Europa quiere petróleo y los árabes la expansión del Islam, de la que España será trampolín

Después del imperio

José Miguel de Andrés Martínez

Más sobre el libro de Emmanuel Todd, Despues del Imperio, ensayo sobre la descomposición del sistema norteamericano, FOCA, Madrid 2003, 187 páginas

1. Introducción

Este artículo se refiere al libro Después del imperio de Emmanuel Todd, ya reseñado en la página 23 del número 17 de El Catoblepas, por José Andrés Fernández Leost (http://www.nodulo.org/ec/2003/n017p23.htm). Mi artículo no tiene intención de polemizar con él ni de rebatirlo, sino que pretende:

  • Tratar de alcanzar una conclusión más firme. En el artículo citado se niega que la alternativa al imperio americano propuesta en el libro pueda desembocar en un equilibrio internacional entre imperios y se barajan dos posibilidades: Estado mundial o equilibrio de grupos supranacionales no imperialistas, sin decidirse por ninguna de ellas.
  • Introducir otras consideraciones, en particular las que atañen al papel de España en ese futuro «concierto internacional». En relación con este punto hay que tener en cuenta que la edición que he leído (la inglesa, de Constable & Robinson, Londres 2004) incluye una referencia a la reacción de los españoles tras los atentados del 11 de marzo, titulado «La lección española». Esta referencia no esta incluida en la edición española (Akal, Madrid 2003).

Este artículo se desarrollará de la siguiente manera:

  • En primer lugar, expondremos y comentaremos las tesis del libro de Todd en forma argumentativa (punto 2).
  • En segundo lugar, haremos una valoración de la propuesta e intentaremos cerrar una conclusión sobre ella (punto 3).
  • Finalmente, nos referiremos a las implicaciones que para España tienen las propuestas de Todd (punto 4).

2. Argumento de Después del imperio

2.1 Resumen del argumento

El argumento de Después del Imperio se puede resumir así:

  1. Con la caída del comunismo, y tras unos años de duda, la política de EEUU se ha orientado hacia el imperialismo o «la consecución de un dominio imperial», dicho eufemísticamente.
  2. Sin embargo, EEUU no tiene capacidad económica, moral ni militar para constituirse en imperio.
  3. A consecuencia de ello, ha iniciado una serie de acciones militares de carácter teatral que tendrían como objetivo hacer creer que son la policía indispensable de un mundo caótico.
  4. Sin embargo, el mundo camina hacia la estabilidad, a pesar de que las noticias usuales nos hagan creer lo contrario.
  5. Europa y Rusia están constituyéndose en un contrapoder que puede proporcionar al mundo la estabilidad que necesita en la actualidad.
  6. El mundo verá en un plazo no muy largo el desplome del poder norteamericano, que volverá a ser una nación entre tantas.

Estas tesis son presentadas en ese mismo orden en el libro, salvo la tesis 4, que se corresponde con el capítulo 1 y 2 del libro. Se ha preferido presentarla como la cuarta tesis, para que el argumento del libro parezca mejor hilado. Se comprende que Todd presente en primer lugar esta tesis que va a captar inmediatamente la atención del lector, por su extravagancia.

2.2 La reorientación proimperial de la política de EEUU

Para Todd, con la caída del comunismo y tras unos años de duda, la política de EEUU se ha orientado hacia «la consecución de un dominio imperial». En el capítulo 3, Dimensiones imperiales, hace explícito el contenido de ese «dominio imperial».

Todd afirma que los Estados Unidos de América han pasado de ser un país exportador a un país importador de bienes, como refleja el déficit de su balanza comercial, lo que equivale a afirmar que el resto del mundo trabaja para que los ociosos americanos consuman. Se equipara esta situación a la de la Roma imperial, en que se ofrecía pan y circo a una plebe desocupada.

Las evidencias que presenta Todd son dos:

  • El déficit comercial creciente, que se acelera a partir de 1998.
  • La distribución de la renta en el período 1980-200, según la cual la renta de los dos quintos de americanos más acomodados crece frente al estancamiento de los otros en el período 1980-1994, mientras en el período 1994-2000 hay un crecimiento homogéneo de la renta de todos los grupos.

Esto pondría de manifiesto que las políticas imperiales de rapiña exterior iniciadas en los primeros quince años permiten repartir el botín a lo largo y ancho de la base social americana en el siguiente período.

A esto se le pueden hacer inmediatamente varias objeciones:

  • El déficit comercial americano aparece antes del derrumbe de la URSS, y por tanto antes de la puesta en marcha de cualquier estrategia imperial, que además, según Todd, empieza en 1995 tras unos años de indeterminación.
  • La evolución de la distribución de la renta habría que compararla con la de los países de la UE en esos años, antes de llegar tan alegremente a esa conclusión. Esa mayor desigualdad es consecuencia de las políticas de liberalización, que han permitido también un mayor crecimiento.
  • El número de horas trabajadas al año en EEUU es superior a las de la mayor parte de los países europeos, por lo que no cabe insinuar la existencia de una plebe frumentaria norteamericana que viviría del plustrabajo de los trabajadores industriales alemanes y japoneses.

Ese déficit comercial exige una financiación, ya que en una economía de mercado con transacciones de bienes y servicios voluntarias, las mercancías han de ir a EEUU como resultado de compraventas a precios de mercado con una contrapartida monetaria. Todd analiza la financiación de ese déficit y propone que se realiza mediante la recaudación de un «impuesto espontáneo», violentando el idioma hasta caer en la contradicción en los términos. Este impuesto espontáneo procede de tres partidas principalmente:

  • La exportación de armas, cuyas ventas no son resultado de transacciones de mercado, sino de acuerdos de los estados. Resultan insuficientes.
  • El control de zonas petrolíferas. Aquí no se dan cifras ni se explica que las compañías petrolíferas americanas compren petróleo por debajo de los precios de mercado para revenderlo a precios de mercado posteriormente por lo que hay que descartarlo. En cualquier caso, Francia no quedaría mejor parada que los EEUU.
  • Los flujos financieros, de donde procede la mayor parte de la financiación, «tributo» para Todd: «Con un mercado de dinero mas libre que nunca, los agentes económicos norteamericanos recogen las divisas extranjeras para pagar estas compras» (pág. 87). Protágoras alabaría esta forma de hacer fuerte el argumento débil y de dejar caer con desparpajo una contradicción que no resiste media pregunta. Si el mercado es más libre que nunca. ¿cómo es posible hablar de «agentes que recogen divisas»? Y de nuevo, si es libre, ¿cómo calificarlo de impuesto?

Todd trata de explicar esa contradicción (para él, simple paradoja): Frente a la interpretación «clásica»{1} según la cual los flujos de capital se dirigen a las economías más activas, y por tanto rentables, se propone que estos flujos buscan la seguridad que los EEUU ofrecen con su ideología conservadora, ejército más poderoso y mercado amplio. Sin embargo, las cifras –incluidas en su libro– indican que desde 1995 la inversión exterior que se dirige a los EEUU se ha desplazado bruscamente desde los bonos del tesoro (seguridad) a las acciones (rentabilidad). Es decir, no busca seguridad, si no rentabilidad. Además estos flujos financieros se han reducido mucho en los últimos cuatro años.

Más aún, para Todd, todo ese mercado financiero resulta al final de cartón piedra, como pondrían de manifiesto los fraudes contables de Enron y otros. Incluso casos franceses similares, Credit Lyonais y Vivendi serían intentos de reproducirlo en tierras galas.

