Conflicto artificial de Brasil con España

Los controles a que son sometidos los viajeros brasileños que llegan a Barajas y El Prat se halla detrás de las dificultades que encuentran los españoles para entrar en Brasil. Se trata de una reacción comprensible de las autoridades de Brasilia, aunque enojosa para quienes llegan a Río y Sao Paulo, turistas en su mayoría, que no alcanzan a comprender a qué responde el puntilloso comportamiento de la policía de aduanas y la exigencia de garantías sobre la duración y objetivo de su estancia.
Ante todo, hay que decir que España tiene un problema de control de los flujos migratorios procedentes de América Latina, en general, y no solo de Brasil. Está íntimamente relacionado con las bolsas de pobreza y los desequilibrios, con la búsqueda en Europa de un futuro mejor y con la proximidad cultural de las poblaciones latinoamericanas con nuestro país. Se trata de algo sabido y que tiene efectos inmediatos sobre el crecimiento en las grandes ciudades –especialmente, Madrid y Barcelona– de las colonias de inmigrantes procedentes de América del Sur.
Conviene recordar también que el problema a la inversa es inexistente. España dejó de exportar emigrantes hace tiempo y su relación con los países latinoamericanos es satisfactoria en términos generales. Esto es algo que el Gobierno del presidente Lula da Silva sabe, pero frente a esta realidad se da otra: la necesidad de Brasil de reafirmarse como potencia emergente a escala americana, capaz de relacionarse en pie de igualdad con la próspera Europa. Su peso demográfico, las dimensiones de su economía y el esfuerzo de modernización que lleva a cabo legitiman este objetivo, impensable para otros exportadores de mano de obra –Ecuador, Perú, la República Dominicana y varios más–, con necesidades de subsistencia acuciantes.
Dicho todo lo cual, es indispensable que las diplomacias española y brasileña lleguen a un acuerdo para acabar con un conflicto artificial que a nadie beneficia. Al contrario, complica la relación y castiga innecesariamente a los brasileños que disponen de todos los papeles para establecerse en nuestro país y a los españoles que cruzan el Atlántico sin más propósito que atender a sus asuntos profesionales o pasar unas vacaciones. Si los controles de Barajas y El Prat son excesivos, deben corregirse, y si lo son en Río, también. Porque los filtros de seguridad deben estar al servicio de los ciudadanos y no al revés.

Extraído de: http://www.elperiodico.com/



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