Historia de los Vascos, Tercera Parte

PREBOSTES VASCOS e HISTORIA
El INQUILINO de un caserío cualquiera del mayorazgo de Loyola o del de Lili comenzaba por pagar las décimas al patrono de la iglesia (que era el mismo señor de Loyola, o el de Lili, etc.) y una cantidad fija en especie que gravaba su producción; después, además, debía trabajar para el señor, haciéndole carbón, vigilándole sus viveros, plantándole árboles o llevándole la ‘mitad de las manzanas del año a la plaza que aquél o su administrador le señalaren.
   
 
Imagen
   
 
INDICE DE ESTA PÁGINA
Origen de los Prebostes vascos
El concepto vasco de “igualdad”
Los Millaristas
ORIGEN DE LOS PREBOSTES VASCOS
imagen

En Guipúzcoa los “prebostazgos” de las villas costeras serán patrimonio de familias de mercaderes o de linajes nuevos.
Deva, en la misma ruta de las lanas de Burgos, pertenecerá a fines del siglo XV a los Idiaquez; el “prebostazgo” de San Sebastián corresponderá a los Engomez, familia de mercaderes gascones y el de Fuenterrabía (desde donde se exporto el hierro navarro a Burdeos e Inglaterra) estará en manos de los Benesa, una familia de marinos y mercaderes muy poderosos. Todo esto sirve para caracterizar el advenimiento de una nueva clase.

A comienzos del siglo XVI se produce un gran aumento de población (aun hoy no cuantificado en el País); esto origina un aumento de la demanda y, de paso, provoca un incremento de la renta de la tierra (siempre insuficientes, no obstante, para producir al ritmo de las exigencias de la demanda).

En esta coyuntura el régimen señorial se encuentra con una resistencia del campesinado que aumenta de día en día. Cuando el señor de Loyola funda su mayorazgo en 1535, sus ferrerías no funcionan.

Otros señores menos poderosos se ven abocados a la ruína por los interminables pleitos que curas y “con-unidos” les plantean una y otra vez en punto a los natos eclesiásticos, a la percepción de diezmos en le, etc.

Los tribunales eclesiásticos son los mejores defensores de curas y concejos contra los perceptores de diezmos. Estos temen, cada vez más, verse envueltos en esta clase de procesos porque los tribunales de la Iglesia dan raz6n casi siempre a los curas.

Tal es el aspecto que presentan los patrimonios de los parientes mayores a mediados del siglo XVI, en un momento en que la población crece y la demanda con ella (al aumentar el número de consumidores).

Esta circunstancia —al aproximarse la contracción de fines del siglo—, hizo que los “parientes mayores” sobrevivieran a duras penas. Su poder social se resintió y su potencia económica se salvó a duras penas, fundando mayorazgos y vinculando su riqueza.

No obstante hay que hacer salvedades. El hermano de San Ignacio que fundó el mayorazgo de Loyola había comprado varios caseríos y tierras, en la misma Azpeitia, y en Urrestilla y Beizama.

Es indudable que los beneficios que produjo la tierra en esos años (no cuantificados todavía) al crecer la demanda y dispararse los precios (de los que tampoco hay series aún) permitieron un ahorro que tendió (esto se ve claro en el ejemplo de Loyola) a invertirse en tierras y casas de labranza.

Pero esta inversión apenas tuvo lugar entre el círculo de los “parientes mayores” que, como otros acumuladores, se contentaron en su mayoría en vincular sus bienes; la inversión más acusada, se produjo, poco a poco, entre quienes habían formado un capital fuera del País; Contadores de hacienda, secretarios, administradores de rentas, indianos y mercaderes.

La explosión demográfica de comienzos del XVI provocó la salida del País de los excedentes de población.

Castilla y las Indias se vieron inundadas de “criados vizcaínos” que la literatura de la época —la época de Lope y de Cervantes— se encargó de ridiculizar.

Pero, junto a quienes llevaron una vida oscura, de criados o de subalternos, otros hicieron fortuna. Algunos como contadores de Hacienda en la Corte, como en el caso de Laza.

Este fue el caso de Don Domingo de Zavala, de Viça, que se halló en la batalla de Lepanto, donde más tarde obtuvo un importante cargo en la administración de ENMIENDAS de indios en el Nuevo Mundo —a pesar de la legislación humanitaria del Consejo de Indias.

La vuelta a las servidumbres más duras del Medioevo europeo, trasplantadas ahora a AMÉRICA provocó el exterminio masivo de la mano de obra indígena, consumida por la superexplotación a que se veía sometida por parte de los encomenderos.