2.3 EEUU no tiene capacidad económica, moral ni militar para constituirse en imperio

La falta de capacidad económica ya ha sido examinada, la falta de capacidad militar se trata en el punto 2.4. En este se tratará de la falta de capacidad moral, asunto que Todd desarrolla en el capítulo 5 de su libro, Alejándose del universalismo. En el se propone que los imperios, para englobar a otros pueblos de forma creciente y estable, deben estar capacitados para tratar a todos los hombres como iguales.

Es posiblemente el capítulo más interesante del libro. Todd, un antropólogo estudioso de los regímenes domésticos de distintas sociedades, propone clasificar los imperios según la forma en que actúan sobre los pueblos conquistados:

  • Universalistas: Tratan a los conquistados como iguales. Entre ellos están los romanos, chinos, primer imperio musulmán, Francia y la unión soviética de los tiempos modernos. Se podrá argüir que Francia no asentó ningún imperio, aunque lo intentó. Todd lo explica así: «Antes de su declive demográfico, Francia era casi un imperio auténtico que gracias a su código universalista casi gobernó a lo largo del continente europeo» (pág. 102). Si no nos falla la memoria no duró 20 años dicho imperio, y en ningún caso se asentó, ya que las guerras fueron continuas. Su Código civil tuvo más influencia, ciertamente.
  • Anti-universalistas: Tratan a los conquistados como sometidos. Se ponen dos ejemplos, fallidos por su propia naturaleza: El imperio nacional-socialista alemán y el ateniense.
  • Diferencialistas: Engloban igualitariamente a algunos pero rechazan a otros, además esta división es flexible y cambiante. Los anglosajones están en este grupo.

Así, Inglaterra nunca hizo ningún esfuerzo por transformar o integrar los pueblos conquistados, fueran culturalmente próximos como Gales, Escocia, Irlanda, o distantes, India, Malasia o Sudáfrica. Frente al francés, que soñaba con transformar en franceses a los indochinos, el inglés nunca lo intentó. Y algo parecido se aplica a EE UU; de una parte ha sido capaz de integrar a los europeos, pero necesita de un grupo irreductible, que funcionaría como los otros, frente a los cuales definirse. En ese grupo han estado los indios, los negros y recientemente los hispanos.

Todd indica que este distinto tratamiento tiene su origen en las estructuras domésticas y en particular en el tratamiento de los hermanos en relación con las herencias. Estas reglas de herencia se clasifican en tres grupos que se corresponden con la anterior clasificación de los imperios:

  • Igualitarias: Vigentes en Francia, Rusia, China y mundo árabe.
  • Antiigualitarias: Por ejemplo las de Alemania y Japón.
  • Indefinidas: Las de los países anglosajones, en que los padres deciden libremente al testar.

Todd anuncia además un futuro libro suyo en el que tratará el tema: «The origin of Family Systems», el origen de los regímenes domésticos. Como se ha dicho, es este el capítulo en que Todd está más suelto, además se puede calificar esta propuesta de intelectualmente atractiva. La refutación, confirmación o evaluación de esta tesis no se trata aquí.

A continuación Todd repasa la evolución de la línea divisoria entre «nosotros» y «los otros» a través de la historia de los EEUU. Al principio solo se integran los inmigrantes de procedencia europea. Indios, negros y asiáticos son los otros.

En los 50 se integran plenamente indios y asiáticos (la prueba definitiva son los matrimonios interraciales) y se trata de integrar a los negros, sin lograrlo. Para Todd, esto se debió al esfuerzo norteamericano cuyo fin era contrarrestar el universalismo soviético: se trataba de extender el igualitarismo de la «democracia con mercado», que tenía como condición necesaria el fin de la segregación racial interna.

Sin embargo, tras la caída del comunismo, EEUU habría dejado de promover la integración universalista. Entre las pruebas alegadas está el rechazo de los hispanos –en particular los inmigrantes mejicanos y sus descendientes– cuyo número está creciendo de forma acelerada. Sin embargo, no está tan claro que no se estén integrando, las cifras de matrimonios interraciales para los hispanos están entre 15 y 20%, lo que ciertamente no está nada mal. Este porcentaje es consistente con la ausencia de rechazo al mestizaje, pero también con la preferencia por cónyuges con los mismos valores culturales. Sin embargo, la conclusión de Todd es la siguiente: «En una sociedad que ha reemplazado la glorificación de la igualdad de derechos por ese culto a la diversidad llamado ‘multiculturalismo’, ¿es realmente sorprendente presenciar semejante fallo de la integración?»

Esta pregunta retórica (y sofística) tiene tres trampas:

  • Para empezar con un 15% de matrimonios interraciales no se puede hablar de fallo de la integración. ¿Cuál es el porcentaje de matrimonios interraciales de los norteafricanos franceses?
  • La igualdad de derechos en ningún caso queda refutada por la falta de matrimonios interraciales. La igualdad material es otra cosa, y no consta que sea más eficiente socialmente que la variedad.
  • El «multiculturalismo» se está predicando en Europa en este mismísimo momento. Es simplemente la respuesta a la falta de integración de sus inmigrantes. Y, por lo que percibo, se trata más bien de una estrategia de zorra asendereada ante unas uvas que definitivamente están fuera de su alcance.

Pero para Todd la clave de esa huida del universalismo es el rechazo a los árabes y el apoyo incondicional al estado de Israel, que califica de sorprendente. Todd sopesa tres explicaciones posibles a ese apoyo incondicional:

  • Colaboración entre democracias. Todd la rechaza, porque «la injusticia cometida día tras día contra los palestinos niega el principio de igualdad en que se asientan las democracias». Además añade: «Otras naciones democráticas, en especial las europeas, no sienten esa misma simpatía incondicional hacia Israel.» Esta es una de esas afirmaciones que hay que leer tres veces para asegurarse de que uno ha leído bien. Lo cierto es que en Europa y en particular en España el antijudaísmo se ha generalizado y está tomando un cariz más que preocupante.{2} Una afirmación de ese tipo solo se espera en medios diplomáticos, nunca en un estudio político.
  • La utilidad del ejército israelí, que equilibraría la debilidad del ejército de tierra norteamericano y está situado en Oriente medio. Sin embargo, Todd pone en cuestión esa utilidad: el ejército israelí no pudo mantener el control del sur del Líbano.
  • La influencia del lobby judío en ausencia de lobby árabe. Sin embargo, tampoco sería suficiente (los judíos constituyen el 2,2% de la población norteamericana) si no fuera por las malas artes que despliega, como veremos ahora.

La explicación de Todd es ingeniosa: el lobby judío ha conseguido, de una parte, el apoyo de la derecha republicana –Todd se refiere a los «fundamentalistas cristianos», adjetivo que se cuida de aplicar a los musulmanes, en cuyo caso prefiere hablar de al Qaeda, una banda de locos, aunque listos–. Pero, de la otra, ha conseguido también el apoyo de los progresistas demócratas, ya que la mayor parte de los judíos americanos lo son, y les votan.

Además, ese doble juego del lobby judío –que casi nos hace pensar en los sabios de Sión– se ve reforzado por el reconocimiento por EE UU de una alma gemela en Israel: otro estado «diferencialista», en el que hay subpoblaciones de judíos seculares, asquenacis, sefarditas y ultraortodoxos que no se mezclan. Pero sobre todo, lo que mas les uniría sería la «incapacidad para ver en el árabe a un ser humano». Suena exactamente igual que la calificación de los judíos como Untermenschen (infrahumanos) por los nacional-socialistas.

