El Dalai Lama y sus monjes neofeudales

Dalai Lama y el Emperador Bush IIPor si alguien duda de lo que sea el neofeudalismo, aquí tiene la constatación empírica y positiva de lo que es: el Dalai Lama y toda su trupe de defensores no son más que un sanedrín de esclavistas amparados en el oscurantismo religioso. Algo tendrán de terrorífico cuando desde diversos medios se unen a coro par cantar las maldades del gobierno comunista chino: la COPE, la CONFERENCIA ESPISCOPAL, el GRUPO PRISA, y un largo -larguísimo- etcétera de sicofantes que sólo hablan de lo malo que es el PCCh y lo bondadoso y religioso que es el fraile supremo Lama. Callan cual basura mediática las intenciones funestas del archimandrita Lama aupado internacionalmente por artistillas del cine, empresarios, y demás fauna variada.Cuando el Dalai Lama estaba en el poder, 95% de los tibetanos podían ser vendidos como mercancías
Zang Yanping
 
Cuando el Dalai Lama y la clase de los propietarios estaban en el poder en Tibet, 95% de la población eran ciervos feudales, sin ningún derecho humano. Podían ser vendidos como mercancías. Eran frecuentemente insultados y abatidos o incluso debían enfrentarse a castigos de una violencia excepcional: por ejemplo, se les arrancaba los ojos, se les cortaba la lengua o las orejas, las manos o los pies, se les arrancaba los tendones, a no ser que se les ahogase o que se les empujase al vacío desde la cima de un acantilado. Estaba prohibido salir de su clase social.
 
Título original: La « democracia », el adorno engañoso del Dalai-Lama
14 de noviembre de 2007A fin de otorgar al 14º Dalai-Lama una apariencia de respectabilidad, su banda lo presenta, a él, la antigua figura principal de la servitud feudal de estructura sociopolítica teocrática, como un “representante de la democracia”, pretendiendo que “la democracia a sido siempre su ideal” y que “ promociona la democracia entre los tibetanos en el exilio”. Todo el mundo sabe que la sociedad humana pasa por tres fases de evolución: teocracia, monarquía y derechos cívicos. Es simplemente ridículo, como mínimo extraño, definir al Dalai-Lama, este símbolo vivo de la teocracia, como un “combatiente de la democracia”.¿Qué ocurrió realmente en el Tibet, antes de 1959, cuando era gobernado por este Dalai-Lama que pretende que la democracia es su ideal? Antes de 1959, las tierras y los habitantes del Tibet no eran más que feudos de las instituciones de los gobiernos, monasterios y nobles tibetanos locales, es decir, las tres categorías principales de propietarios que apoyaban la servitud feudal tibetana. Constituían menos del 5% de la población total del Tibet. Estas tres categorías principales de propietarios poseían prácticamente la totalidad de las tierras cosechables, de las llanuras, de los bosques, de las montañas, de los recursos acuíferos y del ganado. No sólo estaban habilitados para explotar a sus siervos de manera vampírica, sino que también ejercían un poder de dominio.Los siervos y los esclavos, que representaban el 95% de la población del Tibet, no disponían de ningún derecho fundamental del hombre y no tenían ninguna libertad. Desde su nacimiento, los siervos pertenecían a un propietario. Su existencia, su muerte y su matrimonio dependían de la voluntad de su propietario. Tratados como ganado, los siervos podían ser vendidos, comprados, transferidos, propuestos como dote, ofrecidos a título de gracia por otros propietarios de siervos, utilizados para apurar deudas o intercambiados por otros siervos. Afín de proteger sus propios intereses, los propietarios feudales de siervos mantenían un sistema social jerárquico y estricto a la vez que ejercían un poder cruel. Los Códigos trece y dieciséis, que fueron utilizados hasta finales de los cincuenta, estipulaban claramente el precio de la vida de las diversas categorías sociales ( que iba desde personas que no valían mas que un vulgar cordaje de paja a otras que valían más caras que el oro). Los gobiernos locales estaban dotados de tribunales y de cárceles, y los grandes monasterios, al igual que los nobles, tenían también su propias prisiones. Bajo esta dictadura cruel, los siervos que osaban rebelarse eran perseguidos según la voluntad de sus señores.Frecuentemente, eran insultados y abatidos o debían afrontar incluso castigos de una destacada violencia: por ejemplo, se les arrancaban los ojos, se les cortaba la lengua o las orejas, las manos o los pies, se les arrancaban los tendones, a no ser fuesen ahogados o que hechas al vacío desde la cima de un acantilado. Las tres principales ordenes de propietarios obligaban a los siervos a realizar toda una serie de tareas y a pagar un alquiler, les explotaban practicando el desgaste. Los siervos no sólo tenían que garantizar las faenas para las distintas instituciones de los gobiernos locales, los funcionarios y el ejército, sino que además debían trabajar sin recibir ningún salario en el mantenimiento de las cosechas y del ganado en beneficio de sus señores, a la vez que pagaban diversos impuestos. Algunos debían también pagar impuestos y realizar tareas en beneficio de los monasterios.