Uno de estos —lo tomamos aquí como prototipo— fue un sobrino de San Ignacio, llamado Martin García de Loyola.

Loyola llegó al Perú poco después de la conquista.Entonces “con mucho travajo y riesgo de su persona prendió a Tupa Amaro Inga y sus capitanes que andavan revelados contra el servicio de su Mgt., inquietando el Pirú, y se hiço justicia dellos.

imagen

Otro guipuzcoano que en Indias amasó una fortuna muy considerable fue Don Francisco de Urdinola, que siguió una “carrera” muy semejante a la de Loyola.
Urdinola era natural del valle de Oyarzun y cuando llegó a México (entonces virreinato de la Nueva España) sirvió en la milicia en una época en que se llevó a cabo la expansión española por la Nueva Vizcaya.

Urdinola se apoderó a lo largc de estas expediciones de las principales minas de plata de la región y en su calidad de teniente de capitán general se instaló en la hacienda de Santa Elena, en Nueva Galicia.

Como otros indianos, Urdinola por 1616 apoderó a su paisano el vicario de Oyarzun —don Sebastián de Zuaznabar, comisario del Santo Oficio de la Inquisición— para que le comprase la torre que él consideraba como origen de su familia.

Así fue cómo compró la casa de Urdinolarena, con sus manzanales y huerto; la casería de Gabiria y las tierras de Laransadi y Elizquibel, por un precio total de- 20.244 reales.

En 1586 pasó como correjidor y justicia mayor a Huancavelica, donde estaban las minas de plata más importantes de América del Sur. Entretanto se había casado con la hija de un Inca y poco después reclamaba al fiscal de Lima los 563 indios del valle de Yucay que correspondían en herencia a su mujer.

Don Martin García de Loyola podrá parecer un “esperpento” pero más bien es un “prototipo”, pues incluso, en los últimos años de su vida regresó al País y fundó mayorazgo. Como él muchos otros pasaron a Indias, formaron su fortuna sobre el sudor de los indios y regresaron al País a invertir lo amasado en México o en el Perú.

Es indudable que, cuando muchos de estos emigrantes vuelven la coyuntura favorable que hacía desear la tierra como meta de la inversión, ha pasado ya.

La mayoría de los emigrantes enriquecidos regresan al País cuando se cierne sobre él la gran depresión del XVII; no obstante dirigen sus preferencias hacia la tierra y hacia los censos —que serán otra fórmula de llegar hacia la tierra, pues censos y ventas “en carta de gracia” son las fórmulas predilectas de prestamistas y usureros que encubren sus operaciones usurarias.

Aún no se ha investigado acerca de cómo se llevó a cabo esta especie de “acumulación primitiva” en el País. Se sabe (esto resulta evidente) que los capitales que se invirtieron procedían, en su mayor parte, de fuera (especialmente de Indias).

Lope de Isasti es el tratadista que responde, ideológicamente, a este primitivo proceso de acumulación. Su obra está cuajada de referencias a GENERALES, MARINOS, SECRETARIOS y OBISPOS guipuzcoanos que, poco antes o por entonces, habían fundado mayorazgos y vinculaciones sobre las riquezas adquiridas fuera del País e invertidas en él.

Isasti y Baltasar de Echave —a fines del XVII— son ambos los glorificadores de una clase de gentes cuya mentalidad encarnan en sus obras.

Se trata de ensalzar los “méritos propios” por encima de toda otra categoría, las virtudes personales que el ejercicio de un cargo o de un empleo brillante parecen llevar consigo.

Pero las jerarquías superiores se admiten plenamente; el objetivo será integrarse en ellas y para ello, nada mejor que, partiendo del mérito y de la fortuna recién creada, referirse a un pasado “integrador” en un País formado en lo antiguo por una gran familia.

El “igualitarismo” corresponde entonces (en este período del XVII) a la ideología de la nueva clase dominante que acaba de apoderarse de la tierra (esto implica, dentro del Antiguo Régimen, un proceso de aristocratización), que intenta hacerse con los poderes locales (los “millares”) y que desea integrarse en los linajes viejos, herederos de una mentalidad y una estructura económica, que ellos acaban de adoptar.

En medio de este proceso hay que situar los sucesos de Bilbao de 1631.