El abandono de los factores explicativos directos (existencia de un poderoso lobby judío, necesidad de un aliado en zona de gran interés estratégico…) por una especulación psicologista es un método infrecuente en los análisis de política internacional. Quizás por eso Todd remata una explicación insuficiente de una situación real con una huida adelante: afirma estar convencido de que si Francia estuviera aun en guerra colonial con los argelinos, los EE UU estarían de su parte. Esto equivale a intentar validar un modelo incapaz de explicar los fenómenos reales afirmando que explica fenómenos hipotéticos. Por muy convencido que pueda estar, difícilmente se puede considerar el convencimiento personal un argumento convincente.{3}

Mucho mas significativo sería comprobar desde cuándo han apoyado los EEUU a Israel (desde el 68, tras la derrota de los ejércitos egipcio, jordano y sirio por su ejército) y desde cuando ha dejado Europa (y en particular Francia) de hacerlo: desde que en la guerra del Yon Kippur los países árabes cerraran el grifo del petróleo comenzando un chantaje que dura hasta el día de hoy. Volveremos sobre ello.

El capítulo se remata con la imposibilidad de que un imperio sea diferencialista. Sin embargo, el caso del imperio británico refuta esta afirmación. Mucho más si se tiene en cuenta que no se trata de un imperio que pretenda imponer idioma, tributos y administración, sino un sistema de libertades formales que los países del imperio pueden adaptar flexiblemente.

2.4 Por ello, ha iniciado una serie de acciones militares de carácter teatral

En el punto anterior nos referíamos a la falta de capacidad militar de EE UU para mantener un imperio alegada por Todd. Los argumentos son estos:

  • Estados Unidos tiene un poder nuclear superior a todo el resto del mundo.
  • La aviación americana tampoco tiene rival.
  • La marina es también muy superior.
  • Sin embargo, el ejército americano no ha tenido grandes éxitos en tierra, y se sabe que el electorado americano es muy sensible a las bajas de sus soldados. De ahí que se haya concentrado en la imbatibilidad aérea.

Todo ello es cierto, pero de nuevo, no incapacita para ejercer un imperialismo light de democracia de mercado.

En este punto Todd analiza las últimas intervenciones americanas, y concluye que se trata de conflictos creados por los norteamericanos con países débiles, con el fin de mostrar su músculo y, sobre todo, hacer creer que son la policía indispensable del mundo.

Todd se refiere a los casos de Irak, Corea del norte e Irán, definidos en su día como pertenecientes a un «eje del mal». Para Todd, el primero y el segundo son dos países gobernados por dos psicópatas pero insignificantes para el equilibrio mundial; en el caso de Irán se trata de una nación situada «claramente en el camino que lleva a la democracia», a pesar de los obstáculos de los «conservadores». Obsérvese el distinto tratamiento: los republicanos americanos son fundamentalistas cristianos, los ayatolas iraníes que hicieron una farsa de las ultimas elecciones al desautorizar a la gran mayoría de los candidatos de la lista «moderada» (islamista algo menos radical) son calificados de conservadores.

En concreto, para Todd el chivo expiatorio elegido por los EE UU para mostrar que el poder imperial no se les está escapando de las manos es el mundo islámico. Hay tres razones tras esa elección:

  • Es la civilización más débil militarmente.
  • Tiene unas grandes reservas de petróleo, «la gran obsesión norteamericana».
  • La repulsión que el feminismo anglosajón siente por la cultura machista árabe.

La primera de ellas es simplemente incorrecta, Africa o Suramérica son mucho más débiles. La segunda es cierta; así, se puede dudar razonablemente la que si Kuwait no tuviera petróleo EE UU hubiera intervenido para rechazar la invasión iraquí. Esto refutaría que la intervención tenga como finalidad mostrar el músculo, que es la tesis de Todd. Por eso este asegura que dado el grado de diversificación del suministro norteamericano de petróleo (los países del Golfo solo representan el 18% de las importaciones americanas), esa obsesión americana no se explica. Se pueden hacer varias objeciones:

  • EEUU importa mas petróleo de países cercanos (Canadá, Méjico, Venezuela) por los menores costes de transporte, pero el mercado hay que verlo como un todo. Si los países del Golfo fallaran, sus actuales clientes (Europa, China, India…) detraerían parte de esos suministros.
  • El petróleo no es un recurso mineral más. De él depende en gran medida el suministro energético mundial y el transporte. El aseguramiento del flujo ininterrumpido de petróleo es vital para las sociedades actuales. Una interrupción brusca puede paralizarlas.
  • La obsesión de Europa por el petróleo del Golfo es muy superior a la norteamericana, comprensiblemente, porque depende más directamente de ella. Sin embargo, la respuesta a esa dependencia ha sido muy diferente, como veremos.

Queda por analizar el tercer argumento, la repulsión que el feminismo anglosajón siente por la cultura machista árabe que Todd presenta con estas palabras: «El alejamiento ideológico del universalismo ha llevado a una intolerancia nueva en relación con el estatus de la mujer en el mundo musulmán.» Quizás leída deprisa la contradicción pase inadvertida: Es el universalismo el que hace que esa diferencia no solo de estatus social (es decir, de falta de estatus) sino también legal sea rechazada; el multiculturalismo de que antes se acusaba a los EEUU como opuesto al universalismo, permite aceptar ese estatus inferior como una particularidad. Y por descontado, la poligamia y el maltrato físico de las mujeres repugnan tanto a los europeos como a los norteamericanos, si no más.

2.5 Sin embargo, el mundo camina hacia la estabilidad, a pesar de lo que las noticias usuales nos hagan creer

Aunque la presentamos aquí, esta es la primera tesis que Todd desarrolla en su libro. Esta tesis contradice la que propone que el mundo se enfrenta a la tercera Yijad (utilizamos el término original para referirnos a la guerra santa como obligación codificada del buen musulmán; el debate sobre si debe dirigirse contra el mal en general o contra el infiel en particular no se trata aquí, aunque se advierte que no son incompatibles), y en particular a la evidencia de que el mundo islámico no tiene actualmente una frontera en paz. Mencionaré los países que tienen actualmente conflictos de frontera con el Islam, siguiendo a mas o menos el «caminar del sol»: Filipinas, Timor, Bali, Tailandia, India, Rusia, Israel, Líbano, Chipre, Sudan, Eritrea, Bosnia, Nigeria y España. No están todos, pero creo que son suficientes para concluir que el Islam está en guerra en todas sus fronteras civilizacionales, expresándolo conforme al modelo de Huntington. A pesar de ello se insiste en llamarla religión de la paz. De la lista falta América, que ha estado a salvo hasta ahora por expulsaron la expulsión de los musulmanes de la península ibérica y su taponamiento en el Mediterráneo. La maniobra de envolvimiento del Islam por los imperios hispánicos llegó al Extremo Oriente y se manifiesta actualmente en Filipinas y Timor.

