mantener separado aquello que no pueden involucrarse ni mezclarse en unos y otro. Pero esta posibilidad de lectura es la única y positiva aportación del libro que comentamos. Para finalizar, apuntaremos un interrogante: si el ensayo de Negri y Hardt realmente no trata del Imperio, ¿de qué trata?

Pues la tesis del libro que comentamos, la segunda línea de nuestro comentario, la hemos dejado para el final, y muy brevemente queda resumida en lo siguiente: los cambios sociopolíticos y económicos acaecidos en las últimas décadas mostrarían un agotamiento del sistema de producción capitalista «clásico y moderno», siendo así que en su transformación necesaria, la actual fase del imperialismo es considerada por nuestros autores como una verdadera «revolución», como el kairos transcapitalista. El Imperio pues resulta de este estado necesario de autosuperación de las propias contradicciones del capitalismo. Es posible que sea así, y en muchos de sus análisis así parece. Pero no nos habíamos propuesto en este comentario adentrarnos por los vericuetos y desarrollos de las tesis de nuestros autores, aspecto que se nos podría reprochar, pero que recordamos no es nuestro objetivo aquí. Es cierto que, al extraer de la «bañera» el tapón del sumidero, se escurrió por ende todo el contenido, pero eso era precisamente lo que queríamos probar, si podíamos «sacar» ese tapón, dejar al descubierto el desagüe, probando así que la tesis sostenida en el libro era realmente insostenible o, dicho de otro modo, se sostenía en el vacío, sobre un artilugio: el tapón llamado Imperio.

Terminaremos refiriéndonos a los desarrollos que Bueno ejecuta en su libro sobre España, donde el concepto de Imperio, que tiene su fuente en las categorías políticas y económicas ensayadas en dos de sus libros más notables al respecto, así como en diversos escritos, pero que se sostiene en su metodología, en realidad en toda su obra filosófica, no tanto por que ahora su «tesis» sí nos parezca del todo acertada ni porque vayamos a «reexponerla», sino al contrario, porque no vamos a hacerlo. Y ello por una cuestión de «respeto», no tanto hacia los autores y sus obras, cuanto por guardar el paralelismo en nuestro comentario, es decir por innecesario, dado que no es ese nuestro fin. Incluso podríamos, paradójicamente, estar más de acuerdo con los «desarrollos de Negri-Hardt», que en muchos aspectos sí lo estamos, que con la tesis de Bueno, que no es el caso aunque nos siga resultando problemática y discutible en sus consecuencias… Pues la cuestión que se debate aquí es la que se ciñe al concepto, a la categoría política de Imperio y en esto no podemos no estar de acuerdo con Bueno. En España frente a Europa en resolución no podemos extraer el tapón de la bañera y su contenido sigue ahí, tanto si estamos de acuerdo como si no, pero también este hecho nos permite echar mano de esos contenidos, rectificar, oponer y acaso introducir, para quienes puedan al menos, novedades y aportaciones. Lo importante, por ejemplo respecto al Imperio romano, o al Imperio Mongol aquí citado, es la categoría misma de «Imperio» construida críticamente por Bueno en las páginas fontanales de su ensayo, aspecto que en el libro que comentamos, siendo el núcleo mismo de su tesis, carece de la mínima consistencia, de «argumento» alguno, de donde que todo el contenido del libro, incluso el positivo y heurístico, se derrumba o exige una reconstrucción más sólida, como un verdadero aprovechamiento de esas armas que aconsejan utilizar para afrontar el presente. Y sin embargo, el libro que comentamos no es sino un exponente ideológico del formalismo débil que, al inicio de estas páginas, denunciábamos, muy propio por lo demás del postmodernismo, de la «fase imperialista» en la cual ellos y nosotros nos encontramos.

Terminaremos como empezamos, con una referencia de Bueno al Materialismo Histórico a raíz de la muerte de Althusser (ABC, 24 de octubre de 1990): «…insistía –en la revista Sistema donde publicara unos artículos sobre el “corte epistemológico”– en que el campo del materialismo histórico es básicamente el mismo que el de la filosofía del espíritu de Hegel. Hay una tradición completa, y no un “corte”, entre Hegel y Marx. Marx era hegeliano. Naturalmente, esto no fue aceptado por los althusserianos de la época, aunque más tarde no pareció tan disparatado.» Así pues, pasado ese tiempo de controversia al que aludía Bueno, Michael Hardt y Antoni Negri nos ofrecen sin resistencia esta nueva forma hegeliana de la Historia, anticipándonos cual será el rostro y el nombre que mostrará cuando llegue a su próximo fin, como quería Fukuyama: el Imperio como Espíritu Absoluto.