El INQUILINO de un caserío cualquiera del mayorazgo de Loyola comenzaba por pagar las décimas al patrono de la iglesia y una cantidad fija en especie que gravaba su producción; después, además, debía trabajar para el señor, haciéndole carbón, vigilándole sus viveros, plantándole árboles o llevándole la “mitad de las manzanas del año a la plaza que aquél o su administrador le señalaren”.

Estas eran las cargas señoriales a “grosso modo”, pues aún no se han medido.

Ahora bien: ¿En qué medida estas cargas gravaban la producción total del caserío?, ¿en qué porcentaje incidían sobre la renta del inquilino?

Como señala Albert Soboul, estas cargas “dan cuenta en una amplia medida, de la actitud de las masas campesinas al final del Antiguo Régimen y durante la Revolución”.

Soboul habla para la Francia del XVIII, pero su conclusión es igualmente válida para el País si pensamos en las actitudes de los campesinos durante nuestros períodos revolucionarios (las “machinadas” de 1718 y 1766). Pero no sólo hay que referirse a las cargas que gravitaban sobre el campesino.

imagen
A lo largo del siglo XVIII, las “crisis de subsistencia” —características de una economía de Antiguo Régimen— se sucedieron ininterrumpidamente.Relacionadas con el ganado vacuno las hubo, según sabemos ya, en 1695, 1702, 1709, 1712, 1714, 1740, 1741, 1742, 1752 y 1755 —esta última la más grave—, es decir, diez períodos de escasez en algo menos de sesenta años.

Es muy posible que los períodos de escasez de grano fueran tanto o más numerosos que los de la carne, pero, en todo caso, hay que pensar en una mayor virulencia de estos períodos, trágicos para el campesino, a partir de la segunda mitad del siglo (cuando el número de consumidores ha aumentado en virtud de la explosión demográfica de la primera mitad).

Es así como en 1766 se produce una segunda “machinada” (revueltas populares contra los oligarcas locales)sobre la que no vamos a insistir aquí; únicamente vamos a hacer hincapié en aquellas condiciones” que, perteneciendo a la estructura económica del sistema, inciden también sobre la coyuntura.

Resulta innegable que las “cargas señoriales”, tanto directas (percepción de diezmos y rentas) como indirectas (privilegios fiscales) contribuyen a crear un clima de descontento que, en un período de crisis, con el odio atizado por la escasez y la miseria, servirá para dirigir la fuerza de la rebelión contra los beneficiarios de tales rentas y privilegios.

También resulta innegable que, estos arrebatos pasionales de los campesinos no propietarios, estos odios de clase, se verán más o menos amortiguados según el peso de las cargas señoriales que cada uno deba soportar individualmente.

En resumen: que la VIOLENCIA de la revuelta, al margen del incentivo, la miseria del momento, dependerá en gran medida de la manera en que diezmos y rentas (cargas señoriales) incidan sobre la renta del propio campesino, es decir, según el margen de beneficio que le quede después de haber satisfecho los derechos y haber pagado la renta al propietario.

EL CONCEPTO MEDIEVAL DE IGUALDAD
LA CUESTIÓN DE LOS “MILLARISTAS” O HACENDADOS
imagen
El proceso de formación de la oligarquía vasca no es muy lento. La “confusión” de varios mayorazgos en una misma persona (por enlaces sucesivos) es cosa de dos o tres generaciones. Este tema lo analiza muy bien el escritor OTAZUA y expongo algunas de sus investigaciones.De esta forma, la “acumulación primitiva”, repartida entre poseedores más o menos numerosos, viene a “confundirse” en unos POCOS.

Ejemplo clásico de esto, podrían ser los quince mayorazgos y los cuatro patronatos del conde de Peñaflorida.

De esta manera la estructura económica de la sociedad vasca en el siglo XVIII corresponde a la de una sociedad dividida en DIEZMEROS (perceptores de diezmos) y consumidores (campesinos).

Lógicamente, con base a esta estructura económica se organizará la superestructura en su instancia jurídico-política (que responderá fielmente a aquélla) y se establecerán los mecanismos de poder que garanticen a la oligarquía el ejercicio de los cargos de gobierno.

Cómo se lleva esto a cabo?, qué medios utilizó la oligarquía, a medida que se va formando, para tomar el poder y conservarlo en sus manos?