Estadísticas han demostrado que los impuestos recolectados por los gobiernos locales del Tibet estaban clasificados en más de doscientas categorías y que los trabajos asumidos por los siervos al servicio de las tres órdenes principales de propietarios representaba más del 50% de su trabajo, alcanzando incluso al 70 y 80% en algunos lugares. Antes de la reforma democrática, la suma total del desgaste del Tibet era dos veces más elevado que el de la producción total de siervos. Los tres ordenes de propietarios que dirigían el antiguo Tibet vivían principalmente en las aglomeraciones o en las ciudades como Lhassa. Estaban estrechamente ligadas por intereses comunes. Sus miembros – los funcionarios, los nobles y los monjes superiores de los monasterios – cambiaban a veces de rol para formar las bandas dirigentes poderosas o para decidir los matrimonios entre clanes del mismo rango social con el objetivo de consolidar sus alianzas.

También observaban una regla estricta que estipulaba que las personas de rango elevado debían ser tratados de manera diferente, lo que, tanto en el ámbito ético como en la realidad, consolidaba los privilegios y los intereses de los propietarios de los siervos. Los descendientes de los nobles seguían siendo nobles hasta el final de sus días, pero los siervos, que constituían la mayor parte de la población tibetana, no podían nunca salir de su miserable condición política, económica y social. El elevado grado de concentración de poder y la imposibilidad de pasar de una clase social a otra, iban a llevar directamente a la corrupción y a la degeneración de la case dirigente así como a la estancación y a la decadencia del conjunto del sistema social.

« La integración de la política y de la religión » constituían el fundamento de la servitud feudal del Tibet. Bajo un tal sistema, la religión no era sólo una creencia espiritual sino también una entidad política y económica. En los monasterios, que también se beneficiaban de los privilegios feudales, también existía opresión y explotación. El despotismo cultural reinante bajo esta estructura sociopolítica teocrática no permitía que le pueblo pudiese escoger su propia creencia religiosa, impidiendo una verdadera libertad religiosa. Los siervos no tenían ningún derecho humano, ni siquiera el más elemental, y vivían en la indigencia más extrema. Una décima parte de los jóvenes tibetanos entraban en el monasterio para convertirse en monjes. Al ser impedidos de la producción material y de la reproducción humana, los mojes llevaron esta región a una depresión económica y al declive de la población del Tibet. Con este avasallamiento espiritual y la promesa de la beatitud en una vida ulterior, el grupo privilegiado de monjes y de nobles no sólo privaba a los siervos de su libertad física, sino también de su libertad espiritual.

El Dalai Lama, en esa época principal representante de la servitud feudal tibetana y jefe del gobierno local tibetano, nunca se estorbó de “democracia” o de “derechos humanos”. De hecho, es por el temor a las reformas democráticas que el 14º Dalai Lama y su banda en el poder desencadenaron la rebelión armada en 1959 y ganaron el exilio tras su fracaso. Tras su fuga en el extranjero, la banda del Dalai-Lama siempre mantuvo el marco político de base de la integración de la política y la religión. Según lo que llama “constitución” tibetana, el Dalai-Lama, en tanto que principal figura religiosa, no sólo ejerce la función de “Jefe de Estado y de Gobierno”, sino que también beneficia del poder último de decisión sobre todas las principales cuestiones a las que se ve confrontado su “Gobierno en el exilio”.

