“España frente a Europa”: una reseña magnífica de éste libro de Gustavo Bueno, mirando a Iberoamérica

España frente a Europa. Ensayo (1999). Gustavo Bueno (1924)

El libro había de llamarse, en un primer momento, España contra Europa. Un título quizá demasiado contundente, demasiado incendiario. Algún espíritu cauto debió sugerir el cambio. Títulos al margen, es este un libro pendenciero. Busca camorra y riña y duelo. Pero la pendencia la busca de manera serena, profunda, rigurosa. Es una pendencia de café, de tertulia, de congreso, de debate la que busca. Es, además de pendenciero, un libro imprescindible. Que no hay que perderse. Y ello por varias razones. No estoy con esto insinuando que se haya de estar ciegamente de acuerdo con sus controvertidas tesis. Justamente, una de las razones por las que el libro de Gustavo Bueno es imprescindible es para ayudarnos a no ir ciegamente a favor de ninguna tesis. Es imprescindible por la valentía que implica ir a contrapelo del eurófilo pensamiento único que se nos ha impuesto sin que sepamos muy bien cómo. Es imprescindible por su reinvindicación (y su relectura o su lectura correcta o su nueva lectura) de términos caídos en desgracia, como el de imperio, cuyo desprestigio en nuestros dias es máximo, contrariamente al concepto de nación, que goza en la actualidad de un prestigio no se hasta que punto merecido. Es imprescindible por su condición de libro contestario y contracultural (sólo por eso habría que correr a la librería más cercana, en estos tiempos tan adocenados y tan disciplinados). Es imprescindible, finalmente por ser un libro denso, substancioso (en estos tiempos de textos blandos y deglutidos y digeridos), un texto que exige atención y silencio, silencio y atención para paladear o abominar de sus tesis. No apto por lo tanto para leerlo en el metro o en la terraza del Zurich o en el Pans and Company.

Es un texto que yo recomendaría a cualquier persona interesada por la política, por la cultura, por las ciencias humanas (me consta que esas personas aun existen). Que recomendaría a cualquier persona que encuentre sospechosa tanta calma chicha, tanto pensamiento único, tanta corrección política, tanto progresismo acrítico y de manual, tanto 1984. Yo creo que España frente a Europa conduce a un interrogante esencial. ¿Es Europa realmente el futuro de España? ¿O es solamente su presente? Esta es una pregunta válida que muy pocos se hacen. Y los pocos que se la hacen dirán en su mayoría que, en efecto, Europa es el futuro, el desarrollo, el progreso, etc: Otra vez el cuento infantil, el bobalicón cuento de la Europa sublime. ¿Cuanto durará esta adormecedora cantinela? De acuerdo, Europa es el progreso, es Bacon y Newton y es Galileo, pero también es Hitler y los hornos crematorios, es la dictadura, la Polonia invadida y troceada y 50 millones de muertos: Europa también tiene su lado sombrío, a veces ha sido una película de terror o gore. Basta ya de caérsenos la baba cuando hablemos de Europa, viene a decirnos Bueno en su libro contestatario y contestón. De nuevo la pregunta ¿Es Europa el futuro de España?

He de aclarar que cuando hablo del futuro, no me refiero al año 2004 o al 2007 o al 2011. Ni a la temporada otoño-invierno 2012-2013. Todo eso es el presente. El futuro es el año 2100, el 2170, el 2200, el 2500 (no dudeis que ese futuro llegará, y lo hará más pronto que tarde). A muy largo plazo, a siglos de distancia en el futuro, ¿es Europa algo realmente válido para España o para su identidad (esa identidad múltiple y compleja, pero radicalmente original en sus orígenes y desarrollo, más allá de los momentos históricos de confusión y los acomplejados y temerosos seguidismos)? ¿es la unión continental nuestro destino de cara a un futuro más o menos remoto, un futuro más allá de este XXI que acabamos de estrenar? ¿No será Latinoamérica (todavía tan ninguneada y tan despreciada por ciertos españoles con ínfulas de modernos, esos ignorantes de bufanda y libro y café), no será latinoamerica, digo, un porvenir mucho más rutilante para nuestra hoy tan quieta y calma balsa de piedra, sólo rebelde y convulsa en la novela de Saramago? Dejadme que os dé mi opinión (tengo derecho a sostenerla: hoy dia esta perogrullada hay que recordarla de vez en cuando, sobre todo cuando te sales del papel pautado): el futuro será de las culturas, no de los microestados actuales. Culturas integradas en grandes superestructuras, claro. Será de las gentes, de las lenguas, de las historias, de las civilizaciones regionales y únicas.

España no será un estado, será una cultura integrante de una supraestructura política o administrativa. Muy probablemente, a finales del XXI, esa superestructura será una babélica unión europea (lo de babélica es un decir porque será angloparlante, ahí nos duele). ¿Ha de ser éste todo el futuro de España, este viejo pais fatigado de historia, de turbulento pasado, soñador, irracional (pero que cuando ha querido se ha modernizado y racionalizado en un plisplas), ese pais cuya cultura se ha proyectado al mundo? ¿Ha de ser este nuestro porvenir? ¿Volver a ser una diocesis del imperio romano?. Dentro de cien y más años, habrá sólo media docena de culturas, quizá alguna más, que podrán verse a simple vista. La hispánica será, sin duda, una de ellas. Frente a tales culturas macroscópicas, habrá una constelación de culturitas de tamaño microscópico. Tal es el futuro que le espera a la orgullosa Francia, por ejemplo: no existirá una francofonía galoparlante perceptible a simple vista, únicamente una pequeña cultura visible tan sólo al microscopio. Para entonces, finales del XXI, principios del XXII, es posible que Latinoamerica haya alcanzado un desarrollo material que la homologará al autodenominado primer mundo. El recuerdo de la Latinoamérica del XIX, del XX (quizá también del XXI) con su postración económica, su turbulencia social, sus dictaduras, sus genocidios, quedará tan solo en los libros de historia. Cuando contemplemos desde nuestro lado del Atlántico a una Latinoamérica desarrollada política y económicamente, una Latinoamerica orgullosamente en pie, con su colosal estatura demográfica, cuando la contemplemos desde nuestra pequeña y mortecina celda en la penitenciaría europea, desde nuestra minúscula condición de provincia neorromana …¿no pensaremos que, una vez más, hemos errado el camino?

Serafín, 2001

Extraído de: http://www.galeon.com/literarias/lecturas4.htm



Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s