De entrada, hay que distinguir dos etapas: Aquella en la que la oligarquía se está formando, y una segunda en la que la oligarquía restringe, en su propio beneficio, el ejercicio del poder.

imagen
La primera etapa abarca un periodo que comprende desde comienzos del siglo XVI hasta el año 1850 aproximadamente. Este periodo se caracteriza por una mayor participación popular en los cargos de gobierno.A pesar de que las Ordenanzas de la Hermandad (de 1463) establecen que los alcaldes de la Provincia deben ser “buenos omes, ricos, e abonados”, a comienzos del XVI Azpeitia “tenia tres mil habitantes y a sus concejos abiertos acudían a veces más de trescientos hombres”

Mas, a lo que se ve, ya por entonces la cualidad de concejal marchaba unida a la posesión de cierta riqueza. Las cortapisas legislativas puestas por la Hermandad no hablan más que de esta cierta riqueza.

No obstante, con el triunfo de la Hermandad sobre los parientes mayores, las cortapisas irán en aumento.

La condición de VECINO se vincula a cualidades nobiliarias (la de ser hidalgo) que, pese a la generalidad aparente de estas cualidades deben ser probadas y acreditadas cumplidamente.

Por eso, para empezar, el vecino que quiera ser elegido o ejercer su derecho de elección deberá comenzar por practicar una información acerca de su origen familiar y esta información era muy cara.

Había que tener los ducados suficientes para entablar el proceso, pagar a los escribanos y a los informantes, acreditar cierto porte de vida. Además se exigía ser “abonado”, es decir, tener una cierta autoridad sobre los demás, una experiencia, pasar de cierta edad en suma.

Todo esto nos conduce a pensar que lo que se pretendía era que el ejercicio de los cargos de gobierno se vinculara a unas disponibilidades económicas, equivalentes a unos requisitos de riqueza.

Los“millares” constituyen el mecanismo de poder característico de la oligarquía que gobernó el País Vasco hasta mediados del XIX (hasta que tuvo aplicación la Constitución liberal).

El P. Larramendi explicaba así la cuestión de los “millares”: “Aunque todos sean nobles, no todos pueden entrar en los cargos honoríficos de la repüblica; para eso, además, son menester los “millares” que liarán, esto es, tanta hacienda, que haya de seguridad a la república para sanearse de los daños que puede causarle un mal cargohabiente”.
El capital (en bienes inmuebles además) o de una cierta renta era preciso para ser elegido o poder elegir cargos

Volviendo a Azpeitia, veamos cómo se expresa la cuestión de los “millares” en las Ordenanzas municipales, reformadas, según Gurruchaga- en 1705. Allí se agregó “que los electos para Alcalde y Fiel “sean entre todos los vecinos más ricos abonados de la primera representación y autoridad” y que “los Regidores sean hombres principales, buenos cristianos, ricos y de experiencia”

En las Ordenanzas de Rentería, de 1606 (época en que la oligarquía se está formando), “se establecía que “1os alcaldes, jurados mayores, mayordomo y sindico poseyesen cada uno de ellos cien mil maravedis en bienes raíces”

He aquí expresada claramente la cantidad de riqueza necesaria. Lo que se advierte claramente también es el proceso seguido, a lo largo de los años, por estas limitaciones que las oligarquías locales iban imponiendo, a medida que se iban organizando ellas mismas.

Según el historiador Gurruchaga, en la Azpeitia de fines del siglo XV (cuando la oligarquía aún no estaba organizada) de 3.000 vecinos que tenia la villa, eran concejantes 300. (un 10 %).

En el siglo XVIII, con una población de cerca de 5.000 había únicamente de cuarenta a cincuenta “millaristas” algo menos del 1 %.

En Elgoibar para ser elector y elegible se requerían 500 ducados. En Tolosa “Se operaba una distinción entre los electores de cabeza entera (6.000 mrvs. de bienes raíces en el término jurisdiccional de la villa) y los de media cabeza (3.000 mrvs. si bien eran solo e1ectores, pero no elegibles)”

En el caso de Oñate, las Ordenanzas de 1762 disponían que para ser electo eran necesarios “500 ducados de vellón en bienes raíces en el distrito y jurisdicción de esta villa, libres de todo censo, deuda y gravamen, y qua no estén en concurso, ni privados de su goce y administración”

Como se ve, la aplicacion del CONCEPTO DE IGUALDAD POR HIDALGUIA es pura fantasia jamas puesta en practica. Como en todas partes, solo los hacendados en inmuebles o heredades en tierras disponian de VOTO y de capacidad para ser elegidos gobernantes municipales o provinciales. Y esto sucede hasta casi el siglo XX, desde los tiempos de los primeros reinos post-visigodos.

Photobucket - Video and Image Hosting

Extraído de: http://vascon.galeon.com/prebos.html



Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s