Un interesante fenómeno, es que los hermanos y las hermanas del 14º Dalai-Lama han ocupado sucesivamente puestos claves de este “Gobierno en el exilio”, dirigido por su hermano, encargándose así de los departamentos más importantes. Cinco miembros de la familia del Dalai-Lama han sido « bkha’ blon superiores » o « bkha’ blon » (funcionarios de muy alto rango de los gobiernos tibetanos locales del antiguo régimen). La familia del Dalai-Lama y varios familiares controlan el poder político, económico, educacional y militar del “Gobierno en el exilio”, así como sus principales circuitos financieros. Parece ser que, estos últimos años, empiezan a seguir los ejemplos occidentales organizando “elecciones democráticas” y adoptando “la separación de poderes” pero, en realidad, el Dalai-Lama siempre tiene la última palabra, su “Gobierno en el exilio” está todavía estrechamente ligado a la religión y a la función del « bkha’ blon supérieur » que sólo puede ser ejercido por monjes. Poco importa pues la manera en la que la banda del Dalai-Lama se dote de ornamentos democráticos porque, en realidad, constituye todavía una estructura política teocrática y una coalición de monjes y nobles de rango superior.

¿Es posible la “democracia” bajo el poder de una estructura política teocrática formada por monjes y nobles? Hace tiempo que el Tibet y otros elementos de la comunidad tibetana en China han realizado la separación entre política y religión, llevando a cabo reformas democráticas e implantando gobiernos regionales autónomos, comprometidos con la construcción política y democrática del socialismo. Contrastándolo con esta realidad, el discurso vacío sobre la democracia que nos presenta el DalaiLama y sus partidarios internacionales sólo constituye la apariencia barata que exhibe para abusar del público.

Xinhua News Agency (China Daily, 14 novembre 2007, p. 10)

Extraido:

http://www.michelcollon.info/articles.php?dateaccess=2008-03-20%2020:34:29&log=invites


6 comentarios on “El Dalai Lama y sus monjes neofeudales”

  1. rafael dice:

    ¡ excelente artículo de MICHEL COLLON|, gracias Santiago pòr ponerlo. Es vomitivo el tratamiento que la prensa de EL PAIS, CUATRO- con la gilipollas esa de hache-, etc, están dando del tema. el DALAI LAMA, tuvo ademas como asesores a conocidos nazis y actualmente a agentes de la CIA y de los servicios secretos alemanes.

  2. Hola Rafael:

    Pero el artículo no lo he colgado yo, sino José Ramón Esquinas.

  3. Turkarev dice:

    Lo subí yo, pero no importata vamos. Entiendo que el alago es general para Izquierda Hispánica. Lo recoge Michel Colloni y es de Zang Yanping para la agencias China de prensa. Es cierto Rafael que todos los medios están directamente mintiendo sobre la situación China y presentando al Dalai Lama como una especie de pacifista perseguido por los pérfidos comunsitas chinos.

    Da que pensar que la derecha española esté contra el PNV y no contra el Dalai Lama. De la izquierda indefinida ya nos lo esperámbamos, aunque tengo que reconocer que el PCE en esto no está siguiendo los delirios izquierdistas de algunos que ven en el Tibet una nación oprimida.

    Salud

  4. Carlos dice:

    Y es curioso, EEUU y Francia apoyan la secesión del Tibet igual que la de Kósovo, está clara la política de dividir territorios.

  5. rafael dice:

    ¡sicompañeros,hasta los ultraizquierdistas de rebelión.org se han dado cuenta¡¡ milagro!!) y han publicado 2 articulos interesantes,uno del comunistoide jose antonio egido.

  6. Chino chano dice:

    Dicen en el catoblepas que “la sexta generación de la izquierda debe aprestarse a ahorcar de las tripas de la última reencarnación del Buda al último creyente supersticioso chino o prepararse para que el Pueblo se disuelva en agua bendita democrática”.

    Y es que es muy fuerte que el partido comunista chino tenga regulado cómo reconocer a las reencarnaciones de los budas:

    http://www.nodulo.org/ec/2008/n073p20.htm

    La religión y la estupidez lo invaden y lo corrompen todo.


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