Extraído de: http://www.nodulo.org/ec/2002/n008p10.htm

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Argentina: Nue­vos ca­ce­ro­la­zos

Publicado por santiagoarmesilla en 27 Marzo 2008

Grupos de caceroleros se manifestaron en distintos puntos de la ciudad y varios llegaron hasta Plaza de Mayo para expresar su adhesión al paro agropecuario y reclamar la apertura del diálogo. También arribaron piqueteros en clara actitud intimidatoria. Se generaron incidentes frente a la Catedral y en las inmediaciones, con varios lesionados. En reiterado desafío, D’Elía copó la plaza mientras los manifestantes se retiraban para reagruparse en el Obelisco, sin policías uniformados a la vista.

Por se­gun­do día con­se­cu­ti­vo cien­tos de pro­tes­tas con ca­ce­ro­las, bo­ci­na­zos y pre­sen­cia de pú­bli­co en las ca­lles se mul­ti­pli­ca­ron ano­che en la Ca­pi­tal Fe­de­ral, los que a su vez fue­ron nue­va­men­te gol­pea­dos y hos­ti­ga­dos por gru­pos de pi­que­te­ros y sin­di­ca­lis­tas kirch­ne­ris­tas.


La Pla­za de Ma­yo vol­vió a ser el ob­je­ti­vo de gru­pos a fa­vor de la pro­tes­ta agra­ria pe­ro que an­te la pre­sen­cia in­ti­mi­dan­te de los pi­que­te­ros y mi­li­tan­tes ofi­cia­lis­tas li­de­ra­dos por Luis D’E­lía se fue­ron al Obe­lis­co (ver apar­te).


A los ma­ni­fes­tan­tes ayer se les unie­ron, mi­li­tan­tes de la Con­ver­gen­cia So­cia­lis­ta y de la Asam­blea de San Tel­mo, ocu­pa­ron un es­pa­cio fren­te a la Pi­rá­mi­de de Ma­yo.


Los he­chos de vio­len­cia se vi­vie­ron cuan­do los mi­li­tan­tes de las agru­pa­cio­nes kirch­ne­ris­tas Ba­rrios de Pie, Evi­ta Vi­ve, la Fe­de­ra­ción Tie­rra y Vi­vien­da, y sec­to­res de la CTA lle­ga­ron a la Pla­za de Ma­yo po­co an­tes de la 22 pa­ra ma­ni­fes­tar su apo­yo al go­bier­no y echa­ron de for­ma vio­len­ta a quie­nes se dis­po­nían a pro­tes­tar a fa­vor del cam­po. Se ob­ser­vó a va­rios ma­ni­fes­tan­tes con la ca­ra en­san­gren­ta­da por los gol­pes. To­do se de­sa­rro­lló an­te una no­to­ria au­sen­cia po­li­cial, que per­mi­tió a los pi­que­te­ros co­rrer a quie­nes cri­ti­ca­ban al go­bier­no. A su lle­ga­da a la Pla­za de Ma­yo, D‘E­lía se que­jó de que a los pi­que­te­ros no los tra­tan co­mo ciu­da­da­nos “y a los del cam­po les di­cen ciu­da­da­nos”. “No­so­tros es­ta­mos acá. Ve­ni­mos a cus­to­diar al Pla­za”, di­jo el lí­der pi­que­te­ro sin pre­ci­sar quien le en­car­gó tal ta­rea pe­ro lo cier­to es que se pro­du­je­ron en­fren­ta­mien­to con ma­ni­fes­tan­tes.


“Ve­ni­mos a ban­car al Go­bier­no y a la Pre­si­den­ta. Es­te pa­ro se lo ha­cen al pue­blo ar­gen­ti­no”, agre­gó el lí­der pi­que­te­ro quien ade­más con­vo­có a reu­nir­se hoy “to­dos en Par­que Nor­te” don­de se rea­li­za­rá un ac­to en fa­vor del go­bier­no.


CA­CE­RO­LA­ZOS


En tan­to, ayer a lo lar­go de to­do el día, men­sa­jes anó­ni­mos a tra­vés de los ce­lu­la­res, ca­de­nas de co­rreos elec­tró­ni­cos y blogs con­vo­ca­ron a la ciu­da­da­nía a ba­tir las ca­ce­ro­las a par­tir de las 20.