Respecto de la primera tesis (el Islam se ha lanzado a la tercera Yijad), Todd no la menciona, quizás porque considera que su modelo explicativo, basado en la evolución de la tasa de nacimientos, la cancela: las guerras de frontera citadas se tratarían de una simple manifestación inofensiva típica de las crisis de transición. Respecto de la segunda (el Islam está en guerra en todas sus fronteras), Todd contradice las tesis de Huntington caricaturizando su modelo en vez de refutándolo:

  • La «viga maestra» sobre la que descansa la obra de «mampostería» de Huntington sería una dudosa clasificación de carácter religioso. No se podría calificar de confucianos u ortodoxos a los religiosamente indiferentes campesinos chinos o rusos. Sin embargo, la clasificación que hace Huntington no es religiosa sino cultural, aunque la religión sirva para darles nombre. Nos recuerda al siguiente chiste: –¿Musulmán o judío? –Ateo. –Sí, pero ¿ateo musulmán o ateo judío?
  • «La ‘teoría’ de Huntington es esencialmente gemela de la moderna Yijad. No es sino la imagen de la del ayatolla Jomeini, quien creía en un conflicto de civilizaciones.» Esto ha sido tratado ya en El Catoblepas (http://www.nodulo.org/ec/2002/n009p07.htm). Solo alguien que cuenta con la ignorancia del lector puede acusar a Huntington de promover el choque de civilizaciones. Precisamente su recomendación es la contraria: fortalecer internamente la Occidental evitando conflictos con la islámica. La acusación de Todd es, además de errónea, maliciosa y contradictoria. Después de negar los planes yijadistas del Islam, acusa de Huntington de reproducir el modelo de guerra de civilizaciones del Islam. ¿Cómo se puede acusar a quien quiere evitar esa confrontación de promoverla? ¿Cómo podría ser imagen de algo que se niega que exista?

El modelo alternativo de Todd, que explicaría la actual violencia transitoria y anecdótica del Islam, se basa en la universalidad de las tres fases de toda modernización:

  • Aumento de la tasa de alfabetización.
  • Revolución popular, y
  • Bajada de la tasa de nacimientos y estabilidad.

Para Todd, el mundo islámico está ahora en la delicada fase de transición hacia la estabilidad. Por eso al Qaeda puede considerarse simplemente como un grupo de «radicales», sin que quepa hablar de Yijad, sino de sobrerreacción. Entre los ejemplos que habrían seguido este modelo Todd cita Inglaterra, Francia, Rusia…

La reacción a la crisis que la modernidad trae provoca una reacción purista. Según él: «Hoy, el mundo arabo-islámico está dramatizando por última vez sus diferencias con Occidente, en especial las relacionadas con el estatus de la mujer.» No habría por qué preocuparse por tanto y la mejor respuesta sería tragarse los muertos. Así hablará de reacción histérica de EEUU y elogiará la decisión de los españoles tras el 11-M en el epílogo a la edición inglesa, cuyo final traduciremos posteriormente.

El aspecto que para Todd tendrá el estado estacionario es el de: «un mundo sin analfabetismo que ha llegado al equilibrio demográfico», que «tendría una tendencia a la paz que extendería la historia reciente de Europa al mundo entero» (pág. 56). «[Ese mundo] modelaría su forma política a partir de la actual ONU, en la que no se concedería ningún papel especial a EEUU.» (pág. 57). Suena como una propuesta de «fin de la historia».

¿Cuál es el mayor obstáculo al que se enfrenta ese desenlace de la historia? Por supuesto, los EEUU.

Repasemos esas palabras:

  • «… tendría una tendencia a la paz que extendería la historia reciente de Europa al mundo entero.» La historia reciente de Europa es la de dos guerras mundiales, las más mortíferas de la historia. Las democracias solo pudieron levantar cabeza porque EEUU las apoyó. Al final de la segunda de esas guerras Europa resultó partida en dos. De nuevo, las democracias europeas practicaron el apaciguamiento con su principal enemigo, que solo pudo ser derrotado cuando no pudo hacer frente al órdago americano, aunque Todd proponga que ya lo habría predicho con solo analizar las tasas de nacimiento y mortalidad infantil{4}. Por descontado, el autor del órdago fue demonizado ipso facto por los partidarios de «la distensión» como se llamaba entonces al «diálogo de civilizaciones»).
  • La historia recentísima de Europa incluye el desmembramiento de Yugoslavia, en cuyo desencadenamiento Alemania desempeñó el papel de factor necesario. Solo la resolución norteamericana pudo detener la escalada del conflicto, que no está aún resuelto{5}. De nuevo, con el Islam hemos topado.
  • La ONU actual es una institución que representa estados muy disímiles, pensar que renuncien al ejercicio de su soberanía, que no formen coaliciones intermedias (por ejemplo civilizacionales) y que Estados Unidos tenga en ella el mismo peso que, por ejemplo, Armenia, es una simple ingenuidad. Y por supuesto, no solo EEUU tiene un papel privilegiado en ella (derecho a veto), también Francia, con mucho menor motivo.

En fin, la historia reciente de Europa no puede ser presentada como garantía de paz.

No olvidar a Chamberlain y el Pacto franco alemán

2.6 Europa y Rusia están constituyéndose como un contrapoder que puede proporcionar la estabilidad que el mundo necesita en la actualidad

Todd dedica a este tema dos capítulos, uno al resurgir de Rusia como contrapeso al poder norteamericano; otro a la emancipación de Europa.

Rusia queda definida como un país universalista (que no exterminó a los indios de Siberia, advierte Todd) con una dotación de recursos suficiente para que nunca pase a ser un depredador de recursos naturales, dada su debilidad demográfica.

Que un país débil demográficamente pueda ejercer de contrapeso es muy difícil, y si esa debilidad es creciente es obvio que no va a poder ejercerse a largo plazo. Parece por tanto una propuesta contradictoria, pero no para Todd, que remata el capítulo con un epígrafe titulado precisamente «La debilidad como ventaja», un ejercicio más de sofismo dedicado a hacer fuerte el argumento débil. Las posibilidades de Rusia de ejercer un papel destacado necesitan de la coalición con otros. Y no parece claro quienes sean. Con el Islam queda descartado, a la vista del asunto checheno. Con Europa este mismo asunto ha mostrado la incompatibilidad de pareceres. Con China implicaría ceder el territorio siberiano…

A la «emancipación de Europa» se dedica otro capítulo. Esta «emancipación» solo puede entenderse respecto de una situación de servidumbre que tendría como origen «el rapto de Europa» por EEUU tras la Segunda Guerra Mundial (SGM). Según esta tesis, EEUU no habría liberado a Europa del fascismo y del comunismo, sino que habría aprovechado la guerra para someterla.

Esta proposición resulta curiosa. El hecho es que tras la SGM, la URSS trasladó plantas industriales alemanas a su territorio y Francia además de esto tuvo intenciones anexionistas. Solo en 1959 abandonó sus pretensiones sobre el Sarre, tras un referéndum que no dejó lugar a dudas sobre las preferencias de sus habitantes. Los anglosajones unieron pronto sus zonas y trataron de desnazificar Alemania y establecer una democracia de mercado (los planes de Morgenthau de hacer de Alemania una país meramente rural fueron pronto desechados). Con estos antecedentes, resulta improcedente hablar de «rapto de Europa», especialmente desde Francia{6}.