En Ca­llao y San­ta Fe se vol­vió a re­gis­trar un im­por­tan­te cor­te de ca­lles con fuer­te pre­sen­cia de per­so­nas a fa­vor del cam­po. Otro cor­te im­por­tan­te se re­gis­tró en Pa­ler­mo, en Li­ber­ta­dor y Sal­gue­ro, con la pre­sen­cia de mu­je­res y chi­cos.


Tam­bién hu­bo ca­ce­ro­la­zos en la in­ter­sec­ción de las ave­ni­das Puey­rre­dón y Co­rrien­tes y des­de al­gu­nos bal­co­nes de Re­co­le­ta y Ba­rrio Nor­te.

Tres per­so­nas he­ri­das en la Pla­za de Ma­yo


Tres per­so­nas re­sul­ta­ron ano­che con he­ri­das le­ves a raíz de los in­ci­den­tes que se re­gis­tra­ron en Pla­za de Ma­yo en­tre los ma­ni­fes­tan­tes que apo­yan el pa­ro agro­pe­cua­rio y quie­nes se pre­sen­ta­ron a res­pal­dar al go­bier­no.


Una per­so­na que in­cre­pó al ti­tu­lar de la Fe­de­ra­ción Tie­rra y Vi­vien­da, Luis D’E­lía, a quien le gri­tó “la­drón” y lo ca­li­fi­có co­mo la “Tri­ple A de Kirch­ner”, fue gol­pea­do en la ca­ra, en tan­to que un sim­pa­ti­zan­te kirch­ne­ris­ta re­ci­bió un ca­ce­ro­la­zo en la nu­ca.


A la vez, al in­gre­sar la co­lum­na de res­pal­do al go­bier­no fue agre­di­do otro ma­ni­fes­tan­te que se ex­pre­sa­ba en con­tra de las pro­tes­tas del cam­po. Los in­ci­den­tes se pro­du­je­ron en me­dio de la au­sen­cia po­li­cial, ya que no ha­bía efec­ti­vos en la pla­za.


De to­das for­mas, la ma­yor par­te de los ve­ci­nos que re­cla­ma­ron con­tra la su­ba de re­ten­cio­nes agra­rias se re­ti­ra­ron de Pla­za de Ma­yo an­tes de la lle­ga­da de los pi­que­te­ros ofi­cia­lis­tas e ini­cia­ron su pro­tes­ta sin in­ci­den­tes fren­te al Obe­lis­co por­te­ño.

En el Obelisco se reclamó en paz


Tras la vio­len­ta irrup­ción de Luis D’E­lía en la Pla­za de Ma­yo, cien­tos de per­so­nas se con­gre­ga­ron po­co des­pués de las 22 en la Pla­za de la Re­pú­bli­ca pa­ra pro­tes­tar con­tra el Go­bier­no.


Los ma­ni­fes­tan­tes que pa­cí­fi­ca­men­te se ha­bían con­gre­ga­do co­mo el mar­tes úl­ti­mo fren­te a la Ca­sa de Go­bier­no fue­ron de­sa­lo­ja­dos de la Pla­za de Ma­yo a gol­pes por los ma­ni­fes­tan­tes afi­nes al kirch­ne­ris­mo.
Los ve­ci­nos, que re­cla­man con­tra la su­ba de re­ten­cio­nes agra­rias, se con­gre­ga­ron en tor­no al Obe­lis­co don­de pa­cí­fi­ca­men­te hi­cie­ron so­nar sus ca­ce­ro­las al tiem­po que agi­ta­ban las ban­de­ras ar­gen­ti­nas y los car­te­les con­tra­rios al Go­bier­no.


De en­tre los ma­ni­fes­tan­tes se es­cu­cha­ron vo­ces con­tra­rias al dis­cur­so del mar­tes de la pre­si­den­ta Cris­ti­na Fer­nán­dez de Kirch­ner y que­jas por la vio­len­ta irrup­ción de Luis D’E­lía. Un ma­ni­fes­tan­te ar­gu­men­tó que “la de­mo­cra­cia se de­fien­de con el de­ba­te y no con go­ber­nan­tes que se en­cie­rran en sus des­pa­chos al otro días de ha­ber ga­na­do elec­cio­nes”.


Por su par­te, un hom­bre con un pe­que­ño pe­rro de ra­za de­ba­jo de uno de sus bra­zos, quien di­jo que vi­ve en el mi­cro­cen­tro por­te­ño, sos­tu­vo que “quie­nes re­pu­dia­ron al Go­bier­no y pi­die­ron que se fue­ra la pre­si­den­ta Cris­ti­na Fer­nán­dez de Kirch­ner de­ben res­pe­tar los tiem­pos re­pu­bli­ca­nos”.


Ho­ras an­tes, Ma­ría del Car­men Alar­cón, la di­ri­gen­te del gru­po Pam­pa Sur, y un gru­po de mu­je­res en­tre­ga­ron un pe­ti­to­rio di­ri­gi­do a la pre­si­den­ta Cris­ti­na Fer­nán­dez pa­ra que atien­da el re­cla­mo de los pro­duc­to­res.


Así por se­gun­do día con­se­cu­ti­vo, aun­que en me­nor nú­me­ro, ve­ci­nos de la Ciu­dad de Bue­nos Ai­res se ma­ni­fes­ta­ron en con­tra de las re­ten­cio­nes agra­rias y en apo­yo al cam­po.

Extraído de: http://www.laprensa.com.ar/tapa/nota.asp?ed=2727&tp=7&no=88027

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Terminan con disturbios movilizaciones de universitarios en Chile

Publicado por santiagoarmesilla en 27 Marzo 2008

Las movilizaciones de los estudiantes universitarios en Chile, que protestan por la tarifa escolar y el fin ‘al lucro’ en la educación, finalizaron hoy con disturbios aislados, informaron fuentes oficiales.

La movilización convocada por la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech) reunió en la intendencia regional de Valparaíso, a 120 kilómetros al oeste de Santiago, a unos 3.500 estudiantes, la mayoría, de las universidades de Playa Ancha, Federico Santa María y Pontificia Universidad Católica.

Los incidentes se produjeron cuando los estudiantes marcharon hasta la sede del Congreso Nacional en Valparaíso e intentaron traspasar las vallas de seguridad dispuestas por Carabineros.

En el lugar, la policía dispersó a los estudiantes con carros lanza aguas, pero no se informó de detenidos.

En tanto, en Santiago, la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (Fech) realizó una manifestación pacífica en el frontis de la casa central de estudios de esa universidad.

En la oportunidad los estudiantes realizaron una consulta ciudadana respecto a la Ley General de Educación y al lucro en el sistema educativo.

‘La idea, por lo menos de nuestra universidad, es desarrollar una actividad pacífica y evitar el conflicto con Carabineros’, afirmó a los periodistas el presidente de la Fech, Jaime Zamorano.

‘No queremos que se relacione con el ‘Día del Joven Combatiente”, enfatizó Zamorano, respecto del próximo sábado, cuando grupos izquierdistas recuerdan la muerte, a manos de funcionarios de carabineros, de dos hermanos, militantes de izquierda, el 29 de marzo de 1985, durante la dictadura militar.

En las ciudades de Arica, La Serena, Talca y Concepción cientos de estudiantes también se realizaron movilizaciones pacíficas con motivo del paro nacional convocada por la Confech.

Extraído de: http://actualidad.terra.es/

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Novedades en el Concurso Símbolo

Publicado por santiagoarmesilla en 26 Marzo 2008

El concurso se va cerrando. Los correos que hemos recibido no sólo han recibido varios símbolos mandados por vosotros, sino que además en ellos habéis dado vuestra opinión sobre cuáles eran los más apropiados para representar a la Izquierda Hispánica y a Iberoamérica.

También se han recibido críticas y, por fortuna, ningún insulto.

Por ello se ha decidido purgar algunos símbolos que se han considerado no apropiados y se han dejado estos que veis en la sección de Concurso Símbolo. Esto quiere decir que el concurso se ha cerrado y que se decidirá sobre los que en la sección se presentan.

Para cualquier consulta tenéis el correo disponible, pero lo suyo sería discutirlo en el hilo de discusión abierto en la sección:

izquierdahispánica@yahoo.es

Entre todos elegiremos uno y lo pondremos en todas nuestras webs y bitácoras, será el que nos represente.

Podéis ver los finalistas en la sección:

http://izquierdahispanica.wordpress.com/concurso-simbolo-de-la-izquierda-hispanica/

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