Para Todd, Europa se debate actualmente entre la integración imperial con EEUU y la independencia. La integración imperial estaría promovida por las oligarquías ultraliberales. Entre 1995 y 2000, Europa se liberalizó a la vez que dio un paso más en su proceso de unificación política. La primera acción está en la línea de la integración imperial con EEUU, la segunda se opone a ella. Todd afirma que la integración imperial con EEUU es improbable y que hay varias fuerzas que actuarán separándolos. Son las siguientes:

  • Culturales: Los principales valores de la cultura europea serían el agnosticismo, la paz y el equilibrio. Frente a Huntington, no existe un «Occidente», ya que esas diferencias han abierto una brecha cultural entre Europa y EEUU. Frente a una Norteamérica religiosa, Europa es agnóstica (aunque aun así –advierte Todd– sigue el mandamiento de no matarás mucho mejor: ha abolido la pena de muerte y tiene una tasa de homicidios mucho menor). Otra de las diferencias es el estatus de la mujer norteamericana, castradora y amenazante para los europeos como el hombre árabe es para las europeas. La mayor diferencia sin embargo procede de la forma en que se formaron ambas sociedades: la europea sobre la base de generaciones de campesinos pobres (feudalismo), la americana a partir de colonos derrochadores al no estar sometidos a recursos naturales escasos. La revolución liberal-capitalista y la Ilustración no parecen contar mucho en la configuración de Occidente para Todd, a pesar de ser un fenómeno exclusivo suyo.
  • Sociales: Los europeos se sienten amenazados por el modelo social norteamericano, excesivamente liberal, frente al modelo socialdemócrata europeo. Se trata de los modelos enfrentados del capitalismo renano y anglosajón y se propone que aunque este último está ganando la batalla ideológica, el primero ganará la económica, como las exportaciones muestran. El virus neoliberal del capitalismo anglosajón habría infectado a casi todos los países europeos y rodea actualmente a Alemania, que sería «el polo antifascista europeo», literalmente. Todd anuncia además que la desregulación económica disparará la extrema derecha en ambos países{7}. En fin, cualquiera que siga la coyuntura económica mundial sabe que al modelo renano le quedan dos presupuestos anuales, y no por la competencia del modelo anglosajón, sino de todo el mundo.
  • Económicas: La integración económica europea creará un espacio económico expansivo que quitará a EEUU el papel de «consumidor keynesiano» del que goza actualmente. Además, acercará a países actualmente aliados de EEUU. Todd cita al Reino Unido, Polonia y Turquía.
  • Relaciones pacíficas con el Islam y Rusia. Europa tiene con ellos una política opuesta a la de EEUU. En Rusia se provee de muchas materias primas y en el mundo musulmán de inmigrantes.

Sobre la base de estas tres diferencias, Todd prevé que Europa se mueva hacia una mayor integración interna, separándose de EEUU. Este movimiento estará liderado por tres países: Francia, Alemania y Reino Unido. La sintonía franco alemana es cada vez mayor, la participación británica no está tan clara.

Alemania se ha ido acercando a Francia progresivamente, tras el fracaso de sus pretensiones de constituirse en el corazón de Europa tras la reunificación. Todd propone que ha renunciado definitivamente a una política nacionalista. El comportamiento del Reino Unido solo puede conjeturarse y es posible que el país se enfrente a un dilema. Pero Todd asegura que si la mantequilla americana se enrancia serán los primeros en olérselo. De ello depende la definitiva separación de Europa de EEUU.

2.7 Conclusión

La conclusión necesaria de todo esto es que el mundo verá en un plazo no muy largo el desplome del poder norteamericano, que volverá a ser una nación entre tantas. No se consolidará su imperio, ya que no es lo suficientemente fuerte económica, militar ni ideológicamente.

Para constituirse en imperio, los EEUU necesitarían mantener bajo control sus dos protectorados: Europa y Japón y dejar a Rusia fuera de juego. Ninguna de las dos es posible, por lo que EEUU se ha embarcado en una exhibición de fuerza atacando al mundo árabe. Esto ha hecho que Europa, Japón y Rusia se alineen si no contra ella, frente a ella, lo que llevará a una situación de empate.

Todd prevé que se formen bloques económicos supranacionales similares a los civilizacionales. EEUU, una nación de economía muy flexible, se adaptará a esta situación sin grandes problemas. El mayor problema serán sus élites económicas y su poder militar.

Europa puede ayudar en gran medida, actuando como contraponer frente a EEUU y reforzando el papel desempeñado por la ONU. Es decir, sumándose a la política exterior francesa.

3. Valoración del libro

Aunque al exponer las tesis de Todd se han descartado ya algunas de sus propuestas, ahora se evalúa el libro en su conjunto. Los títulos de los diferentes puntos son nuestras conclusiones:

3.1 La exclusión de China y la India (o, si se quiere, de Asia) invalida el análisis de Todd y su tesis principal

La principal tesis de Todd es la propuesta de un «cuasi fin de la historia»: «un mundo sin analfabetismo que ha llegado al equilibrio demográfico tendría una tendencia a la paz que extendería la historia reciente de Europa al mundo entero.» «[Ese mundo] modelaría su forma política a partir de la actual ONU, en la que no se concedería ningún papel especial a EE UU.»

No puede darse por válido un modelo que excluya a dos de los principales actores del mundo, con influencia creciente además. En concreto Todd considera a China un «poder secundario» (minor power) comparable a Irán (pág. 193). Esta exclusión solo se entiende si Europa, Rusia y la ONU tuvieran fuerza suficiente para determinar la política china e india. No siendo el caso, esa exclusión sería suficiente para desestimar todo el libro por junto, sin entrar en mayores detalles. Si lo hacemos es por el interés que tiene como indicador de los objetivos política exterior francesa, que afecta muy directamente a España.

3.2 La falta notoria de conocimientos económicos de Todd invalida algunas de sus tesis y le lleva a caer en contradicciones

Entre las contradicciones están, como vimos, el «impuesto espontáneo» y la afirmación de que la globalización aumenta la desigualdad. A esta falta de conocimientos económicos añade la desconsideración de los mismos frente a los aspectos culturales y educativos, sus puntos fuertes. El acusa sin embargo a Fukuyama de lo contrario: «La relegación de los aspectos educativos y culturales hace de Fukuyama un hegeliano atípico, un hegeliano contaminado por la locura del determinismo económico de la intelectualidad americana.» (pág. 10.)

Listemos algunos de los errores de bulto consecuencia de esa ignorancia crasa y altiva:

  • «Como resultado [de la globalización y de la libertad de mercado] los salarios dejan de crecer o se desploman y la demanda global se estanca. Mas aun, el sistema tiende a introducir en cada sociedad el nivel de desigualdad que se da entre los ricos de los países más ricos y los pobres de los países más pobres.» (pág. 25). Esto no solo no es así, sino que además es contradictorio:
  • Los salarios dejan de crecer en los países con salarios más altos, pero crecen en los países con salarios más bajos, en los que se establecen las industrias. La desigualdad se reduce globalmente, por necesidad, aunque pueda aumentar en algunas naciones. En China, los salarios de las zonas donde están radicadas las industrias dedicadas a la exportación tiene salarios superiores y crecientes respecto de las otras.
  • La demanda global no se puede estancar como consecuencia de la globalización, porque la globalización no podría despegar si la demanda global se estanca. Nueva contradicción en los términos.
  • A mayor abundamiento, se habla de «globalización» para referirse a la creciente participación de Asia en el mercado mundial. Sin embargo, el resto del comercio mundial no recibe esa consideración; en particular las exportaciones europeas y japonesas a EEUU se toman como un derecho adquirido (aunque por otra parte se considera que las importaciones americanas tienen un carácter depredatorio): «Después de haberse beneficiado durante un corto período de tiempo del libre mercado, las dos principales potencias industriales, Japón y Alemania, están ahogándose por la escasa demanda global (…) Los trabajadores no pueden ser ya protegidos de las presiones de la globalización.» (pág. 180). Varios comentarios saltan a la vista:
  • Japón y Alemania no se han beneficiado del «libre comercio» durante un corto período de tiempo, sino desde siempre que ese libre comercio ha existido y ellas han querido participar. Alemania ha estado integrada siempre en el mercado más o menos libre de Occidente, en concreto una de las tácticas de la unificación de Alemania fue el arancel reducido, que excluyó al Imperio austríaco ya que no podía competir con este. Lo mismo ha sucedió en Japón: su apertura al comercio data del fin del shogunado y comienzo del período Meiji. Es decir, Japón y Alemania se han beneficiado del comercio mundial desde el último cuarto del siglo XIX.
  • La globalización es la extensión del mercado libre a todo el globo; no vale hablar de libre mercado cuando nos beneficia y de globalización cuando nos perjudica. Tampoco cabe hablar de «deslocalización» cuando Philips cierra una planta en Cataluña para instalar otra en Bratislava. No hay des-localización: la planta no sale del espacio tridimensional, ni siquiera de la superficie terrestre, ni siquiera del ámbito económico europeo, simplemente se instala en otro lugar.
  • Japón y Alemania no se pueden ahogar por la falta de demanda global consecuencia de la globalización (contradicción en los términos reincidente). Si se ahogaran sería porque no resultan competitivos en ese mercado libre y global en que nadie está obligado a comprar coches alemanes. Pero además, de hecho, en Japón y Alemania son las exportaciones –es decir, la demanda global– las que están salvando la coyuntura, sin ellas su recesión hubiera sido dramática.

3.3 Razonamiento sofístico

Se ha puesto de manifiesto al revisar las tesis del libro la forma resoluta con que Todd cae en contradicciones o hace fuerte el argumento débil. La ignorancia crasa de Todd además de económica es histórica. Así, afirma, impasible el ademán, que «No se puede reprochar a las democracias francesa y británica de 1933-1929 su naturaleza belicosa» (pág. 11). Ningún aficionado a la historia –no digamos historiador profesional– se atrevería a calificar de belicista la política del apaciguamiento de opereta en la que probablemente no creían ni sus protagonistas Chamberlain y Daladier.

Se le pagará con la misma moneda, y no en un asunto menor: se le dará la vuelta a la tesis principal de su libro. Propondremos que es precisamente Francia el país incapaz de llevar a cabo unas intenciones imperialistas desmedidas.

3.4 Inadecuada evaluación de la amenaza musulmana

Todd niega que estemos actualmente en la Tercera Yijad; al contrario, afirma que el mundo islámico se está estabilizando demográfica y culturalmente. Esta es la tesis con la que arranca su libro y que hemos calificado de extravagante. Aquí la refutamos.

Para empezar el carácter esencial de la guerra en el Islam ha sido puesto en evidencia por muchos arabistas, a cuya opinión me remito{8}. Pero además, la estabilización demográfica a que se refiere Todd, aunque innegable, es relativa, y sigue manteniendo la amenaza de desplazamiento demográfico en las zonas de frontera y en el mismo corazón de Europa. Un demógrafo como él debería saberlo, y no ocultarlo.

En consecuencia, la lentitud del proceso de ajuste demográfico implica que la presión demográfica musulmana continuará a corto y medio plazo, lo que seguirá probablemente provocando desplazamientos en zonas de menor potencia demográfica. No hay que descartar que en la segunda mitad de este siglo XXI el Islam llegue a una situación demográficamente cuasi estable. Sin embargo, será ya tarde para Europa, y sobre todo para España.

En particular, la probabilidad de que la población musulmana transforme lo que hasta ahora se ha entendido por «Europa» (Filosofía griega, Derecho romano, Religión cristiana, Revolución científica e Ilustración) en algo que ya no es eso y que ha sido rebautizado como «Eurabia»{9} parece ser altísima, si no inevitable. Esto pondría de manifiesto que la política veteroeuropea de oposición a los EEUU en su guerra contra el terrorismo islámico es una estrategia perdedora de necesidad.

3.5 Conclusión: Después del imperio o la paja en el ojo ajeno

Como hemos adelantado, proponemos dar la vuelta a la tesis principal del libro. No son los EEUU, sino Francia quien deberá pensar en modificar su política exterior una vez que comprobada la incapacidad de llevar a cabo unas intenciones imperialistas desmesuradas.

La propuesta de Todd presenta un modelo del mundo que hace comprensible la actual política exterior francesa y su determinación de seguir siendo un actor principal de la política internacional. Dado su decreciente poder económico y demográfico, Francia solo puede desempeñar ese papel indirectamente, a través de su influencia en la Unión Europea y en la ONU. Esta propuesta se relacionaría con el último intento de influir mundialmente de esa nación que siempre fracasó en sus repetidos intentos imperiales. Repasémoslos.

  • En el siglo XVI Francia fue desplazada de Italia por España. Ya entonces, fue aliada de los turcos contra el occidente cristiano, cuyo imperio principal era entonces la España de los Habsburgo.
  • En el siglo XVII se da una situación de equilibrio muy disputado que acaba en la paz de Münster. También Francia entonces se alía con la Protesta frente al imperio español. Tras la paz de Münster Francia pasa a ser el país más poderoso de Europa e intenta la expansión territorial. La guerra de Holanda tuvo como fin anexionarse las Provincias Unidas para eliminar la competencia industrial, y la de Secesión española tuvo como fin apropiarse del imperio español. Perdió ambas guerras.
  • En el siglo XVIII la guerra de los Siete Años, en la que Francia se une a Austria contra Prusia, le hará perder las colonias ultramarinas: Canadá, la India y Africa Occidental en favor de Inglaterra. Francia perdería aquí la posibilidad de un imperio comercial marítimo.
  • En el siglo XIX el imperio napoleónico se extiende por toda la Europa continental, pero resultará efímero y no llegaría a alcanzar el grado de pacificación necesario para establecerse. En la segunda mitad del siglo Francia conseguirá áreas coloniales en Africa e Indochina.
  • En el siglo XX, tras la segunda guerra mundial, a pesar de tener una participación simbólica, Francia intentará anexionarse los territorios alemanes situados al suroeste del Rin, y no cederá el Sarre hasta 1959. Asimismo, los procesos de descolonización de las posesiones francesas (Vietnam, Argelia) estarán entre los más sangrientos.

En la segunda mitad del siglo XX el imperialismo francés mudaría de estrategia. Ya en 1945 Kojeve proponía que Francia debería construir un Imperio Latino mediante la «unión imperial de estados relacionados». Muy pronto se incorporaría a la administración francesa, desde la que tendría un papel relevante en el establecimiento del Mercado Común Europeo.

El libro de Todd refleja y apoya la continuación de esa política exterior francesa, cuyos objetivos actuales son:

  • El control de la Unión Europea
  • El alejamiento de los Estados Unidos
  • La sintonía con Rusia, China y la ONU.
  • El acercamiento al mundo musulmán

Mediante estas cuatro políticas Francia está intentando ejercer una solapada influencia de carácter cuasi imperial. Pero si analizamos su capacidad para llevarlas a buen término veremos que la fragilidad es muy superior a la del imperio norteamericano:

  • El control de la Unión Europea le resulta cada vez más difícil con la incorporación de los países del Este, sobre los que Francia no influye ni cultural, ni económicamente.
  • El alejamiento de los EEUU solo tiene sentido si consigue arrastrar a la Unión Europea. Aunque la alianza con Alemania (a la que se ha unido España) haya permitido dar esa apariencia, es muy difícil que ese alejamiento pueda ir más allá del actual.
  • La sintonía con Rusia, China y la ONU trata de simular la propia debilidad haciendo de la necesidad virtud.
  • El acercamiento al mundo musulmán por parte de Francia y de Europa es un asunto que merece mayor detenimiento. Trataremos de ello en el siguiente punto, dedicado a las consecuencias para España de las propuestas de Todd.

Este declinar de la influencia francesa ha sido recientemente retratado en diversos libros, como La France que tombe (La caída de Francia), de Nicolas Baverez.

En fin, se concluye que las ambiciones imperiales de Francia y su incapacidad para llevarlas a cabo, son mucho más llamativas y fundadas que las de los EEUU. Por eso consideramos que la acusación de Todd respecto de los EEUU es un ejercicio de aprendiz de sofista fácil de volver contra el.

Proyección de la situación de la pennsula ibérica en 2012 tal como van las cosas

4. España y las propuestas de Todd

Como indicado al principio, fue la adición a la edición inglesa, rematada con un epígrafe titulado «La lección española», lo que nos ha llevado a realizar la presente reseña del libro. Por lo demás, este contiene muy pocas referencias a España. En la revista que se pasa a los imperios que en el mundo han sido no parece merecer mención. Las únicas alusiones aparecen (i) en la página 110, para referirse a los matrimonios interraciales de los emigrantes hispanos en Norteamérica, quienes habrían heredado el “pensamiento universalista español”, frente al diferencialista de los anglosajones, y (ii) en la página 179, en la que se advierte que el recuerdo de los regímenes fascistas (sic) de Franco y Salazar ha hecho que en nuestra nación y en la hermana Portugal no se hayan desarrollado los partidos de extrema derecha.

Sin embargo el epílogo añadido a la edición inglesa acaba con estos dos párrafos (la traducción es nuestra):

«Me gustaría rematar con una nota más feliz. La retirada de España de Irak es esperanzadora. La querencia de Bush por la guerra podría haber producido, quizás tenía intención de producir, un círculo vicioso de violencia creciente y mas extensa cada vez. En cuanto españoles, italianos, japoneses, británicos y el resto del mundo fueran atacados, sus poblaciones sucumbirían a la lógica de la guerra infinita. Cuando los terroristas atacaron Madrid el 11 de marzo de 2004 nadie sabía cómo reaccionaría el pueblo español. Los españoles podrían haber dado por buena la gran mentira, la idea de que la invasión iraquí tenía la intención de reducir la amenaza terrorista. La reacción española podría haber hecho surgir el odio racial y un alineamiento más próximo a los EEUU. Es tan fácil olvidar las razones iniciales de la guerra (en este caso concreto la falta de razones), y acabar atrapado en el círculo vicioso de violencia primitiva. Quizás el ejemplo perfecto fuera la primera Guerra Mundial. Surgió de la persecución racional de intereses nacionales, pero se volvió pronto un baño de sangre sin sentido. Las naciones europeas siguieron luchando durante años aun después de ir perdiendo todos.»

«En España sucedió lo contrario. Los votantes se deshicieron de Aznar (sic); Zapatero retiró las tropas de Irak y quizás eso sea suficiente para romper el ciclo de creciente violencia que muchos esperaban, y algunos deseaban. Quizás le debamos a los españoles mucho más de lo que sabemos, porque, usando por un momento la retórica de Bush, su voto, su decisión, fue verdaderamente una victoria del bien sobre el mal.»

El análisis queda refutado de un plumazo por el intento conocido recientemente de causar una nueva sarracina{10} en el centro de Madrid. En cualquier caso, es especialmente urgente y necesario poner de manifiesto las razones de esa política ciega de apaciguamiento frente al Islam practicada por Europa, con Francia a la cabeza, que tanto recuerda la practicada por Chamberlain y Daladier con el nazismo alemán hace 70 años. La explicación es sencillísima, sin embargo causa extrañeza y desazón la ignorancia de la misma en que se mantiene al pueblo soberano.

En 1973, los árabes deciden utilizar el petróleo como arma para detener a Israel, que derrotaba al cuarto intento de sus vecinos Egipto y Siria (Jordania había perdido ya la esperanza) «de echar los judíos al mar». Fue la guerra del Yon Kippur, por el día de la festividad judía en que se desencadenó (imaginemos el impacto de un ataque de Marruecos a Melilla en la tarde de Nochebuena). La suerte de la guerra cambió pronto a favor de Israel, por lo que la OPEP salió al quite subiendo el precio del petróleo y racionándolo. Este artículo da más detalles, El pozo envenenado, de F. Ajami en The Economist, pero traducido en Nueva Economía del diario El Mundo (www.elmundo.es/ nuevaeconomia/2003/192/1066660957.html):

«En el momento en que la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) desenfundó el arma del petróleo, hace hoy 30 años, cambió el curso de la batalla. Israel había retomado la iniciativa; sus soldados habían cruzado a la orilla occidental del Canal de Suez y tenían Damasco al alcance de su artillería. Fue entonces, al borde ya de otro desastre más para los árabes, cuando el monarca saudí, el rey Faisal, rompió con sus protectores norteamericanos y dio comienzo al ataque frontal a los fundamentos del orden internacional surgido de la Segunda Guerra Mundial.
El 17 de octubre de 1973, la OPEP subió el precio del crudo de tres dólares por barril a más de cinco dólares; un día más tarde, redujo la producción mensual en un 5%; tres días después, impuso un embargo a las exportaciones de petróleo a EEUU. A continuación, el Sah de Irán dio la campanada con una auténtica rebelión. En Teherán se aseguraba el consentimiento de las demás naciones productoras de petróleo para otra subida de los precios, hasta los 11,65 dólares por barril.»

La reacción de los países europeos es tan reveladora como poco conocida. Queda perfectamente retratada en el siguiente texto, de Pere Bonnin, tomado de la bitácora de Arcadi Espada, http://www.arcadi.espasa.com/000274.html, comentario 5 del día 2 de setiembre:

En 1973 los países árabes decidieron utilizar el petróleo como arma política en el conflicto de Oriente Medio a través de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo, que incluía también a Venezuela). Los países democráticos europeos (Francia, La República Federal de Alemania e Italia principalmente) tomaron la iniciativa negociando directamente con los países productores unas cuotas mínimas anuales de suministro, al margen de las empresas privadas. De ahí surgió el llamado Diálogo Euro-árabe, cuya estructura fue establecida en la conferencias de Copenhague (15 de diciembre de 1973) y de París (31 de julio de 1974). Su objetivo era forjar una política euro-árabe compartida por los nueve países miembros de la Comunidad Económica Europea (CEE) y cimentar una alianza con los países de la Liga Árabe en una política común antiamericana y anti-israelí.
A cambio del suministro de petróleo, los árabes exigían a Europa: 1. Alineamiento con su política anti-israelí y pro-árabe en Palestina. 2. Modernización de sus respectivos países. 3. Acceso a la ciencia y tecnología accidental. 4. Política europea independiente de los Estados Unidos y separación de los dos bloques (el capitalista liderado EEUU y el comunista dirigido por la URSS). 5. Medidas favorables a la inmigración árabe y la propagación de la cultura árabe e islámica en Europa.
Estos cinco puntos fueron confirmados en 1977 por la Declaración de los Nueve en Londres y luego en la ONU, Nueva York, por Henri Simonet, presidente en ejercicio del Consejo de Europa. En 1980 fueron ratificados de nuevo mediante la Declaración de Venecia.

La inmigración musulmana y el antiamericanismo europeo no son fenómenos espontáneos, sino premeditados y acordados. Europa quiere petróleo y los árabes la expansión del Islam, de la que España será trampolín.

Y en esas estamos. Esta claudicación de Europa ante el Islam pasa inadvertida a la opinión pública europea ensordecida con el ruido de los lamentos del «conflicto palestino». Pero es en España donde contradictoriamente este ruido resulta más estrepitoso y suicida. A nadie se le oculta que no solo somos un país de frontera con el Islam, sino el único que ha conseguido desarraigarlo de su territorio. Esto nos pone en primera línea de fuego, a poca distancia de Israel. De hecho somos el único país europeo masivamente atacado hasta el momento por el terrorismo islámico con sus métodos usuales y el país en que más terroristas islámicos han sido detenidos desde el 11S, a pesar de que otros tienen mayores poblaciones musulmanas. También fue en nuestro país donde se realizó una de las reuniones previas al ataque a las Torres Gemelas.

Nada de esto parece influir sobre la nula percepción de la amenaza musulmana por el público español, hipnotizado por una historiografía empeñada en asentar los mitos de la convivencia de las tres culturas, la tolerancia islámica y exigir la autoflagelación por la expulsión de judíos y moriscos, los 3000 muertos de la inquisición y el genocidio de los indígenas americanos.

Sería realmente curioso que la final España fuera el trampolín de la islamización de Europa. «A la tercera va la vencida», afirma el refrán. ¿A la tercera Yijad? La primera (siglos VII y VIII) se llevó al reino visigodo de España por delante. Solo la determinación de los cristianos pudo expulsar al Islam por donde llegó. La tarea necesitó de muchos siglos, durante los que España luchó contra la civilización mas avanzada del mundo. La segunda Yijad (siglos XV y XVI) fue oportunamente detenida por el Imperio español. En esta tercera Yijad España ha empezado cambiando la oposición por la sumisión. Esta política solo puede traer problemas a un país que, como tierra de la que se expulsó al Islam, es ya objeto de las aspiraciones musulmanas y puede convertirse en pieza de cambio las políticas de apaciguamiento europeas.

Notas

{1} Según Todd del «establishment universitario americano» (pág. 90) que no se atrevería a mostrar el desacuerdo para no arruinar su carrera… La existencia de casos como Chomsky, Krugman… desmiente esta acusación.

{2} Ver por ejemplo: Primo Europa, Sefarad…

{3} Todd continúa afirmando que el lobby de los judíos americanos se debe a su nerviosismo, consecuencia de esa movilidad de la línea divisoria de los americanos entre el ellos y el nosotros, ya que se temen la retirada del apoyo por el corrimiento de la línea. Introduce el testimonio personal de un familiar suyo, judío americano que compara la cuestión racial americana con la de la Viena nazi. Todd afirma que no ha observado ese tipo de nerviosismo en sus familiares judíos en Francia. Sin embargo el 22 de agosto de 2004 fue noticia el incendio provocado de un centro social judío parisino. Y es solo el caso más llamativo, estos ataques llevan varios años en aumento.

{4} Puestos a buscar antecedentes, Kojève ya lo hizo en 1945. Y también prestó servicios directos a la política de Francia para la configuración de una Europa afrancesada (P. Anderson, Los fines de la historia, Anagrama, Barcelona 1996, págs. 78-79):

En 1945 ya había desarrollado un programa alternativo [al Imperios Socialista, con el cual finalizaría la historia]. En un memorándum sobre la Francia de la postguerra argumentaba que, si bien la nación-estado resultaba ya anticuada, el Estado universal no se había desarrollado aún. En estas circunstancias en que el internacionalismo socialista y el antiestatismo liberal parecían igualmente impotentes, se mostraba como única estructura efectiva una forma intermedia: la «unión imperial de estados relacionados». (…) Si Francia pretendía superar su debilidad como nación-estado, que tan fatalmente había revelado en 1940, debería tomar el mismo rumbo que el Reino Unido y la URSS. Su tarea era la construcción de un Imperio Latino, con base en el Mediterráneo, que abarcase a España e Italia, para contrapesar el bloque anglosajón y soviético, los cuales en caso contrario dominaría Europa.

{5} Hemos sabido recientemente que Alija Izbegovich, presentado de forma unánime por la prensa occidental como el político moderado partidario de una bosnia multiétnica, era un musulmán fundamentalista que proponía introducir la sharia en Bosnia.

{6} El proceder revanchista de Francia (que capituló vergonzantemente ante Alemania y colaboró hasta la complicidad) se pone de manifiesto en este texto de Internet http://www.pantel-web.de/bw_mirror/history/bw328_e.htm, del que traducimos dos párrafos:

Los residentes de Stuttgart y alrededores experimentaron la ocupación de Francia y Norteamérica y pudieron comparar. La francesa (21 de abril a 7 de julio de 1945) extendió el desasosiego y el terror, con la violación de mujeres por las tropas coloniales (Legión extranjera), retención de alimentos, expropiación de máquinas y deforestación. Los americanos fueron mirados como liberadores aunque no era su intención al principio desempeñar ese papel. En cualquier caso, se comportaron mejor que los franceses y se dedicaron a trabajar en la administración y denazificación. Se aprestaron a hacer llegar suministros a la población.

{7} Lo ha hecho ya en la Alemania ex-comunista recientemente, aunque también ha disparado a la extrema izquierda.

{8} La centralidad de la Yijad en el Islam, Lawrence Auster (The centrality of Jihad in Islam, by Lawrence Auster): http://www.frontpagemag.com/ Articles/ReadArticle.asp?ID=14744

{9} Eurabia: http://www.frontpagemag.com/Articles/ReadArticle.asp?ID=15044

{10} No nos consta que se haya utilizado esta palabra en los medios de comunicación españoles para referirse a la matanza del 11 M. Esperemos que la RAE no la esconda, como los bragados canónigos compostelanos han hecho con su Santiago Matamoros.

Extraído de: http://www.nodulo.org/ec/2005/n035p20.htm


One Comment on “Europa quiere petróleo y los árabes la expansión del Islam, de la que España será trampolín”

  1. Carlos dice:

    Escalofriante artículo, sobre todo la conclusión final en lo que respecta a España, eso de que podamos ser una moneda de cambio del Islam para que los alemanes y los franceses hagan su negocio. Pero no estoy de acuerdo con esta frase que utiliza el autor en la parte final “somos el único país europeo masivamente atacado hasta el momento por el terrorismo islámico con sus métodos usuales”, si se refiere al 11M no está nada claro que fuera terrorismo islámico el responsable. Yo he seguido de cerca el 11M (como simple aficionado) y, aunque todavía faltan pruebas que sean incontestables, creo que el 11M va por otros derroteros, sólo hay que fijarse en la ridícula sentencia del juicio.


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